Editorial

Editorial: Filibusterismo a conveniencia en la Asamblea Legislativa

Siete casos evidencian cuán ambiguo es el diccionario político del oficialismo cuando habla de filibusterismo. Normalizar esta práctica tiene consecuencias graves, pues paraliza la labor legislativa, alimenta la frustración ciudadana y deslegitima al Congreso como espacio de debate y decisión

Pilar Cisneros y proyecto de ley parque Lorne Ross, en Santa Ana
Pilar Cisneros y proyecto de ley parque Lorne Ross, en Santa Ana La Nación
Pilar Cisneros y proyecto de ley parque Lorne Ross, en Santa Ana
En octubre de 2024, la diputada oficialista Pilar Cisneros prometió “paralizar el plenario” por el tiempo que fuera necesario, con tal de que no pasara el proyecto de ley para crear el parque urbano Lorne Ross, en Santa Ana. Vecinos llegaron con rótulos a la barra del público. (La Nación/Fotos Archivo)

El Diccionario de la Real Academia Española define el filibusterismo como “obstruccionismo parlamentario”. Sin embargo, en el ambivalente diccionario político que maneja la bancada de diputados del gobierno, el filibusterismo se define como una práctica detestable cuando la ejercen los demás partidos, pero perfectamente legítima –casi patriótica– cuando la aplican ellos mismos.

La contradicción se confirma al revisar su historial: en al menos siete ocasiones, la fracción de gobierno hizo filibusterismo para frenar proyectos que no respalda y, pese a estos antecedentes, ahora el jefe de los legisladores oficialistas, Daniel Vargas, arremete contra el Frente Amplio (FA) por recurrir a la misma táctica en el trámite de la reforma que pretende introducir en el Código de Trabajo las jornadas excepcionales de 12 horas durante cuatro días, más tres de descanso (4-3).

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