7 diciembre, 2014
CREDITO FOTOGRAFO
CREDITO FOTOGRAFO

La Nación de Argentina/GDA

Roma. “Dios es bueno conmigo; me da una sana dosis de inconciencia. Voy haciendo lo que tengo que hacer”. “Una cosa que me dije desde el primer momento fue: ‘Jorge, no cambies, seguí siendo el mismo porque cambiar a tu edad es hacer el ridículo’”.

Son algunas de las frases que, a punto de cumplir 21 meses de pontificado, y con la espontaneidad de siempre, el papa Francisco pronunció en una entrevista exclusiva con el diario La Nación de Argentina.

El exarzobispo de Buenos Aires, que el 17 de diciembre cumplirá 78 años, dijo que la reforma de la curia romana en curso no estará lista el año próximo, como se especulaba. Admitó, por otra parte, que “falta mucho todavía” para terminar el trabajo de limpieza emprendido en el Vaticano y habló con gran naturalidad de las resistencias que enfrenta, que no le preocupan.

“La resistencia ahora se evidencia, pero para mí es un buen signo que las ventilen, que no las digan a escondidas cuando uno no está de acuerdo. Es sano ventilar las cosas, es muy sano”, aseguró, en una entrevista de 50 minutos que tuvo lugar el jueves último en la Casa de Santa Marta, en el Vaticano, su hogar desde que fue elegido al trono de Pedro el 13 de marzo de 2013.

Accesible, de buen humor y relajado, Francisco no eludió temas candentes, como las controversias que rodearon el último sínodo extraordinario de obispos, de octubre pasado, sobre la familia, que dejó a la luz divisiones en cuanto a cómo enfrentar desafíos como el de los católicos divorciados vueltos a casar, que se animó a definir como “excomulgados de hecho”.

“El cardenal alemán Wálter Kasper (favorable a una apertura hacia los divorciados) lo que hizo fue decir ‘busquemos hipótesis’, es decir, él abrió el campo. Y algunos se asustaron”, explicó.

Nada ha cambiado aún. Para tranquilizar a esos sectores que creen que el sínodo creó confusión, el Papa también recordó que el sínodo “es un proceso” y que “no se tocó ningún punto de la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio”.

Francisco concedió la entrevista exclusiva a La Nación en vísperas de un cita clave: la fiesta de la Virgen de Guadalupe, patrona de América latina, el viernes.

Hablando del aluvión de argentinos que viajan a Roma para sacarse la foto con él, confirmó que, en vista de las elecciones del año próximo, decidió no recibir más en privado a políticos, sino tan solo al término de las audiencias generales de los miércoles en la Plaza de San Pedro.

“La Argentina tiene que llegar al término del mandato en paz. Una ruptura del sistema democrático, de la Constitución, en este momento sería un error. Todos tienen que colaborar en eso y elegir luego las nuevas autoridades. Para no interferir con eso, no recibo más a políticos en audiencia privada”, dijo.

Además, confirmó que en el 2016 pretende viajar a Argentina y en el 2015 a otros tres países de América latina –que prefirió no mencionar–, y, por primera vez, al continente africano.

El sínodo extraordinario de obispos sobre la familia dejó en evidencia dos visiones de Iglesia, con un sector abierto al debate y otro que no quiere saber nada. ¿Es así? ¿Usted qué piensa?

No diría que la cosa es tan así... Es verdad, uno simplificando podría decir que había unos más de este lado, o más del otro, pero en un plano de búsqueda de la verdad. Usted me puede preguntar ‘¿ hay algunos que son completamente tercos en sus posturas?’. Y, sí, alguno habrá. Pero eso no me preocupa. Es cuestión de rezar para que los convierta el Espíritu, si es que hay algunos de esos.

”Lo que sí se sintió fue una búsqueda fraternal de cómo enfrentar problemas pastorales de la familia. La familia está recontra baqueteada (maltratada), los jóvenes no se casan. ¿Qué pasa?

”Después, cuando vienen a casarse, que ya están conviviendo, creemos que con tres conferencias los preparamos para el matrimonio. Y eso no basta porque la gran mayoría no son conscientes de lo que significa el comprometerse para toda la vida”.

”Benedicto lo dijo dos veces en el último año, que habría que tener en cuenta para la nulidad matrimonial qué fe tuvo esa persona cuando se casó. Si era una fe general, pero sabía perfectamente lo que era el matrimonio, como para conferírselo a la otra persona. Y eso es una cosa que debemos estudiar a fondo”.

Los sectores conservadores, sobre todo de Estados Unidos, temen un desmoronamiento de la doctrina tradicional de la Iglesia. Dicen que el sínodo creó confusión porque si bien habló de “elementos positivos” en convivencias y en las parejas homosexuales en el borrador, luego hubo marcha atrás...

El sínodo fue un proceso y así como la opinión de un padre sinodal, es de un padre sinodal, así también, un primer borrador, era un primer borrador, donde se recogía todo. Nadie habló de matrimonio homosexual en el sínodo.

“Lo que sí hablamos es de la familia que tiene un hijo o una hija homosexual, de cómo lo educa, cómo lo lleva, cómo se ayuda a esa familia a llevar adelante esta situación un poco inédita. O sea que en el sínodo se habló de la familia y de las personas homosexuales en relación a sus familias, porque es una realidad que a todo rato encontramos en los confesionarios: un padre y una madre que tiene un hijo o hija así.

