
Ivania Torres falleció nueve días después de que le hicieran una cirugía plástica. Tenía 40 años de edad, era docente y madre de tres hijos. Lo primero que sintió fue dolor intenso, debilidad extrema, falta de apetito y dificultad para moverse, según sus allegados.
No quería probar un bocado ni sostener el teléfono para hablar con sus familiares. Por esa razón fue trasladada de urgencia al hospital Calderón Guardia, donde descubrieron que tenía una gran cantidad de líquido en el abdomen, sin que se tuviera claridad sobre el origen. Torres se haría una abdominoplastia pero, presuntamente, fue convencida de realizarse otras intervenciones en piernas y brazos. Todo por ¢1,8 millones.
El 19 de enero, Torres falleció luego de un derrame cerebral y un infarto. Cuatro días después, el 23 de enero, Regina Brumley Ker, de 43 años, falleció después de practicarse una abdominoplastia, liposucción en brazos y lipotransferencia.
Tanto Torres como Brumley fueron operadas en la misma clínica estética, Ola, ubicada en Pavas. Revista Dominical consultó a este centro estético, pero respondieron que, debido a que se trata de un proceso en revisión y de alta sensibilidad, “por el momento no estaremos brindando entrevistas ni ampliando información adicional, más allá de lo que ya se ha comunicado oficialmente”.
El 5 de febrero, agentes de la Sección de Homicidios del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) allanaron esta clínica como parte de la investigación de las muertes de Torres y Brumley. La Policía Judicial precisó que se investiga el delito de lesiones por mala praxis.
Al día siguiente, la clínica Ola publicó que, desde el primer instante, se ha puesto “en total disposición para colaborar con las autoridades competentes, poniendo a disposición toda la información necesaria para el análisis técnico y médico de cada caso, con absoluta transparencia y respeto por los procesos de investigación en curso”.
Pese a que la clínica no respondió a La Nación consultas para conocer sus protocolos, estándares y recomendaciones que se les brinda a los pacientes, en el comunicado oficial la clínica asegura que cuenta con 10 años de brindar servicios de cirugía y procedimientos estéticos. Además, recalca que cuenta con un equipo conformado por cirujanos incorporados y avalados por el Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica.
“Nuestras instalaciones y procesos cumplen con todos los requisitos establecidos por el Ministerio de Salud y los entes reguladores correspondientes”, añade el comunicado.
Pero estas no fueron las primeras muertes del año. El 15 de enero falleció Cinthya Carvajal Guevara, de 48 años de edad, luego de una intervención estética en otra clínica, Nova Estética, ubicada en Rohrmoser.
De manera que ocurrieron tres muertes en ocho días con características similares. En el caso de Carvajal Guevara se confirmó que el doctor que la atendió, Rodolfo Villalobos de la Peña, era médico cirujano, pero no contaba con la especialidad en Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética (el médico y la clínica dijeron en un comunicado: “Reiteramos nuestra total disposición para colaborar plenamente con las autoridades judiciales competentes y con cualquier investigación que se lleve a cabo”).
Esto ha abierto un debate sobre los límites de las funciones de los médicos generales.
Revista Dominical envió consultas al doctor Rodolfo Villalobos de la Peña, de la clínica Nova, para hablar sobre las regulaciones a los procedimientos estéticos, pero, hasta el cierre de esta edición, no respondió.
Las hospitalizaciones por faltas en los procedimientos estéticos no son tan extrañas en Costa Rica. Entre el Hospital México, San Juan de Dios y Calderón Guardia reciben entre 3 y 5 casos mensuales de complicaciones por cirugías estéticas, según datos revelados en el programa 7 Días. Esto les genera un costo de $42.800 a los centros médicos, aunque este monto se puede elevar sin requerir intervenciones mayores.
Fuentes consultadas por Revista Dominical para este reportaje refirieron que al menos una persona muere por estos procedimientos, pero los medios no suelen darle cobertura. Actualmente, existe una persona hospitalizada en el Hospital San Juan de Dios, a quien le perforaron el intestino y le provocaron una sepsis, una infección generalizada.
