4 diciembre, 2011

Cuando Juan Carlos Rojas se graduó del colegio, un compañero le escribió en su anuario: “El día en que seás presidente de Saprissa, y yo, presidente de Heredia, nos veremos en la Federación”.

Veinte años transcurrieron para que parte de esa pretensiosa frase se convirtiera en realidad.

El 16 de abril pasado, aquel compinche colegial llamó al experto financiero para felicitarlo, pues el día anterior había anunciado la compra, con tres inversionistas más, del 67% de las acciones del Deportivo Saprissa pertenecientes al mexicano Jorge Vergara.

El regreso del equipo morado a manos costarricenses se convirtió en uno de los acontecimientos más comentados por el conglomerado tico. Saprissistas, liguistas, heredianos, cartagineses y aficionados de todos los equipos de futbol (y otros que nunca siguen ese deporte) participaron en la discusión y el análisis de tremenda noticia deportiva.

Rojas, junto a Alberto Raven, Édgar Zurcher y René Picado –como representante de Teletica–, constituyeron el grupo tico que se puso la mano en la billetera para negociar con Vergara.

Durante una charla de más de una hora, en una pequeña oficina del estadio Ricardo Saprissa, tres de los cuatro inversionistas (Picado no estuvo) recordaron cómo se gestó la histórica operación.

Una relación comercial de Zurcher con el azteca fue lo que abrió la puerta para coquetear con las acciones mayoritarias del Monstruo.

Zurcher es abogado, banquero y empresario inmobiliario. Por esa última faceta lo contactó Vergara, poco después de llegar a Saprissa en marzo del 2003, interesado en construir un nuevo estadio para los morados.

Zurcher recuerda como si hubiera sido ayer el día en que, mientras hablaban del boceto del proyecto, dijo a Vergara: “Cuando quiera vender el Saprissa, me avisa y vemos qué hacemos”.

Los años pasaron hasta un buen día de agosto del 2010. Desde algún lugar de México, Vergara lo llamó para comentarle que había tomado la decisión de vender el Saprissa y le pidió ayuda para buscar un potencial comprador.

La historia comenzó a gestarse. Zurcher le contó a su colega Alberto Raven, con quien comparte una firma de abogados, los detalles de la inusual llamada. “Le dije a Édgar que por qué no lo comprábamos nosotros, que hiciéramos el esfuerzo antes de conseguir un comprador. Me dijo que sí, y de inmediato, nos dimos cuenta de que estábamos muy ocupados y no teníamos tiempo para eso. Yo le comenté que sabía quién era la persona idónea ”, evocó Raven.

Un mes antes, durante el Mundial de Futbol de Sudáfrica, Raven conoció a Rojas en un trabajo que realizaron en conjunto. Halló en él a un maestro para crear propuestas de negocios y también a un verdadero fiebre del futbol.

Ya eran tres los que conformaban lo que luego sería Horizonte Morado. En el camino se sumó Picado, en representación de Teletica.

Con el grupo definido, Zurcher llamó de vuelta a Vergara para hablarle de su interés por negociar, con dos condiciones claras. “Que la negociación fuera totalmente privada y que no le ofreciera el negocio a nadie más”, rememoró Zurcher.

Vergara cumplió a cabalidad estos requisitos y, en setiembre del 2010, el magnate mexicano envió a Costa Rica a un representante de su grupo Omnilife.

“Él nos hizo una presentación de qué era Saprissa, cómo se veía en números y cuál era la propuesta de negocio que tenían en mente”, recordó Rojas. Esa introducción representó el punto de partida oficial de la negociación que continuó, en diciembre, con la firma de una carta de intenciones.

Siguieron tres meses y medio de intensas conversaciones y profundos análisis contables, fiscales y financieros del estado real del Saprissa.

Zurcher, Raven y Rojas viajaron a México el 9 de abril, en compañía de un grupo de asesores, con el fin de finiquitar el trato. Fueron cuatro días de propuestas y contrapropuestas.

El jueves 14 de abril, cuando la noche agonizaba, finalmente se firmó el contrato, algo que ya esperaba la prensa en Costa Rica, aunque no tenía claro quiénes serían los nuevos dueños.

Al momento de la firma, la ansiedad invadió a los inversionistas ticos, quienes estaban por volver al país y hacer pública la compra.

Rojas y Raven arribaron a suelo costarricense a la medianoche del viernes y, horas más tarde, dieron una conferencia de prensa para oficializar lo que ya aquí era un secreto a voces.

Rojas se presentó en esa ocasión como el presidente de Horizonte Morado, pues así lo decidió el grupo inversor. En días posteriores, durante una asamblea de accionistas, lo nombraron también el jefe de la junta directiva saprissista.

Ese hombre delgado, de barva alineada y ojos saltones tendría a cargo los asuntos administrativos de la institución y la función de ejercer como vocero oficial del grupo ante la prensa.

Saprissa pasó así, no solo a manos de costarricenses, sino a manos de saprissistas apasionados por cuyas venas corre sangre morada.

Prueba de ello es que, desde que se construyó el estadio saprissista, la familia de Rojas tiene varios palcos en la gradería este.

El actual presidente del Saprissa tenía 6 años de edad cuando visitó ese recinto por primera vez. “Desde entonces no dejé de venir”, dice.

Por su parte, Raven recuerda su primera visita en 1972, cuando su padre lo llevó a un partido. Siendo un novato estudiante universitario, ahorró y compró dos palcos.

Zurcher, el mayor de los tres y además el más risueño, se refirió con orgullo a los días en los que vio jugar a Mario Catato Cordero y a Mario Flaco Pérez, dos jugadores históricos del equipo. “Me sabía la alineación de memoria”, cuenta.

Los tres morados del alma son enfáticos en afirmar que su llegada al Saprissa fue lo mejor que le pudo ocurrir al club y, por ende, al futbol nacional. Este es un pensamiento que muchos comparten, incluso los liguistas más empedernidos, como el que se encargó de escribir estas líneas.