
Pocas personas, sin distinción de género o nacionalidad, están tan capacitadas para ocupar la Secretaría General de las Naciones Unidas como Rebeca Grynspan. Si a sus atestados, que constituyen lo esencial para asumir tan importante cargo global, añadimos que es mujer y costarricense, con mayor razón celebramos que haya sido postulada para al cargo por el gobierno.
Esperamos que a la propuesta siga un vigoroso impulso a la candidatura desde la Cancillería. Además, en lo que valga, expresamos nuestro apoyo a su justa y oportuna aspiración.
El género no es un asunto menor. Desde su establecimiento hace 80 años, los nueve secretarios generales de la organización han sido hombres. A estas alturas en el desarrollo de la humanidad, que cuenta entre sus principales logros el avance en la igualdad de géneros, resulta inaceptable que el máximo organismo internacional se haya mantenido apegado a inercias del pasado, a pesar de existir candidatas competentes. Grynspan destaca entre ellas.
Tampoco es desdeñable que sea costarricense. En la lista de ocupantes del cargo solo hay un latinoamericano: el peruano Javier Pérez de Cuéllar, que lo ejerció entre 1982 y 1991. En cambio, lo han detentado cuatro europeos –incluyendo el actual, António Guterres–, dos asiáticos y dos africanos. Es decir, el desbalance geográfico no admite dudas.
Nada esto, sin embargo, garantiza que habrá una sucesora latinoamericana a partir del 1.° de enero de 2027. La razón es que, además de los atestados de los candidatos o candidatas, un factor esencial para el éxito son los balances políticos que conduzcan al consenso entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Rusia.
De acuerdo con el artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas, corresponde a este órgano recomendar el candidato a la Asamblea, y en él nada relevante ocurre si alguno de esos cinco ejerce otro de sus privilegios: el veto. Su apoyo, por ello, es un umbral indispensable, y a la vez difícil, de superar. Sin embargo, la manera en que Rebeca Grynspan se ha conducido durante varias décadas de protagonismo en diversos ámbitos del sistema multilateral, hace difícil, aunque no imposible, que exista oposición directa de algunos de ellos a su candidatura.
Es factible que otros aspirantes estén en la misma situación. Si así fuera, la trayectoria resulta particularmente importante, y la suya sin duda lo es. Su experiencia y logros comenzaron en Costa Rica y se han desarrollado en un arco múltiple, con posiciones y aportes de gran relevancia en diversos organismos del sistema multilateral.
Su primer cargo público, en 1986, con 31 años, fue el de viceministra de Hacienda durante el primer gobierno de Óscar Arias. Elegida vicepresidenta en 1994, combinó ese cargo con el de coordinadora de Asuntos Sociales en el gobierno de José María Figueres, y ocupó también, en sucesión, los ministerios de Economía y de Vivienda.
Luego vino su primer cargo multilateral: directora subregional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en México, entre 2021 y 2006. De allí pasó, como secretaria general asistente de la ONU, a directora regional para el hemisferio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), del que se convirtió en administradora asociada en 2010, con una de las subsecretarías regionales de la organización.
En 2014, fue elegida por unanimidad como jerarca de la Secretaría General Iberoamericana (Segib), y sucedió al uruguayo Enrique Iglesias. Allí se desempeñó hasta que, en 2021, Guterres, tras consultas con los países miembros de la ONU, la nombró secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), donde se mantiene. Creado en 1964, este es el organismo que, dentro de su sistema, se encarga de temas vinculados con inversiones, comercio y desarrollo, y ha resultado de particular importancia para los países del llamado “sur global”.
LEA MÁS: El pequeño país que aspira a dirigir la ONU: Costa Rica confía en la candidatura de Rebeca Grynspan
Desde esta posición, Grynspan jugó un papel fundamental en una serie de acuerdos suscritos en julio de 2022 en Estambul por Turquía, Rusia y Ucrania, tras su invasión. Entre otras cosas, permitieron reactivar las exportaciones de cereales desde este último país por las rutas del mar Negro, bajar los precios y aliviar la situación alimentaria de una gran cantidad de países africanos.
Basta repasar lo anterior para reiterar la conclusión con la que comenzamos este editorial: los sólidos atestados de la candidata costarricense, la amplitud de su huella multilateral, y la experiencia acumulada, la capacitan para ejercer la Secretaría General de la ONU con toda propiedad. Sabemos que, de ser elegida, su liderazgo será determinante para dar renovados bríos a la organización y a las múltiples funciones que está llamada a cumplir.
