Era esa hora en que el cielo empieza a apagarse, pero al no querer irse con la estrella mayor, el amarillo se impregnó en decenas de banderas. Como si fueran tendido eléctrico, los palos de madera llevaban la cumbia a los pies de quienes las sostenían: políticos ya conocidos y otros que buscan hacerse camino, que aguardaban a Ariel Robles en las afueras del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
A pocas cuadras de la Asamblea Legislativa, el pezeteño de 34 años abordó un automóvil al lado de sus padres. Al hombro derecho, doña Guadalupe; al hombro izquierdo, don Wilberth. De las manos entrelazadas los tomó su hijo, el candidato presidencial más joven de la contienda 2026, para caminar entre una algarabía de cornetas y abrazos.
Lejos quedaron las tardes en que papá y mamá perseguían a Ariel (o Ari, como le dicen de cariño) mientras brincaba en los charcos que dejaba la lluvia en Pérez Zeledón. Tres décadas después se les observa distintos, por lo menos en vestimenta, a causa de una fama que llegó inopinada… a medias; de alguna manera, este primogénito supo desde temprano que su propósito era transformar algo.
“Cuando me muera, quiero que la gente me recuerde porque fui alguien consecuente. Alguien que trató, o al menos intentó, cambiar lo que la sociedad no hacía de una forma más cercana al amor”, afirmó hace dos décadas, al responder sobre su mayor aspiración. “Lo que quiero es una vida sencilla, donde pueda ser buena persona, hacer el bien”, dijo a tres semanas de que su nombre aparezca en la papeleta por el Frente Amplio (FA).
Una vez en el escenario, se ajusta las mangas, toma apuntes y se sosiega al ver a sus padres. Cuatro horas antes había llamado a don Wilberth y a doña Guadalupe para que lo acompañaran en uno de los debates más decisivos de su carrera, por lo que no dudaron en salir de El Hoyon, en San Isidro de El General, esa tierra fértil que se extiende al pie de San José.
Allá crecieron unidos pese a las tempestades económicas, narra don Wilberth al rememorar los primeros años de sus tres hijos. Similar lo expone Ariel al inicio del debate: “Soy parte de una familia que sabe lo que fue alquilar y que no alcanzara y tener que pasarse de casa, que entiende que mi papá haya tenido que migrar porque en una zona rural no había oportunidades para afrontar la vida que nos merecíamos”.
Ya más sereno en el atril, su mirada también encuentra refugio en su jefe de campaña, Antonio Ortega, quien se agacha y le responde con los pulgares hacia arriba.
“Él se presta mucho para la chota, para sacar bromas en los momentos más difíciles”, dice el compañero diputado de Ariel. Y aunque coinciden dentro y fuera del plenario, reconoce que Robles es “un poco quitado” para las salidas, pues “tira a estar más con la familia, con la novia”.
El mayor de tres trabajando desde chamaquito
La ilusión de toda madre al dar a luz es la de escuchar el llanto de su bebé. Al menos esa era la de doña Guadalupe durante el nacimiento de Andrés Ariel Robles Barrantes, cuyo segundo nombre escogió en honor al futbolista argentino Ariel Dacko, otrora jugador de la Asociación Deportiva Generaleña, y por su significado bíblico: león de Dios. Pero una cesárea de emergencia se interpuso.
“No nació bonito, no respiraba” recuerdan sus padres, que vivieron en desasosiego los días y meses siguientes al sufrimiento fetal. Pero con paciencia y amor, aseguran, Ariel creció como cualquier otro niño del sur de Costa Rica, de esos que anhelan con escaparse un fin de semana a comerse un sándwich frente al mar. Luego llegaron sus hermanos, Esteban y Daniel, separados cada uno por dos vueltas al sol.
En el kínder ya sabía pescar pargos de cinco kilos y en la escuela era uno de los alumnos con mejores notas. También participaba en cuanta actividad pudiera, por lo que estuvo efímeramente en un equipo de fútbol, un club de teatro y otro de canto.
Algunos domingos iba a la escuelita evangélica del pueblo, hasta que la familia dejó de asistir a la iglesia. “Me enseñaron a creer en el amor, y si Dios es amor, todo bien. Lo que no creemos es en el odio, en mi familia no se cosechan rencores ni odios ni enojos, no vivimos bajo esa lógica”, responde al preguntársele por esa época.
Para el colegio, Ariel era un joven lánguido aficionado a desayunar gallopinto con fideos y que ofrecía su hogar como morada. Por entonces empezó a sumarse a movimientos sociales en defensa del agua, así como iniciativas estudiantiles que exigían una mejor infraestructura para el Liceo Aeropuerto de Jerusalén.