Las complicaciones que suelen sufrir las personas luego de un procedimiento estético son infecciones severas, necrosis (tejidos muertos) o daños físicos por operaciones con resultados no deseados. Muchas de estas personas no suelen denunciar por vergüenza, pero, sobre todo, porque un proceso legal puede durar años en Costa Rica y eso conlleva pagos costosos de abogados. De acuerdo con las fuentes, muchos casos terminan en acuerdos de mediación.
No obstante, los casos de homicidios culposos en modalidad de mala praxis aumentaron en los últimos años: de 42 en 2022 a 73 en 2025, de acuerdo con datos del Ministerio Público.
Durante 2025, la Fiscalía del Colegio de Médicos y Cirujanos recibió 22 denuncias por aparentes transgresiones al Código de Ética en procedimientos estéticos.

¿Por qué no hay regulación?
Tal como está la ley actualmente, los médicos generales pueden hacer cualquier tipo de procedimiento: desde una cirugía plástica, obstétrica o de corazón, por ejemplo. Están legalmente autorizados. Lo único que no pueden hacer es anunciarse como especialistas.
Ante el surgimiento de las especialidades médicas, desde hace años esto ha sido objeto de debate entre especialistas. Entonces, desde hace unos 10 años, el Ministerio de Salud solicitó al Colegio de Médicos que hiciera el perfil del médico general y de los especialistas, con una lista de los procedimientos que pueden hacer y cuáles no.
Esto llevó un proceso para estudiar los currículos y los perfiles, hasta aprobarse en una asamblea general. El perfil del médico general costó más, ya que se necesitaron hasta tres asambleas generales para que los asociados llegaran a un consenso.
Finalmente, el documento se aprobó, fue enviado al Ministerio de Salud, que lo avaló y lo remitió para que se firmara en Casa Presidencial. El decreto fue firmado por el presidente Rodrigo Chaves y la ministra de Salud, Mary Munive, desde el 26 de junio de 2025, según consta en una copia que tiene RD.
Sin embargo, el decreto fue enviado para su publicación a La Gaceta el 3 de diciembre y no se publicó. El presidente del Colegio de Médicos, Elliott Garita Jiménez, dijo que el ministro de Seguridad, Mario Zamora, intervino en la Imprenta Nacional, adscrita al Ministerio de Gobernación, Policía y Seguridad Pública, para revisar el decreto.
Esta revista consultó al Ministerio de Seguridad por esta intervención y las razones por las que no se ha publicado el decreto, y solo respondieron que el presidente Rodrigo Chaves se pronunció sobre este tema en la conferencia de prensa del miércoles 4 de febrero.
En realidad, el presidente se refirió a este tema durante la conferencia de prensa del 28 de enero, en la que dijo que los médicos generales le dijeron que los especialistas quieren, con el decreto, limitar las funciones hasta dejarlos como “enfermeros glorificados”.
Además, Chaves dijo que los médicos generales le manifestaron: “No, hombre, presidente, lo están baboseando, se han muerto varias pacientes femeninas a los médicos especialistas. Y yo estoy viendo como un partido de tenis, y estamos haciendo los procedimientos para clarificar este debate en el que yo no tengo vela en ese entierro”.
El doctor Ronald Pino, presidente de la Asociación de Médicos Especialistas en Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética (Amecpre), dijo que en medicina todo procedimiento puede tener complicaciones. “Pero lo que sí está estadísticamente demostrado es que las complicaciones son menores cuando el procedimiento lo hace un especialista”, explicó Pino.
Finalmente, Chaves dijo que se analizaría el decreto –ya firmado por él– y se enviaría a consultar a la Procuraduría para proceder a la publicación.
El doctor Elliott Garita Jiménez, presidente del Colegio de Médicos, dijo que le llama la atención que, habiendo notificado a las partes y haciendo el proceso en tiempo y en derecho, el gobierno decidió, a última hora, no publicarlo.
“La muerte de costarricenses en lugares no preparados para tratamientos médicos es un problema de salud pública”, dijo Garita. “Al Ministerio de Salud le corresponde hablar al respecto, pero no ha hecho mención alguna en este caso”, añadió.
El jerarca Mario Zamora dijo: “Cualquier consulta relacionada con ese decreto podrá dirigirlas al máximo jerarca del Poder Ejecutivo, sea el presidente de la República”.
“Las instrucciones dadas en relación con el decreto mencionado han estado a expensas de lo que determinen el Ministerio de Salud y Casa Presidencial, por lo que el suscrito no tiene competencia para referirse al tema”, aseguró Zamora.
