
El mandatario Rodrigo Chaves, posible ministro de la Presidencia de la próxima administración, empezó a quemar los puentes que el gobierno de Laura Fernández podría entablar con los partidos de oposición en la Asamblea Legislativa.
En lugar de la negociación, el político optó por una estrategia que busca ampliar la bancada oficialista en el Congreso, hasta alcanzar 38 votos, con un objetivo principal: propiciar una reforma constitucional que le permita optar por la reelección presidencial en el 2030. Actualmente, los exgobernantes deben esperar ocho años para postularse de nuevo.
Esta reforma podría ser el norte del próximo gobierno, además de que una mayoría calificada permitiría al Poder Ejecutivo tomar control de los demás poderes del Estado y levantar garantías individuales como la libertad de tránsito, la libertad de reunión, el secreto de las comunicaciones y el derecho a no ser detenido sin un indicio comprobado.
En busca de ese objetivo, Chaves apunta a la fracción del Partido Liberación Nacional (PLN) por considerarla el punto débil de la oposición. El mandatario ve posible reclutar al menos siete de los 17 diputados electos del PLN para llevarlos al oficialismo, que contará con 31 curules.
Públicamente, declaró que podría haber “buenos” legisladores del PLN. Cuando usa ese término, se refiere a congresistas que podrían romper la línea que Liberación ofreció en campaña en votaciones cruciales, o bien, pasarse del todo a las tiendas del gobierno.
El excandidato Álvaro Ramos y el jefe de fracción electo de los veriblancos, Álvaro Ramírez, confían en que los 17 diputados entrantes del PLN están cohesionados y firmes en que no aceptarán levantar garantías individuales ni apoyarán la reelección presidencial continua. De hecho, Ramos calificó de “alta traición” el hecho de que un verdiblanco acepte suspender garantías, porque considera que se abriría la puerta a una dictadura.
Chaves no ve posibilidad de atraer a los legisladores del Frente Amplio (FA), a Claudia Dobles o a Abriel Gordienko, de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC) y la Unidad Social Cristiana (PUSC), respectivamente. A estas últimas las descalificó de antemano tildándolas de “irrelevantes”. Sin embargo, los hechos recientes le dan la razón en que el PLN podría ser el punto débil de la oposición.
En el actual periodo, tres diputados del PLN se han separado explícita o implícitamente de su partido y votan en sintonía con el oficialismo.
Además, el gobierno logró que cuatro alcaldes elegidos por Liberación se pasaran a las filas del gobierno para las elecciones de 2026 y, en todos estos municipios, ganó el Partido Pueblo Soberano (PPSO).
Ya empezaron los acercamientos del gobierno hacia los diputados electos del PLN. El Frente Amplio lo sabe y, por eso, llamó a los cuatro partidos de oposición a firmar un pacto contra las amenazas antidemocráticas.
La búsqueda de votos de Liberación puede empezar con una etapa de ofertas sobre determinados intereses. No obstante, la experiencia reciente muestra que el Poder Ejecutivo también puede recurrir a medidas coercitivas contra opositores, como afectaciones de empleos, congelamiento de proyectos de ley y procesos administrativos de instituciones, incluso de entidades insospechadas como el Patronato Nacional de la Infancia (PANI). En forma paralela, ha habido retiro de visas para viajar a Estados Unidos, únicamente a figuras políticas opositoras a Chaves.
Encrucijada para el PLN

Este panorama implica una encrucijada para el PLN: mostrarse como un partido de oposición cohesionado o desmoronarse.
El electorado opositor está a la expectativa y, de hecho, ya tiene cierta desconfianza en Liberación. Prueba de ello es que el PLN fue el partido más afectado por el quiebre del voto en los comicios del 1.° de febrero. Aunque Álvaro Ramos obtuvo 820.000 votos para presidente, su partido recibió unos 555.000 votos para diputados. Esto le costó curules que se asignaron, principalmente, al Frente Amplio.
Liberación también debe tener en cuenta que, en las elecciones del 2026, logró algo que no había conseguido desde hace muchos años: su papeleta presidencial captó un voto emocional que no necesitó de una costosa campaña política.
La campaña verdiblanca registró la mejor relación entre dinero invertido y cantidad de votos, con solo ¢798 por sufragio, incluso mejor que los datos de Pueblo Soberano. Gastó poco en relación con la cosecha, aunque quedó en segundo lugar.
Podría haber bases para una renovación partidaria de Liberación como parte del bloque opositor, máxime que fueron precisamente el PLN y el Frente Amplio los partidos que lograron mantener una representación legislativa fuerte, después de sostener por cuatro años posiciones críticas hacia la administración chavista.
No sucedió lo mismo con partidos como Nueva República y la Unidad Social Cristiana, donde Rodrigo Chaves encontró terreno fértil para saquear las fracciones legislativas y ahora prácticamente desaparecen esas banderas del plenario o quedan en su mínima expresión.
