Por: David Vargas.   21 diciembre, 2017
Muestra del asistente digital Google Home en una casa. Shutterstock
Muestra del asistente digital Google Home en una casa. Shutterstock

Para quienes siguen la tecnología, el 2017 fue un año cargado de hechos que influenciarán cómo sus avances moldearán nuestro día a día. En este nicho, las noticias son tan volátiles como el valor de la criptomoneda BitCoin.

En el último mes del 2017 esta moneda virtual, sin una entidad bancaria que la respalde ni una estructura financiera que la regule, creció en valor de manera exponencial. Bitcoin anda en boca de todos (todos los interesados en tecnología) y en Costa Rica ya hay algunos comercios que la aceptan para transacciones. Creada en el 2008 como un sistema de remuneración virtual y descentralizado, hoy ya hay indicios que la criptomoneda podría manifestarse en el mercado real, ya que cada vez su valor aumenta y los inversionistas no le quitan ojo.

Diciembre fue también el momento en que la entidad regulatoria de comunicaciones en Estados Unidos echó marcha atrás a una serie de normas que garantizaba la neutralidad de Internet. Esto ocurrió en un país en donde residen la mayoría de los centros de datos más importantes y uno de los puntos de tráfico virtual más grandes del mundo.

El cambio de dirección de la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos por sus siglas en inglés) abre portillos para que los proveedores de Internet tengan potestad de incidir en el tipo de contenido que circula por la web, o de favorecer a quien pague más dinero para que pueda incidir en la velocidad de acceso de ciertos datos.

A lo largo del año vimos a las computadoras portátiles hacer las de Lázaro y levantarse de entre los muertos. La consolidación en el mercado de laptops como la Microsoft Surface Laptop, y la nueva Apple MacBook Pro salvaron a este dispositivo de su extinción. Los fabricantes vieron como las tablets no llenaron por completo las expectativas de quienes buscaban una solución de trabajo potente y ligera, por lo que las volvieron a meter a la cancha.

Ahora las tablets le siguen la pista a las laptops

En el 2017 se cumplieron 10 años de la existencia del smartphone moderno. En el 2007 se introdujo el iPhone de Apple: un dispositivo revolucionario que cabía en la palma de la mano, con una micropantalla totalmente programable y adaptable, con cámara fotográfica y conexión móvil a Internet. Hoy, todos los fabricantes siguen ese esquema (el teclado físico dejó de existir), todos los diseñadores de apps usan el mismo lenguaje táctil, y casi la totalidad de nuestra experiencia con el mundo virtual se hace a través de este aparato.

En 10 años de vida, el smartphone también fue responsable de impulsar las redes sociales a un plano muy personal, y de colocar al lenguaje audiovisual como la lingua franca del Internauta. En una década el teléfono inteligente dejó de ser un gadget y ahora es parte de nuestra identidad: el tipo de teléfono que uso define de cierta forma qué tipo de persona soy en un mundo totalmente tecnificado.

Quizás el avance tecnológico más significativo de estos aparatos es la cámara fotográfica. No para tomar mejores selfies; una cámara fotográfica cada vez más potente nos coloca a las puertas de usar la fotografía como fuente y método de información: la imagen podría convertirse en el término de búsqueda más ágil para solicitar información.

Imagine la posibilidad de que un buscador como Google sea capaz de identificar el contenido de una fotografía y pueda relacionarle términos y etiquetas. Un usuario sería capaz de fotografiar una berenjena en un supermercado y encontrar recetas y consejos de cómo cocinarla, mientras que otro podría fotografiar un repuesto para un automóvil y encontrar tutoriales e instructivos de cómo instalarlo en su vehículo.

Para lograr esto, el plan está en marcha. Los avances en la computación cognitiva, donde las máquinas identifican patrones y tendencias a partir de cantidades inmensas de datos, ha ocasionado que el apoyo de nuestros dispositivos esté cada vez más presente en nuestra vida cotidiana. Los asistentes digitales como Alexa, Siri, Cortana y Google Assistant saltaron fuera de nuestras laptops y teléfonos para caer en nuestra sala, nuestra cocina y nuestro automóvil.

Nuestros aparatos anticipan cada vez mejor nuestros gustos, preferencias y necesidades, nos entienden mejor cuando les giramos instrucciones habladas o nos ofrecen productos y servicios que nos puedan interesar en el momento en que estamos abiertos a una oportunidad de compra.

Todo esta parte de la cotidianeidad está sentado sobre bases computacionales de inteligencia artificial y aprendizaje de máquinas, y el 2017 las empresas tecnológicas abiertamente manifestaron que ese será el camino que tomarán.

Lo que se describió arriba no es ciencia ficción, es lo que pasó en el 2017. Es historia. Imagíneselo que podrá leer en este mismo sitio 365 días más adelante.