Editorial

Editorial: El alarmante delirio de un diputado oficialista

Jorge Antonio Rojas reveló un claro ímpetu arbitrario y represivo, consecuente con la retórica presidencial. Amenazar con el destierro a quienes rechacen los juegos del poder gubernamental es tan delirante como inaceptable

Diputado chavista que hizo comentario sobre destierro para opositores de Chaves
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Diputado chavista que hizo comentario sobre destierro para opositores de Chaves
Jorge Arturo Rojas López diputado chavista El diputado oficialista Jorge Antonio Rojas, cuyo mayor aporte al debate legislativo ha sido el silencio, decidió romperlo el miércoles con un discurso delirante. (Asamblea Legislativa/La Nación)

El delirio es, en esencia, la convicción de que algo inaceptable o inalcanzable es posible, a pesar de evidencias en su contra que todos, salvo su poseído, entienden. Por ello, y sin jugar de psicoanalistas, se puede considerar como una mala jugada del inconsciente, que expone impulsos profundos o viscerales, y a menudo inconfesables, de su portador. Si este actúa no solo en su condición individual, sino como parte de un grupo, su revelación adquiere carácter colectivo; es decir, involucra a quienes lo integran, representan y, sobre todo, impulsan.

El diputado oficialista Jorge Antonio Rojas, cuyo mayor aporte al debate legislativo ha sido el silencio, decidió romperlo el miércoles con un discurso delirante. Por esto mismo, dejó al descubierto, con crudeza, sus impulsos personales y, presumimos, también los de sus compañeros de bancada y quien los dirige desde el Ejecutivo. Por esto mismo, además, su expresión resultó alarmante. Es una revelación que no puede pasar inadvertida.

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