“A mí me tocó varias veces en Buenos Aires. Y bueno, hay que ver cómo ayudar a ese padre o a esa madre para que acompañen a ese hijo o hija. Eso es lo que se tocó en el sínodo. Por eso alguno habló de elementos positivos en el primer borrador. Pero era un borrador relativo”.

El Papa afirmó no tener miedo de seguir el camino de la sinodalidad (palabra que deriva del griego “syn”, “odos”, caminar juntos), “porque es el camino que Dios nos pide, es más el Papa es garante, está ahí para cuidar eso”, y añadió: “En el caso de los divorciados y vueltos a casar, nos planteamos ¿qué hacemos con ellos, qué puerta se les puede abrir? Y fue una inquietud pastoral: ¿entonces les van a dar la comunión? No es una solución; eso solo no es la solución, la solución es la integración.

“No están excomulgados, es verdad. Pero no pueden ser padrinos de bautismo, no pueden leer la lectura en la misa, no pueden dar la comunión, no pueden enseñar catequesis, no pueden como siete cosas, tengo la lista ahí. ¡Si yo cuento esto parecerían excomulgados de facto! Entonces, abrir las puertas un poco más”.

Para toda América latina es un orgullo inmenso tener al primer papa latinoamericano. ¿Qué espera usted de América latina?

América Latina viene recorriendo un camino desde hace tiempo, desde la primera reunión del Celam. Monseñor Larraín, chileno, el primer presidente del Celam, ya muerto, le dio un gran impulso.

“Fue la conferencia de Río, después Medellín, después Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Son hitos que el episcopado latinoamericano fue haciendo, colegialmente, con metodologías distintas. Primero tímidamente.

“Pero este camino de 50 años no se puede ignorar porque es un camino de toma de conciencia de una Iglesia en América latina, y de maduración en la fe. Junto con este camino se desplegó también una gran inquietud por estudiar el mensaje guadalupano. La cantidad de estudios sobre la Virgen de Guadalupe, sobre la imagen, sobre el mestizaje, sobre el Nican Mopoua, es impresionante, es una teología de fondo. Por eso al celebrar el día de la Virgen de Guadalupe, patrona de América, el 12 de diciembre y los 50 años de la Misa Criolla , estamos conmemorando un camino de la Iglesia latinoamericana.

Un reciente sondeo (Instituto Pew) demostró que, más allá del positivo “efecto Francisco”, hay católicos que siguen abandonando la Iglesia...

Conozco la estadística que dieron en Aparecida, es el único dato que tengo. Evidentemente hay varios factores que intervienen en eso, externos a la Iglesia. La teología de la prosperidad, por poner un ejemplo, inspira muchas propuestas religiosas que atraen gente. Pero luego la gente queda a mitad de camino.

“Dejando fuera lo externo a la Iglesia, me pregunto ¿cuáles son las cosas nuestras, dentro de la Iglesia, que hacen que los fieles no se sientan satisfechos? Y es la falta de cercanía y el clericalismo. La proximidad es el llamado hoy al católico, a salir y hacernos próximos de la gente, de sus problemas, de sus realidades”.

“El clericalismo, se lo dije a los obispos del Celam en Río de Janeiro, frenó la madurez laical en América Latina. Donde los laicos son más maduros en América Latina es precisamente en la expresión de la piedad popular. Pero organizaciones laicales siempre estuvieron con el problema del clericalismo. Yo hablé de esto en la Evangelii Gaudium .

¿La renovación de la Iglesia a la que usted llama desde que fue electo apunta también a buscar a estas ovejas perdidas y a frenar esa sangría de fieles?

No me gusta usar esa imagen de la “sangría” porque es una imagen muy ligada al proselitismo. No me gusta usar términos ligados al proselitismo porque no es la verdad. Me gusta usar la imagen de hospital de campo: hay gente muy herida que está esperando que vayamos a curarle las heridas, heridas por mil motivos. Y hay que salir a curar heridas. Hay gente herida por desatención, por abandono de la Iglesia misma, gente que está sufriendo horrores...

En otro orden, el Papa afirmó que el IOR (Instituto para las Obras de Religión) “está funcionando fenómeno” y que “lo de la economía está yendo bien. La reforma espiritual es lo que en este momento me preocupa más, la reforma del corazón”.

La semana que viene vuelve a juntarse el G9, el grupo de 9 cardenales consultores que lo ayudan en el proceso de reforma de la Curia y en el gobierno universal de la Iglesia. ¿Para el 2015 va a estar lista la famosa reforma de la Curia?

No, el proceso es lento. La reforma de la curia lleva mucho tiempo, es la parte más compleja...

¿Es decir, no va a estar lista en el 2015?

No. Se va haciendo de a pasitos.

A la vuelta de Corea del Sur, ante una pregunta, dijo que esperaba en dos o tres años “ir a la casa del Padre” y mucha gente se quedó preocupada por su estado de salud, pensando que estaba enfermo. ¿Cómo está? ¿Cómo se siente? Se le ve muy bien...

Tengo mis achaques y a esta edad los achaques se sienten. Pero estoy en manos de Dios, hasta ahora puedo llevar un ritmo de trabajo más o menos bueno.