El 8 de mayo del 2025 Robert Francis Prevost, el padre Bob, renunció a su nombre secular y aceptó ser el sucesor de Francisco como máximo líder de la Iglesia católica pero, además, y con especial énfasis, como gobernante de la Ciudad del Vaticano.
De inmediato, despertó suspicacias que el nuevo papa León XIV era el primero de nacionalidad estadounidense. Desde entonces, entre Roma y Washington se ha marcado en gran medida el ritmo de la geopolítica mundial, y no siempre ha sido Donald Trump quien ha definido la conversación.
“El Papa está cumpliendo con su función, que es predicar la paz. Que esto sea agradable o no, es otra cuestión“. Estas palabras del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, definen con precisión los últimos meses del papado.
León XIV es casi el único jefe de Estado que ha podido plantear una oposición moral sin contemplaciones al influyente presidente de Estados Unidos, un país donde uno de cada cinco ciudadanos se identifica como católico.
Al principio fue moderado y quizás, hasta tibio. León se manejó con cautela, habló en nombre de los pobres, el medio ambiente o la paz pero sin mencionar nombres ni países.
Pero esa tibieza se terminó.

A finales de 2025 empezó a dar señales. Altos obispos católicos de Estados Unidos condenaron las políticas del gobierno republicano contra los migrantes, animados por el Sumo Pontífice. Aunque entonces León XIV no hablaba en absoluto del presidente Trump.
De hecho, el trato de Estados Unidos a los migrantes fue un punto detonante de las tensiones. En octubre, el Papa afirmó que las políticas aplicadas eran “inhumanas”.
“Quien dice estar en contra del aborto pero a favor del trato inhumano a los inmigrantes en Estados Unidos, no sé si eso es pro vida”, afirmó. Apenas el 1.° de mayo, León XIV nombró obispo a un antiguo inmigrante indocumentado en Estados Unidos de origen salvadoreño.
Otro tema de choque entre Washington y el Vaticano ha sido la guerra en Irán, la cual León XIV ha criticado como una “exhibición de fuerza”.
El obispo de Roma también ha criticado a quienes utilizan la doctrina católica para promover la guerra; esto se ha interpretado como una condena al uso reiterado del lenguaje cristiano por parte del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, y el vicepresidente, J. D. Vance, para justificar los ataques.
El tono se ha elevado. En abril, Donald Trump acusó al líder católico de ser “débil ante el crimen” y de “complacer a la izquierda radical”. Además agregó: “No creo que esté haciendo un buen trabajo, supongo que le gusta le crimen”. Pero a León XIV no le ha temblado el pulso.

¿La ‘guerra justa’?
A diferencia de otros jefes de Estado, el gobernante del Vaticano no tiene nada qué perder y Estados Unidos no tiene palancas para influenciar sus decisiones. Al contrario, Donald Trump no ha salido bien parado de esta disputa (menos a meses de las elecciones de medio periodo).
Aunque Trump no es católico, a su lado sí tiene a un creyente connotado. El vicepresidente J. D. Vance creció en un entorno protestante pero se convirtió al catolicismo en agosto del 2019. Recientemente publicó un libro sobre su conversión y cómo esto cambió su pespectiva política.
Vance quizás sobrevaluó sus conocimiento de historia católica cuando decidió entrar en una debate político, dialéctico y hasta teológico con el obispo de Roma.
A mediados de abril, el vicepresidente defendió a Trump y dijo que León XIV, nacido en Chicago, debía mantenerse al margen de los asuntos de Estados Unidos. “En algunos casos sería mejor que el Vaticano se ciña a cuestiones de moralidad”, argumentó Vance.

Cuando se habla de “moralidad de la guerra” (si es que tal oxímoron existe), se evoca el famoso término de la “guerra justa”.
Hace casi un mes el arzobispo de Washington, Robert McElroy, dijo en CBS que “según la doctrina católica”, la guerra de Estados Unidos con Irán “no era una guerra justa”. El arzobispo de Chicago, Blase Cupich, se sumó al decir que el gobierno de Trump ha presentado el conflicto bélico como un alegre entretenimiento, lo que “deshumaniza a las víctimas”.
Incluso, el propio León XIV dijo que Jesús “no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra”.
McElroy, que además de clérigo es historiador y teólogo, explicó con claridad la doctrina de la guerra justa: no basta con que el enemigo sea malo, la acción armada tiene que ser en respuesta a una injusticia concreta, con un objetivo perfectamente delimitado y sin desbordarse en una guerra perpetua.
Para el arzobispo, la Medio Oriente es una guerra de elección, porque Estados Unidos eligió crearla. Además, no satisface el requisito de tener una “intención correcta” porque, en realidad, la intención ni siquiera está clara.

A estas alturas parece evidente que la administración Trump se equivocó al utilizar la teología y la moral para justificar su afición militar (al punto de que el presidente publicó una foto suya como Jesucristo). Al frente del debate tienen a teólogos avezados y a la autoridad moral más antigua de Occidente.
El vicepresidente Vance, un católico recién convertido y con muy poco bagaje académico y teológico, ha intentado justificarse, pero quizás ha sido demasiado osado.
“Cuando el Papa dice que Dios nunca está del lado de quienes empuñan la espada, existe una tradición de más de mil años de la teoría de la guerra justa“, declaró Vance el 14 de abril durante un evento conservador en Georgia. Pero no se quedó ahí.
“Creo que es muy, muy importante que el Papa tenga cuidado al hablar de temas teológicos”, dijo Vance. “Si uno va a opinar sobre temas teológicos, debe tener cuidado”, agregó con ansias de aleccionar al Sumo Pontífice.

