Editorial

Editorial: La generosa “entrevista” sin repreguntas a Celso Gamboa

Celso Gamboa usó 46 minutos de valioso tiempo televisivo para denigrar a los oficiales de DEA que lo investigaron, devaluar el trabajo del OIJ y su director, y emprenderla contra el juez a quien por rol le corresponde tramitar la solicitud de extradición

Primer plano de un micrófono, entrevista
Primer plano de un micrófono, entrevista Shutterstock
Primer plano de un micrófono, entrevista
Resulta cuestionable que a Celso Gamboa se le haya concedido un micrófono abierto durante 46 minutos, con cero repreguntas. (Shutterstock/Shutterstock)

Cuando un periodista se sienta frente a un extraditable sospechoso de narcotráfico internacional, la entrevista no puede convertirse en un micrófono abierto para que el encartado exponga, sin contraste, su versión de los hechos, pues, en lugar de informar, se corre el peligro de desinformar.

Un principio periodístico es que el entrevistador no está allí solo para seguir un cuestionario, saltar mecánicamente de una pregunta a otra, sino para repreguntar cada vez que sea necesario. Su deber es insistir tan pronto aparecen vacíos, contradicciones, ambigüedades o incluso falsedades. Se trata de machacar sobre lo que no calza y de demandar explicaciones sobre aquello que se pretende esquivar.

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