RD envió nuevas consultas al Ministerio de Seguridad, al Ministerio de Salud y a Casa Presidencial, para conocer quiénes son los médicos que objetaron el decreto ya firmado –teniendo en cuenta que fue consensuado por los médicos generales en el Colegio de Médicos– y cómo se produjeron estas comunicaciones con ellos, y por qué motivaron el freno de la publicación del decreto presidencial. Sin embargo, ninguno de los ministerios respondió a las consultas al cierre de esta edición.
Experiencia con cirugías
Adriana Corella es una modelo de 34 años de edad. Alta y rubia, de rasgos armónicos y cuerpo proporcionado. Cuenta que hace unos años tuvo “una muy mala experiencia” con un doctor –prefiere omitir su nombre– que le vendió peptonas, utilizadas para tonificar, reafirmar y aumentar el volumen de músculos como los glúteos al estimular la regeneración celular, y ácido hialurónico, para hidratar la piel, lubricar articulaciones y cicatrizar tejidos, pero tuvo malestares inmediatos.
Cuando Corella llamó a reclamar, el doctor le respondió: “No tienes ácido hialurónico, te puse otra sustancia y deberías sacarla”. Corella solucionó el problema con otro médico, pero le quedó de experiencia consultar en el Colegio de Médicos si el doctor con el que quiere hacerse un procedimiento es especialista en cirugía plástica.
Actualmente, se puede determinar si un profesional está certificado como especialista visitando la página del Colegio de Médicos, www.medicos.cr, donde se enlistan todos los médicos según especialidad. La otra forma es verificar en el sitio de la Asociación de Médicos Especialistas en Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética (Amecpre), https://amecpre.com/miembros/, donde aparecen los 50 profesionales asociados.
El doctor Ronald Pino King, presidente de Amecpre, dijo que en el país hay alrededor de 57 cirujanos plásticos. Solo algunos no han querido formar parte de la asociación, mientras que otros no han sido aceptados por esta entidad debido a que no cumplen ciertos requisitos éticos y morales, como comprometerse a seguir el código de ética y no tener denuncias en el Colegio de Médicos.
El doctor Elliott Garita Jiménez, presidente del Colegio de Médicos, dijo que en los últimos años se ha aumentado la demanda de las cirugías plásticas –debido en parte al envejecimiento poblacional– en complejidad y en número.
Médicos “intrusistas” con cursos en el extranjero
A diferencia de los médicos generales, que estudian la carrera durante 6 o 7 años, los médicos especialistas en cirugía estética deben estudiar cuatro años más para ser cirujanos generales y tres años más para la subespecialidad en cirugía plástica. Es decir, la diferencia entre un cirujano plástico y un médico general son al menos siete años de estudio.
El fenómeno que se ha presentado en la última década es que los médicos generales toman cursos de liposucción o aumento de mamas, por ejemplo, en Brasil, México y Colombia, entre otros países, donde les brindan diplomas que luego cuelgan en consultorios con nombres como “médico estético”, “esteticista”, “médico de la belleza”, “doctor de reinas”, “doctor 360” o “doctor láser”, entre otros.
El doctor Ronald Pino los llama “intrusistas”, porque realizan procedimientos sin ser especialistas. Sin embargo, ante el vacío legal y la falta de regulaciones, tienen permiso para realizar cualquier procedimiento.
“Es muy diferente esos cursos a siete años de especialidad. Y, además, nosotros hacemos capacitación continua: en la asociación hacemos congresos, charlas y estamos adscritos a la Federación Iberoamericana, que también constantemente está haciendo congresos presenciales y virtuales”, añadió Pino.
Estas clínicas estéticas suelen ser agresivas en promociones en redes sociales, donde muestran a pacientes que han tenido “éxito”. Los precios, además, casi siempre son más bajos que el promedio. En redes sociales se pueden encontrar promociones como “Trae a tu amiga y te hacemos precio”, “Aprovecha el descuento” o “Compra una tarjeta de membresía y opérate cuando quieras”.
Diferencia de precios
Esto genera que una operación de aumento de mamas que, por lo general, cuesta $4.000, en algunas de estas clínicas se ofrezca a $1.500. De la misma forma, una liposucción que puede costar $6.000 (depende de la zona y la cantidad) en promociones puede encontrarse en $3.000 o $4.500.
