David Vargas. 17 septiembre

Cifras de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) indican que cada año el costo por pérdida y desperdicio de alimentos en países desarrollados equivale a $680.000 millones. Esta cifra cubriría 24 veces el endeudamiento del Estado costarricense en el 2018, que se estima en ¢16 billones.

El costo en dólares de alimentos perdidos o desperdiciados de los países en vías de desarrollo tampoco es de menospreciar: $310.000 millones, o 13 veces el monto de la deuda costarricense del 2018.

Toda la comida que se pierde o se desperdicia en Latinoamérica podría alimentar a una población de 300 millones de personas. Y solo una cuarta parte de todo el alimento perdido o desperdiciado en el mundo podría alimentar a 870 millones de personas hambrientas.

Este problema tiene grandes consecuencia económicas, sociales y ambientales para la humanidad.

Se define como pérdida el alimento con suficiente calidad y valor nutricional para consumo humano que se arruina o se extravía durante su proceso de producción. El desperdicio equivale a malas prácticas de intermediarios, comercios o consumidores en el manejo y preservación del producto terminado que acaba siendo descartado.

El Tecnológico de Costa Rica (TEC) lidera el esfuerzo en Costa Rica de disminuir este fenómeno como coordinador de la Red Costarricense para la Disminución de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos. En conjunto, con representación de la FAO, las universidades públicas, entidades estatales, empresa privada y personas interesadas en el tema, la red realiza estudios de casos en agrocadenas, capacitaciónes y desarrollo de estrategias de sensibilización para prevenir y disminuir la pérdida y el desperdicio de alimentos.

El trabajo de la red busca impactar en las empresas e individuos que trabajan en el sector alimentario.

En el TEC, las escuelas de Agronegocios, Ingeniería en Electromecánica, Biología, Diseño Industrial, el programa de Gestión del Turismo Sostenible y la Maestría de Gestión de Recursos Naturales y Tecnologías de Producción están involucradas en realizar estas acciones, al igual que los estudiantes por medio de sus iniciativas.

En abril de este año, la Red organizó un taller para capacitar a 60 chefs, gerentes, emprendedores, administradores de comedores institucionales y gestores ambientales para medir el despilfarro de alimentos con el fin de reducirlo.

“Reconocemos el beneficio que esto representa para estos importantes actores del sector alimentario, pues al capacitarse pueden empezar a tomar control de las pérdidas y desperdicio de alimentos”, comentó Laura Brenes, coordinadora de la Red e investigadora de la Escuela de Agronegocios del TEC.

Costa Rica asumió el compromiso de disminuir a la mitad el desperdicio de alimento para el años 2030.

Entre las iniciativas promovidas por la Red está la de redistribución de los alimentos sobrantes en buen estado de hoteles, restaurantes y servicios de catering del país, en beneficio de poblaciones vulnerables.

También, la educación desde tempranas edades para crear conciencia a la población de este problema y tener posibles soluciones.

En el mundo se pierde y se desperdicia 30% de la producción de cereales, de 40% a 50% de los tubérculos, frutas y verduras, 20% de semillas para aceite, carnes y productos lácteos, y 35% de la pesca.

Mientras en los países en vías de desarrollo la pérdida y el desperdicio ocurre luego de la cosecha y durante la fase de procesado, en los países desarrollados ocurre durante en la fase de comercialización y consumo.

Cada año, los consumidores en países industrializados desperdician el equivalente a la cantidad neta de la producción alimentaria de los países subsaharianos, unas 230 millones de toneladas métricas.

En la fase de comercialización, gran parte del desperdicio ocurre debido a los estándares de calidad que sobredimensionan el valor de la apariencia perfecta del producto.