
La primera incursión en la Asamblea Legislativa del partido chavista Pueblo Soberano (PPSO) plantea una serie de interrogantes y también especulaciones sobre la capacidad de la agrupación de mantener a sus integrantes cohesionados, debido a una serie de particularidades que diferencian a esta bancada de las demás que han llegado a Cuesta de Moras.
La mayoría de quienes ocuparán una curul no cuentan con un arraigo o lealtad partidaria hacia Pueblo Soberano, ya que no han militado en la agrupación. Pilar Cisneros, jefa de la fracción oficialista y artífice del proyecto chavista, siempre se ha referido al PPSO y Progreso Social Democrático (PPSD) como meros taxis electorales para poder acceder a los puestos de poder.
Incluso muchos de ellos provienen o han tenido vínculos con otras agrupaciones políticas tradicionales, como los partidos Unidad Social Cristiana (PUSC), Acción Ciudadana (PAC) o Liberación Nacional (PLN).
El grupo más consolidado sería el que proviene directamente del Poder Ejecutivo actual, exjerarcas que al menos se conocen y trabajaron juntos en la administración de Rodrigo Chaves, y que, por lo tanto, ya están familiarizados con la propuesta política. Estos son: Stephan Brunner, Nogui Acosta, Anna Katharina Müller, Marta Esquivel, Juan Manuel Quesada, Nayuribe Guadamuz, Osvaldo Artavia y Esmeralda Britton.
A este bloque se le podrían sumar otros nombres de personas que también ya tuvieron participación en la primera etapa del proyecto chavista, este sería el caso Yara Jiménez, secretaria del Consejo de Gobierno, y quien ocuparía la presidencia legislativa; Cindy Murillo, quien es asesora del diputado Daniel Vargas, subjefe de la bancada oficialista del PPSD; María Isabel Camareno, exdirectiva de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), y Ariel Mora (conocido como le profe Ariel), quien fungió como consejero presidencial.
Los evangélicos y otros grupos
El otro sector más visible, proviene del ala conservadora. Esta es representada por los pastores evangélicos: Gonzalo Ramírez, Kattya Mora, Gerardo Bogantes y Robert Barrantes (conocido como Robert Jr). A estos también se une Cindy Blanco, quien tiene una relación laboral con el pastor Rodolfo Arias.
Hay dos legisladores que también representarían a las otras dos agrupaciones que se habían identificado como chavistas, pero que decidieron formar una alianza con Pueblo Soberano y así evitar la dispersión en el voto: Motiva y Creemos. Royner Mora, si bien fue ministro de Deportes, es hermano del Roilan Mora, presidente de Motiva, mientras que Antonio Barzuna fue parte de Creemos.
También hay otras dos figuras que podrían marcar su propia agenda. Es el caso de Mayuli Ortega, presidenta del PPSO, y José Miguel Villalobos, que tiene como principal carta de presentación el ser abogado personal del presidente Rodrigo Chaves. Está por verse qué apoyos pueden obtener de los restantes 10 integrantes de la bancada o del resto de liderazgos ya consolidados.
En el caso de Ortega, ella ha defendido al partido y siempre ha abogado porque esta agrupación sea la casa el chavismo, lo cual no está asegurado, por el mismo desdén que este movimiento ha mostrado hacia estas organizaciones políticas.
Consultada al respecto, la próxima presidenta legislativa negó que estas diferencias pongan en riesgo la unión del grupo y que vaya a provocar que el mismo se fracture. “No, yo no creo que eso vaya a pasar”, expresó Yara Jiménez.
“El hecho de que todos vengamos de diferentes sectores, como el sector cristiano y las personas que veníamos de trabajar con don Rodrigo Chaves, eso no es una razón para que estemos fragmentados. Al contrario, nosotros tenemos reuniones constantes, nos conversamos entre nosotros muchísimo, y yo siento que tenemos una unión de equipo interesante”, añadió.
¿Lucha interna de poder?

Según el politólogo y analista legislativo Daniel Calvo, como en toda fracción numerosa, van a existir grupos de mayor confianza y mini bloques internos, pero en este caso se vuelve más visible por la cantidad de actores y sus distintos orígenes.
A esto se suma que, a diferencia de la actual bancada oficialista -donde el liderazgo de Pilar Cisneros ha sido incuestionable—, en Pueblo Soberano no se perfila una figura con autoridad suficiente para ordenar al conjunto. “Hoy no hay una voz cantante clara que pueda alinear a todos”, señaló el experto. Debido al corte personalista del chavismo, el único con una capacidad real de ordenar la fracción sería Rodrigo Chaves.
En ese contexto, la presencia de múltiples figuras con perfil alto y aspiraciones políticas propias podría intensificar las tensiones internas, ante eventuales luchas de poder. Calvo apunta a que varios legisladores podrían intentar posicionarse de cara a futuras etapas de sus carreras, lo que introduce agendas individuales dentro de la fracción.
Otro elemento que podría incidir es la falta de cohesión previa entre los integrantes. “Hay diputados que prácticamente no se conocen entre sí”, indicó el analista, lo que contrasta con partidos tradicionales donde la militancia facilita relaciones internas más consolidadas. Esto podría extender el periodo de acomodo de la bancada.
Pese a estos factores, Calvo considera que existen elementos que podrían contener una eventual fragmentación. El principal es el ejercicio del poder como incentivo para mantenerse unidos, especialmente en los primeros años de gestión y de cara a próximos procesos electorales.
Experimento político
Pueblo Soberano plantea un caso particularmente atípico dentro de la política costarricense, lo que dificulta prever cómo actuará su bancada en el Congreso.
Una de sus características más notables es que, pese a haber sido fundado en 2022, debutará en la arena política no solo con el control del Poder Ejecutivo —encabezado por la presidenta electa Laura Fernández—, sino también con mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa, al contar con 31 de los 57 escaños.
El antecedente más cercano, aunque con diferencias sustanciales, se remonta a la administración de Luis Alberto Monge, en 1982, cuando el PLN obtuvo 33 diputados. Sin embargo, en ese momento se trataba de una fuerza política consolidada, con experiencia previa en el ejercicio del poder.
Para entonces, el PLN ya había gobernado en cuatro periodos anteriores: primero con José María Figueres (1953-1958), luego con Francisco Orlich (1962-1966), seguido por el segundo mandato de Figueres (1970-1974), hasta llegar a la administración Monge (1982-1986).
El caso de Pueblo Soberano es distinto. La agrupación se presentó ante el electorado como un vehículo electoral del proyecto político de Rodrigo Chaves, con el objetivo de dar continuidad a su administración. El mandatario llegó al poder en 2022 bajo la bandera del PPSD con una bancada inicial de diez diputados que, en la práctica, se redujo a ocho tras la salida de María Marta Padilla y el distanciamiento de la presidenta del partido, Luz Mary Alpízar, quien actuó al margen del resto de la fracción.
Este contraste refuerza la idea de que Pueblo Soberano no solo carece de una estructura partidaria tradicional, sino que además concentra poder político desde su primer momento en el escenario nacional, sin los procesos de maduración interna que históricamente han acompañado a otras fuerzas.
En ese sentido, Calvo advirtió que la combinación de una bancada numerosa, sin militancia consolidada y con múltiples liderazgos internos convierte a esta agrupación en un experimento político difícil de anticipar en su comportamiento legislativo.