De inmediato, en redes sociales se desató un ataque a Vance acusándolo de popesplaining, es decir, de intentar explicarle teología papal, precisamente, al único papa estadounidense.
El ataque de Vance provocó acusaciones en las redes sociales de que estaba “explicando teología al pontífice” desde una perspectiva papal.
Pero, ¿cómo podría Vance ganar este debate? Si el principal defensor de la guerra justa fue San Agustín y el santo padre, León XIV, es precisamente miembro de la orden agustiniana, de la cual fue prior general.

Ordo amoris
El vicepresidente Vance también tropezó cuando intentó evocar el término ordo amoris (orden del amor), un argumento de teología moral que se refiere al ordenamiento adecuado del amor cristiano.
Para justificar la cancelación de programas de ayuda exterior por parte de Estados Unidos, el segundo al mando argumentó que “debemos amar primero a nuestra familia, luego a los vecinos, después a la comunidad, luego al país y solo entonces considerar los intereses del resto del mundo”.
Pero Robert Prevost, antes de ser papa, ya contradecía los argumentos teológico esgrimidos por el vicepresidente.
En febrero de 2025, tres meses antes de ser electo sucesor de San Pedro, compartió en X un artículo de la teóloga Kat Armas titulado “Vance se equivoca, Jesús no nos pide que jerarquicemos nuestro amor por los demás”.
¿Acaso el amor al próximo no incluye el cobijo al migrante? ¿Merece menos amor el que nació del otro lado de la frontera? El Sumo Pontífice también es sudamericano, cuenta con la nacionalidad peruana y habla perfecto español tras su largo paso por la diócesis de Chiclayo. Él tiene claro que la respuesta a esas interrogantes es no.

Y mientras Washington se enreda en sus propios mecates, el obispo de Roma parece inmune.
“Yo no soy un político, yo hablo el Evangelio”, declaró el 13 de abril en el vuelo que lo llevó de visita a Algeria, donde se reunió con líderes musulmanes y accedió a abrir una embajada del Vaticano.
Ante consultas sobre los ataques que ha recibido desde la Casa Blanca, León XIV advirtió que seguirá “hablando fuertemente contra la guerra y promoviendo la paz y el diálogo”.
En ese mismo vuelo, el pontífice agregó: “No le temo al gobierno de Trump, ni a hablar en voz alta del mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí”.
Por ahora, la balanza parece volcarse más hacia Roma que hacia Washigton, con León XIV conquistando incluso las otrora lealtades norteamericanas.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que en el pasado respaldó ferozmente a Trump, ahora califica como “inaceptables” los ataques del mandatario norteamericano al Sumo Pontífice
“El Papa es la cabeza de la Iglesia Católica, y es correcto y normal que pida la paz y condene toda forma de guerra”, dijo Meloni en un comunicado. En respuesta, Trump también la atacó a ella.

En Costa Rica, la Conferencia Episcopal emitió un comunicado en el que respaldó a León XIV tras los ataques de Trump y lamentó “con preocupación” las declaraciones del mandatario norteamericano.
"La guerra, toda guerra, es siempre una derrota para la humanidad, porque conlleva la destrucción de la fraternidad humana”, dijo la Iglesia costarricense.
Mientras la geopolítica mundial se ve enmarcada en un debate teológico, Israel aprovecha el conflicto.
En marzo, la policía israelí impidió al principal líder católico en Jerusalén oficiar misa de Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro. En julio del 2025, los bombardeos de Israel alcanzaron la Iglesia de la Sagrada Familia, única templo católico en la Franja de Gaza, matando a tres personas e hiriendo al cura de la parroquia, Gabriel Romanelli, cercano al difunto papa Francisco. Hace apenas una semana, el convento de las Hermanas Basilianas Salvatorianas fue arrazado por el ejército israelí.
En este contexto, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, católico devoto, trata de bajar el tono.

El diplomático tiene previsto reunirse con León XIV este jueves y con Georgia Meloni el viernes, en un intento por “descongelar” las relaciones entre el líder de los 1.400 millones de católicos del mundo y el gobierno estadounidense.
J. D. Vance no asistirá a la cita. ¿Por qué? No está claro, dado que sí asistió a la primera reunión con el Sumo Pontífice en mayo del 2025 y hasta lo invitó a la Casa Blanca.
“Obviamente hubo algunas cosas que pasaron”, dijo Rubio a los periodistas en la Casa Blanca. “Hay mucho de qué hablar con el Vaticano”, como la situación de la libertad religiosa en África o Cuba, aseguró.
Mientras tanto, León XIV parece inmune a los ataques: “La misión de la Iglesia es predicar el Evangelio, predicar la paz. Si alguien quiere criticarme por proclamar el Evangelio, que lo haga con verdad“.

