
Los restos de Nadia Peraza, una joven madre de 21 años, aparecieron dentro de una nevera en el patio de una vivienda en San Pablo de Heredia el 16 de mayo del 2024, casi tres meses después de que sus familiares perdieran contacto con ella.
Un historial de violencia doméstica, una herida profunda en la mano de su expareja —y único sospechoso del crimen—, rastros de sangre en su apartamento, malos olores y respuestas evasivas sobre el paradero de la joven. Decenas de señales pasaron desapercibidas.
Han pasado ya dos años desde que trascendió su desaparición, pero el caso se retomó en días recientes, desde que inició el juicio que busca esclarecer su muerte en los Tribunales de Heredia.
Desde que arrancó el debate, uno a uno han testificado sus allegados, y todos coincidieron en lo mismo: Nadia solía tener moretones en brazos, piernas e incluso en el cuello. También la vieron con el labio partido y recordaron órdenes de alejamiento, acoso, discusiones constantes con el sospechoso, control sobre su celular y posesión absoluta sobre ella.
Su círculo cercano sabía que su relación era violenta, pero la joven era reservada y algunos decidieron no preguntar.

El 20 de febrero del 2024 fue la última vez que Nadia visitó a su madre, Marilyn Espinoza. Caminaba menos de 200 metros desde el apartamento donde vivía, en Bajo Los Molinos, en San Rafael de Heredia, y solía llegar alrededor de las 10 a. m., antes de ir al trabajo.
Esa era su rutina desde inicios de ese mes, cuando el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) le quitó la custodia de su hija y se la otorgó a Marilyn, por violencia doméstica.
Al momento de su desaparición, Nadia vivía con el ahora imputado Jeremy Buzano Paisano, padre de su hija y, aparentemente, el artífice de ese círculo de violencia.
La acusación del Ministerio Público señala que Buzano la habría asesinado entre el 20 de febrero y el 7 de abril del 2024 en su apartamento en Bajo Los Molinos, que allí la desmembró y almacenó parte de sus restos en el refrigerador.
El 7 de abril, Buzano abandonó el inmueble y se mudó a otra vivienda en San Pablo de Heredia. Llevaba muy pocas pertenencias, una lavadora y, por supuesto, la refrigeradora.

Abusos constantes
Marilyn, la madre de Nadia, fue la primera persona en testificar ante el Tribunal. Recordó que su hija trajo a Jeremy a vivir a su casa a finales del 2020. En esa vivienda residían al menos ocho familiares de la joven, quienes comenzaron a alertar sobre golpes y discusiones desde el cuarto de la pareja.
En una ocasión, el conflicto escaló y los tíos de Nadia intervinieron, pero Jeremy los habría atacado con la hebilla de una faja. Entonces la relación apenas comenzaba y, tras ese episodio, la pareja abandonó la vivienda.
Uno de sus tíos relató en el juicio que estaba consciente de los abusos, pero desde que Nadia se fue de la casa, no volvió a enterarse de lo que ocurría en la relación. Su madre; sin embargo, sí continuó visitándola y llegó a ver a su hija con el labio partido, aunque muchos de los detalles le resultaban ajenos.

Marilyn contó al tribunal que a veces le preguntaba a Nadia qué había ocurrido, pero su hija no le daba mayores explicaciones y ella, en algunas ocasiones, no insistía.
Otros testigos describieron un patrón de violencia similar. Una expareja de Nadia habló de golpes a puño cerrado y aseguró que la joven le manifestó temor por su vida y la de su hija. Él, por su parte, intentó ayudar, pero prefería no hacer muchas preguntas. A este testimonio le siguieron los de dos compañeras de trabajo de Nadia, quienes narraron insultos por parte del sospechoso hacia la joven, moretones en su cuerpo y acoso. Intentaron que se apartara de él, pero siempre terminaba aceptándolo de nuevo en su vida.
Dicen que era una mujer de carácter fuerte y presumen que por eso no le gustaba contar los detalles de su relación. Quizás, creen, hacerlo la hacía sentir débil.
El mismo círculo de violencia acreditaron dos hermanos de Nadia. Uno de ellos, entonces en el colegio, afirmó que trataba de no escuchar mucho las discusiones entre ambos, pues le disgustaba estar presente y oír los insultos que el imputado le decía a su hermana.
Consciente de las agresiones estuvo también una de las dueñas de un apartamento en el que vivió la pareja, y también el propietario del último inmueble que alquiló Nadia junto a Buzano, donde se presume que ella habría sido asesinada. Allí intervino la Policía, recordó este hombre de apellidos Ramírez González, al menos dos veces, pero vecinos le contaron que fueron más de siete.

