Salud

Ciencia costarricense vigila variante Delta de coronavirus aún sin presencia registrada en el país

Esta clasificación viral, vista por primera vez en India, sería un 60% más transmisible, la hospitalización sería dos veces más común y sería capaz de reducir la eficacia de algunas vacunas

Costa Rica le sigue la pista a la variante Delta del SARS-CoV-2, virus causante de la covid-19, sin que, por el momento, se tengan reportes de su presencia en el país.

Esta variante genera preocupación en la comunidad científica porque se ha visto potencialmente más transmisible y relacionada con mayor hospitalización. También algunas vacunas podrían tener menor efectividad.

¿Qué se sabe hasta el momento de esta variante? Para responder, La Nación revisó los últimos reportes de la literatura científica así como declaraciones internacionales al respecto, y entrevistó al costarricense José Molina, microbiólogo y doctor en bioinformática.

Una variante es una agrupación de mutaciones de un virus. Estas mutaciones surgen de las réplicas o copias que hace el virus dentro de las células.

Cada vez que se replica, comete “errores”; las copias no salen idénticas, hay cambios. A estos cambios se le llaman mutaciones.

Conforme se van dando mutaciones, estas se van agrupando en variantes.

La gran mayoría de las variantes no tiene implicación ni para su transmisión, ni para su agresividad ni para su letalidad, pero entre más se transmita y se disemine un virus, mayor será la oportunidad de generar nuevas variantes.

De vez en cuando surgen algunas que sí pueden presentar cambios clave. Este es el caso de Delta.

¿Cómo surgió Delta?

Esta variante, cuyo nombre científico es B.1.617.2, cambió su nombre a “Delta” luego de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió denominar las variantes que causan más preocupación con letras del alfabeto griego.

Esta es la cuarta variante de preocupación (VOC, por sus siglas en inglés), y fue vista por primera vez en India. En marzo pasado comenzó a tener preponderancia allí y posteriormente en otros países.

En Reino Unido se reporta como la variante de mayor crecimiento, donde estaría causando el 90% de los nuevos casos de covid-19. Esto llevó al primer ministro británico, Boris Johnson a retrasar este lunes cuatro semanas el levantamiento de restricciones.

En este momento hay presencia de Delta en 74 países.

Hay otras tres VOC: Alfa (reportada por primera vez en Reino Unido), Beta (emergida en Sudáfrica) y Gama (surgida en Brasil). Estas otras tres sí se han detectado en suelo costarricense.

¿Por qué preocupa esta variante?

Delta tiene varias mutaciones, pero dos preocupan más.

Ambas mutaciones están en la proteína espícula o espiga, también llamada S, ubicada en la superficie del virus y vital por ser la “puerta de entrada” del virus a las células humanas.

Una de las mutaciones se llama L452R, relacionada con la posibilidad de mayor transmisibilidad.

Además, está asociada con una reducción en la neutralización de un tipo de tratamiento que se estudia contra el virus, los anticuerpos monoclonales. Una neutralización podría afectar su efectividad.

L452R se relaciona con una reducción moderada de la neutralización del virus, lo que podría hacer que algunas vacunas no generen la eficacia deseada en algunas personas.

La otra mutación se denomina E484K y podría alterar la forma de una parte del virus crucial para el reconocimiento inmunitario. En otras palabras, al cambiar su forma es como si usara un disfraz, entonces la memoria de nuestras defensas creada con la vacunación no la reconocería de la misma forma.

¿Es más transmisible?

Datos de Reino Unido señalan que el virus sería hasta un 60% más transmisible que las primeras variantes del virus y cerca de un 50% más transmisible que la variante alfa.

“Delta es más transmisible. Más que Alfa, más que la versión ‘tradicional’. Esa información nos llega de muchos países donde está Delta”, manifestó Maria Van Kerkhove, jefa técnica de covid-19 de la OMS.

Una posible razón, según el médico estadounidense Eric Topol, es que podría replicarse mejor dentro del cuerpo, y, entre más copias del virus tengamos (más carga viral) este podría ser más transmisible.

Sin embargo, el virus no es el único componente de una mayor transmisión. El contagio es una tríada entre agente (virus), hospedero (personas) y ambiente.

Por eso, el comportamiento humano es decisivo. Si las personas tienen más contacto con otras y descuidan sus medidas esto podría aumentar la transmisión.

