Editorial

Editorial: Indulto a Juan Orlando Hernández: un mensaje devastador para América Latina

La decisión del presidente Trump golpea la credibilidad de la política antidrogas estadounidense y envía una señal funesta a la región. El juicio contra Hernández mostró cómo se configuró un narcoestado en Honduras, país que llegó a tener la mayor tasa de homicidios del mundo

(FILES) In this file photo taken on August 24, 2021 Honduran President Juan Orlando Hernandez delivers a speech during the eighth anniversary of the Military Police of Public Order (PMOP) in Tegucigalpa. - US requested Honduras to extradite former president Juan Orlando Hernandez (2014-2022), who is accused of drug trafficking, official sources close to the process informed AFP on February 14, 2022. (Photo by Orlando SIERRA / AFP)
(FILES) In this file photo taken on August 24, 2021 Honduran President Juan Orlando Hernandez delivers a speech during the eighth anniversary of the Military Police of Public Order (PMOP) in Tegucigalpa. - US requested Honduras to extradite former president Juan Orlando Hernandez (2014-2022), who is accused of drug trafficking, official sources close to the process informed AFP on February 14, 2022. (Photo by Orlando SIERRA / AFP) ORLANDO SIERRA
En junio de 2024, la justicia de Estados Unidos sentenció al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, a 45 años de prisión. Esta foto es de 2022. (ORLANDO SIERRA/AFP)

La decisión del presidente Donald Trump de indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras condenado en Estados Unidos a 45 años de prisión por facilitar el tráfico de más de 400 toneladas de cocaína, tiene un efecto devastador sobre la credibilidad de la política antidrogas estadounidense y envía una señal funesta a América Latina. El perdón presidencial, concedido a quien la justicia norteamericana describió como el artífice político de un “narcoestado”, contradice a los fiscales, desacredita a la Administración de Control de Drogas (DEA) y pulveriza una de las investigaciones más complejas y riesgosas emprendidas por agentes estadounidenses contra la narcopolítica en la región.

Aunque Trump presentó su decisión como un acto de justicia frente a lo que calificó una “caza de brujas” del gobierno de Joe Biden, el caso contra Hernández no nació con Biden ni con su Departamento de Justicia. Comenzó en 2013, durante la administración Obama, continuó durante los cuatro años del primer gobierno de Trump y culminó con una condena unánime de un jurado federal en Nueva York en 2024. Fue, de hecho, uno de los juicios por narcotráfico más sólidos contra un jefe de Estado extranjero desde la condena al exgeneral panameño Manuel Antonio Noriega, en 1992.

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