Los hechos violentos llegaron incluso a oídos del padrastro de Jeremy, quien ante el tribunal reconoció que Nadia había solicitado una orden de alejamiento en contra de su hijo, pero decidió no involucrarse en la relación de ambos ni preguntar lo que sucedía. “No me quería meter”, dijo.
En el expediente del caso constan las llamadas de auxilio de Nadia. Una primera medida de protección en el Juzgado de Violencia Doméstica de Santo Domingo, en 2022. Buzano habría golpeado a Nadia en la boca.
Además, se acreditó un segundo expediente en 2023, esta vez en el Juzgado de Violencia Doméstica de San Rafael de Heredia. Nadia llamó a la Policía porque Buzano habría llegado drogado a su casa y los oficiales relataron que Buzano sacó un cuchillo de hoja larga y puso resistencia durante el abordaje.

Después de la desaparición
Pocos días después de que Nadia perdió contacto con su familia, su madre visitó el apartamento que la joven compartía con el sospechoso. Ella pensó que allí encontraría a su hija secuestrada, pero al llegar, Jeremy abrió la puerta y se colocó frente a la refrigeradora.
Marilyn recuerda que el sujeto tenía la mano vendada, aunque no le pidió explicaciones, pues antes le habían dicho que se había cortado las venas, y el intercambio fue breve. Ella le preguntó por Nadia y él respondió que se había ido con otro. No hubo insistencia, de acuerdo con su testimonio. El sitio, dijo, estaba desordenado, olía muy mal y Buzano parecía nervioso.
Jeremy se hirió la mano la madrugada del 23 de febrero dentro del apartamento. Se conoce la fecha porque fue una laceración muy profunda que lo obligó a llamar a los propietarios del inmueble para que lo ayudaran a salir. Un asalto, un accidente laboral y un intento de autoeliminación; Jeremy varió en al menos tres ocasiones la versión sobre cómo se hirió.
Desde ese evento, permaneció encerrado en ese aposento y salió poco, narró durante el debate Ramírez, el propietario. Él preguntó varias por Nadia, pero nunca obtuvo una respuesta clara sobre su paradero. Relata que Jeremy solo le hablaba desde una ventana y mantenía la puerta cerrada con candado. A veces, cuando accedía a conversar, apenas asomaba la cabeza por la puerta.
El día que accedió a dejar el apartamento, el 7 de abril, Buzano acudió a casa de la madre de Nadia para dejar algunas pertenencias de la bebé, pero entonces tampoco hubo intercambios extendidos sobre su paradero.
“Jamás nos imaginamos que era alguien tan malo”, dijo la madre al Tribunal.

El sujeto nunca devolvió las llaves y dejó el sitio que alquilaba con ropa sucia en el suelo, puertas rotas, el inodoro reventado, aparentes rastros de sangre en el cuarto de Nadia y, ahí mismo, una bolsa que desprendía un olor fétido y de la cual salían gusanos.
El hijo del propietario la tomó y la lanzó a un cafetal a 90 metros, asumiendo que se trataba de carne descompuesta. Para entonces, ambos desconocían el paradero de Nadia y no se lo preguntaron más.
En San Pablo de Heredia, hacia donde el sospechoso trasladó la refrigeradora, también se reportaron olores fétidos que venían de esa nevera. Un amigo de Buzano, quien accedió a darle posada en esa vivienda, manifestó a agentes del OIJ que le pidió que la limpiara y él lo hizo durante la madrugada.
Buzano vivió más de un mes en esa casa y en ese lapso nadie abrió la refrigeradora. El legajo detalla que incluso salía de los costados del electrodoméstico un líquido oscuro; llegaban moscas y también gusanos. De acuerdo con los testimonios revisados en el expediente, en ese periodo tampoco le pidieron al imputado explicaciones concretas sobre lo que almacenaba dentro.
El sospechoso compareció ante una autoridad hasta el 16 de mayo de ese año. Se presentó a las oficinas del OIJ de Heredia y entre sus pertenencias tenía una tarjeta bancaria de Nadia. Poco después, fue reseñado y dejado en libertad, hasta que horas más tarde, fue detenido.
Consultado sobre la tardanza en las diligencias por este caso, Joseph Rivera, abogado de la familia de Nadia, aseguró que el Poder Judicial estaba en la obligación de allanar esa vivienda desde que se presentó la denuncia, pero “lamentablemente pasó todo ese tiempo”. Lo atribuyó a los protocolos que hoy existen en las búsquedas de personas desaparecidas.
