Desde que, en abril de 2023, el gobierno decidió eliminar el Programa Nacional de Informática Educativa (Pronie) que desarrollaba la Fundación Omar Dengo, se desató una crisis en la formación de estudiantes para el uso de computadoras y redes digitales, no solo como herramientas técnicas, sino también como ventanas para desarrollar competencias cognitivas y emocionales. Sus repercusiones, manifestadas de distintas formas, aún no cesan.
La temeridad, arbitrariedad, irresponsabilidad y carencia de fundamentos técnicos de ese acto, ejecutado por la entonces ministra y hoy diputada electa Anna Katharina Müller, se acentuó por la carencia de un plan para sustituir lo que, por décadas, se había convertido en un bastión de nuestra educación pública, con gran reconocimiento internacional. No era perfecto, pero sí en extremo eficaz, y cada año que pasaba, crecía más la cobertura e impacto del programa.
Tres años después, el Ministerio de Educación no ha logrado reparar los daños o reencauzar la enseñanza en informática; menos aún, mejorarla. Al contrario, seguimos en una mezcla de parálisis, retroceso y contradicciones. Una reciente información de nuestra periodista Fernanda Matarrita lo refleja con toda claridad: durante el curso lectivo a punto de comenzar, 325.040 estudiantes del sistema público no podrán recibir lecciones mediante el Programa Nacional de Formación Tecnológica (PNFT), responsable de capacitarlos en informática, digitalización, programación, algoritmos, inteligencia artificial y robótica. Razón aducida: limitaciones presupuestarias para contratar profesores.
La cifra es alarmante, no solo porque representa un tercio de los 927.323 matriculados, sino porque también, lejos de disminuir, en apenas un año ha crecido con inexplicable celeridad. A inicios del curso de 2025, el número de quienes no recibirían esa formación fue calculado en 225.000. En ese momento, ante las críticas de especialistas, Leonardo Sánchez Hernández, ministro del MEP, dijo que el problema comenzaría a solucionarse este año, conforme se sumaran más docentes preparados en la materia. Sin embargo, según sus cifras, ahora quedaron por fuera 100.000 estudiantes más, algo inexplicable.
Para el jerarca, “no quiere decir que si no hay docente de informática, no se da del todo informática; sí se da algo”, porque en otras materias se podrían utilizar equipos de cómputo. Algo es algo, parece ser su explicación o, más bien, consuelo. Sin embargo, el valor pedagógico del Pronie en el pasado, y del PNFT en la actualidad, no solo consiste en cómo manipular aparatos, sino en poder incorporarlos en los procesos de aprendizaje, reflexión y pensamiento crítico.
Lo dijo con toda claridad y conocimiento de causa Dagoberto Murillo Delgado, investigador del Informe Estado de la Educación: ante la carencia de ese tipo de educación, no solo se afecta el desarrollo de competencias digitales básicas; también se generan rezagos en aprendizajes fundamentales.
Al quedar fuera la tercera parte del estudiantado, su brecha de desventaja en relación con el resto seguirá ampliándose; su desarrollo cognitivo será menos robusto y sus oportunidades futuras se verán disminuidas. Y como la mayoría de estos niños y jóvenes están en instituciones unidocentes o de comunidades con desventajas socioeconómicas, el resultado será un mayor incremento en la desigualdad estructural.
El ministro Sánchez señala la “realidad económica y fiscal del país” como razones por las cuales no se puede hacer lo que él quisiera, sino lo que resulta posible. En el fondo, sin embargo, se trata de un asunto de prioridades, de planeamiento y de uso eficiente de los recursos disponibles. Y si son más escasos que antes, se debe a opciones políticas.
Tal como reportó el Informe Estado de la Educación del año pasado, entre las razones por las que se ha agravado la crisis educativa del país está “el uso de la educación como variable de ajuste fiscal”, con la inversión más baja en años, así como la toma de “decisiones improvisadas, sin sustento técnico”. La enseñanza en informática ha sido víctima de ambas.
En noviembre de 2024, tras erráticas decisiones, el MEP anunció una “transformación disruptiva” mediante el Programa Nacional de Formación Tecnológica. Lo que ha existido, al contrario, es una disrupción corrosiva y regresiva. Lo que nos dice ahora el ministro es que deberemos esperar, al menos, dos años más para que exista el número de docentes suficiente para superar el gran déficit actual. Ojalá así sea, aunque por el ritmo que han llevado las contrataciones, lo dudamos mucho. Las víctimas estarán en las aulas dentro de pocos días.