“La vida lo empuja a uno a meterse en la política”, contó años después en una entrevista con Teletica al hablar sobre los orígenes de su activismo.
Como el siguiente paso académico, resultó natural que se integrara a la Asociación de Estudiantes de la Universidad Nacional (Asouna) en Pérez Zeledón. Allá se formó como educador, al igual que su madre y abuela paterna, mientras recitaba poemas en un taller literario. Y cuando regresaba a su hogar lo recibían sus muchas mascotas, entre ellas el perro recién incorporado, Fidel.
Entretanto, para convocar a las masas en favor de los estudiantes, aprovechaba como muchos el auge de lo digital. “Aquí les dejo esta frase para calentar motores antes de la marcha: ‘Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro’”, citaba en 2011 al “Che” Guevara en Facebook.
Para esa época también empezó a seguir de cerca el trabajo de José María Villalta, entonces único representante del Frente Amplio en la Asamblea, a quien invitó a un foro para conversar sobre temas de agenda nacional, pero en el sur.
“Al comienzo no lo determinaba mucho, pero rápidamente me sorprendió la capacidad de trabajo que tenía. Estaba en todo lado, organizaba todo, tenía esa capacidad de multiplicarse (...). Cuando lo fui conociendo más, me di cuenta de ese don de gente que tiene”, acotó Villalta, hoy candidato a diputado, sobre esos acercamientos que condujeron a Ariel a militar en el FA.
En los años siguientes llevó el cabello largo, recogido hacia atrás y partido al centro, e implementó en su guardamenta los sombreros de verano. En lo personal, escuchaba Fito Páez o Rica Roots; en lo laboral, fue académico y docente en la sede Regional Brunca de la UNA, de donde obtuvo dos másters en enseñanza; en lo político, se postuló en dos ocasiones para regidor, que alcanzó en 2020, y en dos más para legislador, que consiguió en 2022.
El rockstar gatuno
A pocas semanas de instalarse en su nueva oficina, como uno de los 57 costarricenses seleccionados por el pueblo para representarlo en el Congreso, Ariel Robles se presentó al TSE ilusionado de recibir su credencial.
Vestía un saco negro, de cuya tela sobresalía una pelusa que no pasó desapercibida para una diputada electa por el Partido Liberal Progresista (PLP). Entonces no se conocían y sus fracciones discernían, pero Kattia Cambronero se le acercó para retirar el pequeño imperfecto. Fue la primera vez que conversaron, como antesala al trabajo que compartieron en vastas comisiones, así como en su despacho decorado con funkos y ampos.
Pese a que sostuvieron discusiones de fondo en cuanto a la reforma del estado y temas económicos, relata Cambronero, encontraron puntos comunes en lo ambiental, agropecuario y de derechos humanos, lo que les permitió pasar de la cordialidad laboral a la amistad.
Hoy por hoy, cuando salen por un café o un almuerzo, Ariel es como un rockstar para la congresista ahora independiente. Casi siempre, algún chiquillo le pide una foto o desde un carro le gritan un “miau”, en alusión a la vez en que imitó un maullido en el plenario, después de que una diputada oficialista lo vinculara con Don Gato y su pandilla. Era natural que la oleada de memes y críticas por esta onomatopeya se volviera en el distintivo de la campaña.

Han pasado siete meses desde que Ariel anunció su intención de convertirse en el gobernante número 50 de Costa Rica. Entonces comunicó que asumía el liderazgo con “humildad, compromiso y esperanza”; después ahondó que su nombre no figuraría en la papeleta por aspiraciones personales, sino por un sentido de reivindicación colectiva.
Esa personalidad habría hecho que doña Guadalupe “se oliera” la postulación antes de que se confirmara, porque ya se lo había dicho el instinto de mamá. Aunque se asustó por el momento convulso que vive Costa Rica, en que el presidente ha llamado “comunista reprimido en el clóset” a su hijo, optó por apoyarlo, como acostumbra.
Estos y otros adjetivos como “chancletudo” o “marihuano” (aunque asegura que ha probado la marihuana, pero no la consume) los empezó a recibir, a mayor medida, desde que se convirtió en uno de los legisladores más mediáticos por denunciar casos de corrupción como Gandoca-Manzanillo.
Claro, por su vehemente rol de fiscalización del gobierno, también llegó a admitir que había dejado de lado algunos proyectos de ley, como la regulación de los créditos de las universidades privadas.
