Editorial

Editorial: Alto al uso político de la religión

Valerse de la religión para incidir en la decisión de voto de los ciudadanos no solo es ilegal, sino irrespetuoso e inaceptable. Mediante una decisión clara, oportuna y necesaria, el TSE frenó una evidente confabulación ilegal entre actores políticos y religiosos

La campaña de Laura Fernández se reunió con pastores evangélicos del templo bíblico en Tibás / Foto John Durán
Folleto entregado durante La campaña de Laura Fernández se reunió con pastores evangélicos del templo bíblico en Tibás / Foto John Durán JOHN DURAN
La campaña de Laura Fernández se reunió con pastores evangélicos del templo bíblico en Tibás / Foto John Durán
Folleto entregado por la campaña de Laura Fernández a pastores evangélicos durante una reunión sostenida el 16 de enero en el Templo Bíblico de Tibás. (JOHN DURAN/John Durán)

El uso de la religión como instrumento para incidir en las preferencias y conducta electoral de los ciudadanos es detestable; también, inaceptable. Por ello, lo prohíben nuestra Constitución Política y el Código Electoral.

Quienes apelan a ese recurso indebido, claramente violan el ordenamiento jurídico. Pero hay más: demuestran un claro irrespeto por la ciudadanía, su autonomía y sus convicciones más íntimas; intentan, mediante la manipulación, generar adhesiones que son incapaces de captar con sus ideas sobre el manejo de lo público, y fomentan divisiones artificiales entre personas y credos. Todo esto contamina el espacio cívico y la libertad de elección.

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