En el caso de las intervenciones faciales: lifting, blefaroplastia (párpados), rinoplastia (nariz), otoplastia (orejas), bichectomía (mejillas) y mentoplastia (mentón), pueden ascender a $7.000. En estos casos, sin embargo, el doctor Pino dijo que “los intrusistas se atreven menos” a realizar estos procedimientos.
Tomar la decisión de hacerse una cirugía plástica es un tema personal. Durante años esta ciencia ha sido polémica, porque se cree que es exclusiva de la vanidad. Sin embargo, la cirugía plástica reconstructiva se utiliza también para reconstruir consecuencias de deformidades y enfermedades: labios leporinos, cicatrices por accidentes, colocar implantes mamarios a mujeres que han sufrido amputaciones por cáncer o corregir exceso de piel después del parto, entre muchas otras.
Clínica estética
Para conocer una clínica que cumpla con los parámetros de seguridad médica, fuimos al consultorio del doctor Ronald Pino, presidente de Amecpre y miembro de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos, Clínica Pino, ubicada en Rohrmoser.
Es una estructura de una sola planta pero extensa y larga: atraviesa hasta la otra calle. De modo que aquí están separados, por un corredor intermedio o espacio de transición, el consultorio, donde se reciben las consultas iniciales de los pacientes, y la clínica, donde se practican las cirugías mayores.
En el consultorio existe una sala donde se practican cirugías menores: extirpación de lunares y lesiones cutáneas benignas; resección de quistes sebáceos, corrección de cicatrices, eliminación de verrugas, entre otros. Todo este cuarto, la clínica y el consultorio tienen piso revestido de baldosas de cerámica (no existe alfombra) para que pueda ser lavado y desinfectado constantemente. Los remates inferiores de las paredes (rodapié) no son de pintura, sino también de cerámica, para que no acumulen polvo o bacterias.
El corredor que separa la clínica del consultorio administrativo se encuentra al aire libre para que no se transmitan bacterias entre ambos lados. En la clínica todo luce como en un hospital: blanco, limpio, desinfectado, y no se puede acceder a la sala de operaciones sin una ropa especial y esterilizada.
Pudimos ver la sala de operaciones desde afuera, en un pequeño jardín interior que está separado por un ventanal de vidrio. Desde ahí se ve una camilla quirúrgica, con sábanas limpias, bajo un brazo de lámpara quirúrgica. A la par hay varios monitores y equipos médicos: torre de anestesia, monitoreo de signos, desfibrilador, pantallas y carros instrumentales con bandejas y equipos.
Al fondo hay un mueble vitrina con estantes llenos de gasas, paños y material. La parte superior de este mueble, por ejemplo, no es plana, sino que tiene una bajada para poder ser limpiada con facilidad y que no acumule suciedad.
Todo es de material de acero inoxidable, hasta la amplia puerta batiente de doble hoja, que cuesta entre $4.000 y $5.000. Uno de los detalles que pasa desapercibido es el sistema de aire de flujo laminar: un sistema de ventilación y filtración que hace que el aire se mueva en una sola dirección, a velocidad uniforme y con mínima turbulencia, que sale desde cuatro rejillas en el techo hacia el suelo, para que el aire no rebote como con un aire acondicionado normal, y así evitar que el aire se contamine y mantener el campo quirúrgico lo más estéril posible. Este sistema de aire cuesta $100.000.
Separada del quirófano se encuentra la sala de recuperaciones, donde están varias camillas, separadas por cortinas de plástico que están 30 centímetros sobre el suelo (medidas estándar de seguridad), cada una con equipos de oxígeno para cualquier caso de emergencia.
Al final de la clínica hay una puerta trasera, por donde salen las personas luego de las operaciones. Esto para evitar infecciones con las personas que entran a la clínica, pero también por discreción de los clientes, dice el doctor Ronald Pino.
Luego de la mala experiencia, la modelo Adriana Corella se ha realizado operaciones de nariz, liposucción, caderas y labios, “proporcionadas a los que elegí en su momento”, en la clínica del doctor Pino. Según Corella, el proceso en esta clínica ha sido “seguro y muy profesional, lo que uno busca”.