Y el ambiente tiene poder de influencia: en un lugar pequeño, cerrado y con poca ventilación es más fácil el contagio.

Para Van Kerkhove, hay datos que confirman que es más severa, pero se requiere mayor información.

Uno de estos datos surgió este lunes, de una investigación realizada en Escocia. El estudio, publicado en la revista The Lancet, indica que las personas infectadas con Delta tienen un riesgo dos veces mayor de ser hospitalizadas.

“El riesgo de requerir un hospital aumentó aproximadamente al doble en personas con la VOC Delta en comparación con quienes tenían la VOC Alfa, los internamientos aumentaron más en quienes tenían cinco o más factores de riesgo”, cita el documento, que tomó en cuenta 19.543 pacientes infectados con distintas variantes, en los que hubo 377 hospitalizaciones.

Los datos manejados por las autoridades británicas señalan que esta variante también tendría otros síntomas no tan comunes en las otras, como nariz congestionada y mucosidad excesiva.

El científico tico José Molina indica que deben analizarse con cuidado estos datos, especialmente si están relacionados con manifestaciones más agresivas o muertes.

“La forma en la que se presenta la enfermedad no depende solo del patógeno”, subrayó.

“No se puede emitir una conclusión y decir que una variante es causante de un cambio drástico de la presentación clínica. Un factor de mucho peso es la salud de la persona. Deben considerarse los factores de riesgo de los pacientes”, añadió.

¿Vacunas menos eficaces?

Aunque faltan estudios, también se sospecha que la efectividad de algunas vacunas podría disminuir frente a Delta.

“Las pruebas de diagnóstico funcionan. Hay varios estudios en desarrollo para ver el rol en las vacunas, pero los resultados disponibles nos dicen que las vacunas aún funcionan para evitar enfermedad grave y muerte”, destacó Van Kerkhove.

El estudio en The Lancet, sin embargo, sí habla de menos efectividad.

Por un lado, las vacunas tomarían más tiempo en comenzar a proteger contra Delta que contra las otras variantes. Normalmente se habla de 14 días, con Delta serían necesarios 28.

Por otro, la protección sí baja, aunque no de manera sustancial. En el caso del fármaco de Pfizer, la efectividad con otras variantes es del 92%, para Delta es del 79%.

Con el producto de AstraZeneca, esta baja de 73% a 60%.

No obstante, esta protección sigue siendo alta.

Los investigadores hacen la salvedad de que la mayoría de los hospitalizados no tenía la vacuna o no había completado su esquema.

Otros estudios no han encontrado tantos cambios. Por ejemplo, una publicación preimpresa (o preprint) con datos de 14.061 personas con la variante Delta (en los que hubo 166 internamientos), indicó que una dosis de Pfizer protegía en un 94% y dos dosis en 96% contra hospitalización.

Por su parte, una inyección de AstraZeneca daba 71% de efectividad y dos dosis un 94% contra internamientos.

“Esto confirma la importancia de completar el esquema de vacunación”, enfatizó Julia Stowe, investigadora principal.

No obstante, estos datos aún son preliminares y no han pasado la revisión rigurosa previa a la publicación en revista científica.

¿Hay mayor potencial de reinfección?

¿Qué sucede con quienes ya se infectaron del virus y aún no han llegado al momento de inocularse?

Para Molina, conforme los virus evolucionan, se van pareciendo menos a los originales, entonces es posible que el organismo tenga anticuerpos contra una versión “anterior” a la variante Delta y esto lo haga más propenso a infectarse de nuevo.

“El virus ha cambiado tanto que nuestro sistema inmune ya no es tan efectivo. Sin embargo, las reifecciones siguen siendo muy raras”, acotó.

Aunque las variantes pueden preocupar, la forma de prevención sigue siendo la misma.

- Lavado riguroso de manos.

- Distancia de al menos 1,8 metros con otras personas.

- Uso de mascarilla en sitios cerrados.

- Evitar espacios pequeños, cerrados, aglomerados y con poca ventilación.

“No hay una mascarilla específica o un jabón especial o un distanciamiento mayor o filtros específicos contra esta variante, pero debemos tomar más conciencia de cada acción”, concluyó Javier Méndez Rico, asesor Regional Enfermedades Virales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.