Y si bien la mayor polémica personal que rodea a este candidato ha sido el “miau”, lo cierto es que lo persiguen las sombras de su partido. Por ejemplo, le llovieron críticas tras la invasión de Estados Unidos en Venezuela, hecho que el FA condenó por la presencia militar anglosajona, pero sin referirse a que Nicolás Maduro fuera despojado del poder. Naturalmente, revive la discordia que ocasionó la visita de una asesora frenteamplista y actual candidata a diputada a Venezuela durante los comicios de 2024.
En consiguiente, a Robles lo acribillan con cuestionamientos sobre su postura ante las dictaduras y la relación que han tenido figuras frenteamplistas con regímenes de izquierda. Como respuesta, repudia toda manifestación de autoritarismo, al tiempo que reconoce que su organización política alberga una “diversidad de pensamientos y comportamientos”.
Pero justo ese discurso y cavilación le ha ganado críticas de adversarios políticos de todo espectro ideológico. Caso reciente ocurrió cuando atribuyó a su contrincante Claudia Dobles “tintes de autoritarismo”, al recordar dos hitos del Partido Acción Ciudadana (PAC) en contra de las universidades públicas y la clase trabajadora, sin precisar el rol que Dobles tuviese en ello. Una crítica inusitada para la exprimera dama.

Nuevo en trasnocharse
Con las lagañas aún entre los ojos, Ariel se prepara todas las mañanas un café. Por lo general lo acompaña con algún pan o algo ligero, mientras observa a sus tres perritos correr por el patio. De vez en cuando, aprovecha y de ahí graba sus propuestas para TikTok.
Las redes sociales “le resbalan”, dijo una vez en una entrevista al referirse a los comentarios negativos que recibe, pero allí, justamente en el Internet, ha ganado partida con el electorado más joven. Por eso aprendió que, aunque ya le sacaron su carta astral, no debe compartirla “porque es peligroso”. Típico de un sol en Leo y ascendente en Escorpio.
Por las noches pasa el tiempo con la saga La rueda del tiempo, pues cuando no está en una actividad, ve anime o se sienta a leer. Sus títulos los tiene rayados y cubiertos de post-its en las páginas donde encuentra frases memorables, sobre todo en los de Gabriel García Márquez y Eduardo Galeano, sus autores predilectos.
“Es más abuelito que yo, y eso es decir mucho”, bromea José María Villalta sobre la costumbre de Ariel de acostarse temprano, aunque en estos días previos a las elecciones se queda hasta tarde atendiendo entrevistas telefónicas mientras se desplaza entre compromisos de campaña: un viernes en Heredia, un sábado en San Carlos, un miércoles en Alajuelita, un domingo en Puntarenas...

Es en esos eventos donde se le oye una voz poco habitual. La eleva, y al ser tan intensa, en veces se le quiebra cuando exalta los logros de su fracción o arremete contra el chavismo. Y como ya no porta los sombreros que solía llevar, en su lugar baña con gel el cabello que le nace en una raya perfecta a la izquierda.
“Él de verdad se presenta como lo que es. Hasta le cuesta comprarse ropa, porque en su imagen no quiere aparentar lo que no es”, dice su candidato a vicepresidente Guillermo Arroyo, quien lo acompaña en estos espacios donde no faltan las botargas de gatos.
Cuando se separa del micrófono y la arenga se le ve más relajado, apagado o cansado; regala pines, stickers, bolsos, camisas y panfletos, mientras se toma selfies y conversa sobre lo que haría en caso de llegar a Zapote. No sorprende entonces que las banderas, cual si fueran escoltas, lo acompañen en cada debate, ya sea en el Mercadito de La California, la Universidad de Costa Rica o cualquier otro canal de televisión.
Mientras sus partidiarios lo respaldan con tambores y trombones, con cánticos que asemejan a un equipo de fútbol, sabe que haría “lo mismo de siempre” en caso de perder las elecciones. A lo mejor sería en una escuela de vuelta en Pérez Zeledón, o en un pódcast que trascienda los formalismos políticos, pero lo que quiere es colaborar en lo social.
Si precede a Rodrigo Chaves o no, lo que anhela para dentro de 10 años es llevar “una vida sencilla, dando un paso a la vez”.
En confianza
Fruta favorita: mangostán
Signo zodiacal: leo
Estatura: 1,77 metros
Color favorito: verde musgo y negro
Película favorita: V de vendetta
Libro favorito: El principito
Miedo: las alturas
Figuras referentes: Pepe Mujica, Papa Francisco y Mercedes Sosa
