7 noviembre, 2011

En nota de La Nación del sábado 21 de octubre del 2011, se indica que en Costa Rica las ventas de árboles de Navidad artificiales han subido respecto a árboles naturales de ciprés debido a dos razones: “la conciencia ambiental del consumidor y la comodidad de usarlo por varios años”. Con respecto a la primera razón, no se brinda ningún soporte técnico a la opinión pública sobre los aspectos específicos por los cuales se indica que un árbol artificial es superior a uno natural en términos de impacto ambiental.

Desde el punto de visto científico y técnico, está afirmación no es cierta como ya se ha demostrado en varios estudios en que se ha aplicado el modelo científico de impacto ambiental conocido como análisis de ciclo de vida (LCA por sus siglas en inglés).

LCA es un modelo científico que permite inventariar el impacto ambiental de productos, procesos, y sistemas que tienen a lo largo de su vida incluyendo el reúso y reciclaje. Se basa en calcular el inventario de insumos requeridos para fabricar un producto tales como materias primas, agua y energía. Se calcula también el inventario de salidas de los respectos procesos tales como producto principal, subproductos y también las emisiones salientes que afectan la atmósfera, la hidrosfera, y la biosfera.

El modelo LCA ha sido incorporado en el estándar de medición y certificación de impacto ambiental de la Organización Internacional de Estándares (ISO 14044) para administrar impacto ambiental en procesos de producción y es reconocido por la comunidad científica como la herramienta con más credibilidad para la medición de impacto ambiental de procesos, productos, y sistemas.

Recientemente, una empresa de consultoría ambiental en Canadá publicó los resultados de impacto ambiental de árboles de Navidad artificiales y naturales. El análisis utiliza el modelo LCA y se basó en comparar árboles artificiales de fabricación China exportados hasta la ciudad de Montreal, Canadá, contra árboles de navidad naturales producidos a una distancia de 150 kilómetros de Montreal. En ambos casos se hizo el inventario de los materiales e insumos necesarios, los procesos de producción o fabricación, la distribución y transporte, el uso, el reúso y finalmente las posibilidades de reciclar y correctamente desechar cada tipo de árbol. Para efectos comparativos, el estudio considera una vida útil del árbol artificial de 6 años contra solo uno del árbol natural.

Los resultados del análisis comparativo muestran que en cuatro categorías generales de impacto ambiental (salud pública, calidad de ecosistemas, cambio climático y uso de materiales) el árbol natural causa menor daño ambiental en todas estas categorías excepto en calidad de ecosistemas. Para que el árbol artificial supere al natural en impacto ambiental, el artificial se tendría que usar por lo menos por 20 años.

Otros resultados más específicos indican que el mayor impacto en cuanto a cambio climático (basado en producción de dióxido de carbono) del árbol natural es el transporte de la plantación al lugar de uso ya que esta actividad se tiene que hacer en cada Navidad. Este mismo indicador para el árbol artificial resulta en señalar al proceso de fabricación como el causante de mayor impacto en cambio climático. Esto debido a la cantidad de insumos requeridos para procesar un árbol artificial tales como energía, agua, y resinas de combustibles fósiles. En general, al comparar ambos productos en las cuatro categorías de cambio climático (proceso de producción, transporte, uso y manejo de desechos) el árbol natural es 61% menos dañino que el árbol artificial.

Como todo modelo científico, el modelo LCA tiene ciertas limitaciones. Por ejemplo, no se consideran potenciales actividades humanas involucradas en obtener el árbol artificial o natural (alimentación, hospedaje), la disminución de la erosión debido a las plantaciones, o la emisión de gases durante el uso y desecho del árbol artificial. Lo que sí queda claro es que se necesita soporte técnico y científico para ofrecer a la opinión pública razones que podrían perjudican y dañan la imagen de ciertos productos y actividades económicas.

En resumen, este estudio comparativo señala que el árbol natural es mejor opción que el artificial en cuanto a impacto ambiental. Sin embargo, el estudio señala que en la categoría de impacto a calidad de ecosistemas el árbol artificial es superior al natural.

El consumidor debe tener presente que, si decide comprar un árbol artificial, este debe ser utilizado al menos por 20 años para igualar los beneficios ambientales de uno natural.