Arturo Pardo V.. 5 diciembre
Este año, 15 equipos participaron en el 'hackathon'. En la mayoría de ellos, hubo estudiantes de diferentes carreras. Foto: Pablo Bogantes
Este año, 15 equipos participaron en el 'hackathon'. En la mayoría de ellos, hubo estudiantes de diferentes carreras. Foto: Pablo Bogantes

Ya van cuatro ediciones en las que la carrera de Ingeniería en Biotecnología del TEC se echa al hombro la realización de un hackathon en la que se persiguen soluciones innovadoras a problemas del área de biología sintética. La más reciente: Synbiothon (llamada así por las siglas de Synthetic Biology Hackathon), contó con la participación de 15 equipos multidisciplinarios. Cada uno aplicó conocimientos para generar propuestas de impacto e innovación biotecnológica.

Durante 48 horas continuas, se aplicaron las ideas en proyectos de bioingeniería, como base tecnológica para el desarrollo de las propuestas para áreas como la salud, la genética y el ambiente.

El biotecnólogo David García Gómez, promotor de bioemprendimiento en el TEC y parte del equipo de trabajo del laboratorio de biología sintética, asegura que este año los proyectos se orientaron hacia la parte biomédica, dejando en segundo plano las ramas del sector agrícola y ambiental. Entre sus observaciones, apunta que hubo un gran trabajo interdisciplinario, pues al menos los equipos que lograron los primeros lugares tenían miembros de diferentes carreras universitarias.

Hubo estudiantes de Biotecnología (TEC y UNA), Bioprocesos (UNA), Microbiología (UCR), así como de otras carreras como Odontología, Farmacia e Ingeniería Química.

Por su parte, Nipah, el equipo ganador de este año, presentó un proyecto para desarrollar una vacuna contra el virus del Nipah en microalgas.

En puntuación, le siguió el equipo Viox, cuya idea es utilizar la biología sintética para facilitar y abaratar la cuantificación de pruebas médicas para detectar enfermedades varias, especialmente las cardiovasculares. El tercer lugar lo ocupó Biocometh, con la iniciativa de transformar el dióxido de carbono (CO2) en etanol.

Estas iniciativas buscan resolver diversos problemas con la biología sintética, también llamada biotecnología 2.0. “Es una suma de disciplinas en la que se busca reconfigurar el genoma, principalmente de microorganismos como levaduras, bacterias y hongos y en menor caso de plantas, para poder crear compuestos que no existen de forma natural o se dan en muy pequeñas cantidades”, explica el biotecnólogo.

Futuros emprendedores

Parte de las intenciones de Synbiothon es fomentar el desarrollo tecnológico entre los estudiantes, todavía en temprana edad. Es por esto que la inscripción de alumnos permite incluso la participación de colegiales. Para foguear a los involucrados, se brindan talleres básicos previos al hackathon. Estos están dedicados a la bioinformática.

Algunos de los ganadores de las ediciones anteriores han sido retribuidos por el éxito de sus proyectos. Por ejemplo, los ganadores de la primera edición recientemente recibieron un fondo de $10.000 para hacer un prototipo de su idea, mientras que otro equipo recibió la medalla de plata en el iGEM, la competencia más relevante de biología sintética en el mundo.

Otro grupo participante en la segunda edición obtuvo un importante monto económico para inversión para su proyecto. Este vino por parte de Rebel Bio, en Irlanda, que es considerada la principal aceleradora de negocios en biología sintética del mundo.

Ante los éxitos recientes de estos equipos emprendedores, el TEC desarrolló un laboratorio de prototipo para la incubación de bioemprendimientos.

Actualmente, hay tres proyectos incubando, mientras que otros están desenvolviéndose en la parte académica. Para fortalecer estos procesos, se estableció una alianza estratégica con la oficina de innovación de la Cámara de Industrias de Costa Rica. Uno de los proyectos que se están gestando en el TEC, bajo el liderazgo de García, es la transformación del suero de leche en biodiésel y, posteriormente, en en bioplástico y en aceites Omega.