26 julio, 2016
Estudios han demostrado que la depresión de la madre o del padre durante los primeros años de crianza aumenta el riesgo de un niño de sufrir ansiedad y tristeza, de adoptar actitudes violentas y de mentir. | SHUTTERSTOCK
Estudios han demostrado que la depresión de la madre o del padre durante los primeros años de crianza aumenta el riesgo de un niño de sufrir ansiedad y tristeza, de adoptar actitudes violentas y de mentir. | SHUTTERSTOCK

Detrás de un niño deprimido podría haber un padre o una madre con la misma condición.

Al menos así lo aseguran especialistas que abordan este tipo de situaciones y quienes explican que muchas veces los progenitores transmiten inconsciente y genéticamente esta condición a sus hijos.

Según el doctor Max Figueroa, jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Nacional de Niños (HNN), a pesar de que la depresión en los menores de edad es multifactorial, está comprobado que los hijos de mamás y papás depresivos, tiene una predisposición muy fuerte a padecer este mal. Esto, tanto por el aspecto hereditario como por exposición y cercanía.

Pocos padres tiene clara dicha realidad, incluso tienden a confundir y obviar algunas llamadas de atención que indican que algo no anda bien en los pequeños y que podría ser producto de la salud emocional de ellos mismos.

Según la psicóloga infantil Dyala Castro, “una buena parte de los adultos ignora que padecen depresión y llegan a consultar por problemas conductuales del hijo. Sin embargo, cuando uno indaga a sus padres resulta que la madre, por ejemplo, confiesa que se siente desesperanzada, triste, que no duerme bien y que se irrita con facilidad; todos síntomas asociados con la depresión. Entonces todo cambia y una se da cuenta de que el comportamiento del niño obedece a una reacción de lo que está viviendo en el hogar”.

Otro factor que debe tomarse en cuenta es que un niño con papás depresivos además tiene más riesgos de sufrir maltrato físico, debido a que el adulto estará más irritable, aparte de que está expuesto a mensajes negativos, como “que la vida no tiene sentido”, lo que afecta su propia percepción de la realidad. El autoestima también se ve lesionado.

Evidencia científica. El doctor Sheehan Fisher, de la Facultad de Medicina Feinberg, de la Universidad de Northwestern, en Chicago, encabezó una investigación y corroboró cómo “las emociones de los padres afectan directa y profundamente a sus hijos”.

Durante la investigación observó a 200 parejas con hijos de tres años de edad y descubrió que la depresión de la madre o del padre durante los primeros años de crianza aumentaba el riesgo de un niño de sufrir ansiedad y tristeza, de adoptar actitudes violentas y de mentir.

Además, Fisher notó que los padres con depresión hacen poco contacto visual con sus hijos y no sonríen tanto, en comparación con los padres sanos emocionalmente.

Otro estudio realizado por psicólogos del Hospital Médico de Cincinnati (EE. UU.), quienes estudiaron a 822 niños de 3 a 12 años y cuyos padres padecían de depresión, presentaban de ocho a nueve veces más riesgo de tener problemas conductuales y emocionales durante su desarrollo, según el doctor Robert Kahn, autor de ese trabajo.

Estos hallazgos coinciden con las investigaciones hechas en Chile por la psiquiatra infantil Flora de la Barra, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. La experta descubrió que entre los factores negativos que más pueden afectar el equilibrio emocional de un niño están los desórdenes mentales de los padres, prácticas negativas de crianza y relaciones intrafamiliares anormales.

Frecuencia. La Organización Mundial de la Salud, (OMS) define la depresión como un trastorno mental frecuente que afecta a más de 350 millones de personas.

En el caso de los niños, esta organización calcula que la padece un 1% de la población. Esto quiere decir que de los 1,7 millones de menores que viven en Costa Rica, según datos de UNICEF, 170.000 podrían presentar depresión, muchos de ellos aún sin diagnóstico ni atención.

Figueroa indicó que el HNN diagnostica unos 100 menores con esta condición cada año. Según él, es una cifra baja en relación con la realidad nacional y las estimaciones internacionales.

¿Cómo evitar que la depresión afecte a sus hijos?

Es frecuente y normal que los adultos vivan momentos de tristeza y apatía. Sin embargo, cuando ya aparecen trastornos emocionales como la depresión, los especialistas recomiendan una intervención clínica para evitar que esto afecte a los menores de la casa.

Según Max Figueroa, psicólogo del Hospital Nacional de Niños, “para proteger a un chiquito, la primera medida preventiva que puede tomar un padre o una madre con depresión es pedir ayuda profesional para sí mismo. Si el niño aún no ha sido afectado, podría recibir terapia preventiva; si ya padece síntomas, debe ser atendido por un profesional, dependiendo del caso, un psicólogo o un psiquiatra”, advirtió.

Una vez que el padre o la madre con depresión asume su padecimiento, debe acudir a un especialista para que haga un plan que le permita salir adelante y le guíe en la forma en la que debe comunicar esta situación a los hijos.

Para la psicóloga infantil Dyala Castro es importante hablar con los pequeños de lo que está pasando en el hogar. “Los niños saben que algo no está bien, y muchas veces creen que es su culpa, se comportan enojados, irritables y hasta malcriados, simplemente porque no saben expresar bien lo que sienten”, dijo la especialista.

Durante la terapia es fundamental el apoyo de la familia, de la pareja o de los amigos, para cuidar a los pequeños mientras el paciente se recupera.

Una vez superada la condición, los padres podrán ayudar a sus hijos para que la depresión no les afecte a ellos, sin embargo, siempre es recomendable hacerlo con la guía de un psicólogo o psiquiatra.