Salud

La inmunidad de rebaño sí es una meta, pero no es mágica ni milagrosa

Sí ayudará a combatir la diseminación del virus causante de la covid-19, pero no garantiza el control pleno de la enfermedad ni la salvación total y definitiva, coinciden expertos

¿Cuántas veces hemos escuchado en los últimos meses las palabras “inmunidad rebaño” cuando se habla del control de la pandemia?

¿Sabemos qué significa, cómo se logra y el impacto que puede tener?

En resumen: la también llamada inmunidad de grupo sí es un objetivo muy bueno; una meta necesaria. Sí ayudará a combatir la diseminación del virus SARS-CoV-2, causante de la covid-19, pero no garantiza el control pleno de la enfermedad ni la salvación total y definitiva.

Después de estudiar literatura relacionada con la infecciones y transmisión de la covid-19 y de conversar con los investigadores Tomás de Camino Beck y Santiago Núñez Corrales, La Nación expone el camino para llegar ahí, qué significa, por qué no es tan fácil decir “está aquí” o definir una fecha exacta; además, por qué las proyecciones cambian y por qué las otras medidas -como el uso de mascarillas- deben mantenerse por un tiempo.

¿Qué es inmunidad rebaño?

En pocas palabras, es una gran cantidad de personas (el rebaño) inmunizadas contra un virus, quienes protegerán a quienes, por alguna razón, no están inmunizados.

De Camino, quien es doctor en Biología Matemática, hace una comparación con una habitación en la que hay diez personas y una es portadora del virus. Si las otras nueve no estuvieran ni vacunadas ni previamente infectadas la probabilidad de infección es muy alta.

No obstante, conforme haya quienes sí tengan esas defensas contra el virus, la probabilidad de que alguien de ese grupo enferme será menor e, incluso, será cercana a cero. Allí es cuando se llega a esta inmunidad.

Hay dos formas de “llegar al rebaño”: mediante el esquema completo de vacunas o por la llamada inmunidad natural, es decir, personas que se infectaron y que desarrollaron anticuerpos y células de defensa contra el virus y, si entraran en contacto con el virus, no enfermarían de gravedad.

Lo recomendable, según los investigadores, es apostar a lograrlo por vacunas, como lo hace Costa Rica. Caso contrario, el coste que puede haber en enfermedades graves y muertes puede ser alto.

Los límites

No hay una cifra exacta que se dibuje para decir “es la meta”. Se habla más bien de un umbral.

A mediados de 2020 dicho umbral rondaba el 60%, pero conforme se fue conociendo la acción del patógeno, fue subiendo. Hoy se habla de al menos entre un 80% y un 85% de la población vacunada, no hay un número exacto, más bien un rango para ubicarse.

Conforme las personas comienzan a inocularse, van generando anticuerpos y células de defensa contra el virus, de manera que, si vuelven a entrar en contacto con él, el sistema inmunitario lo reconoce y no enferma (o lo hace de forma más leve).

Los científicos subrayan que esto se da de forma más fuerte cuando los esquemas de vacunación estén completos.

Sin embargo, los ya recuperados sí han desarrollado defensas que permiten acercarse más a la meta.

El que haya protección indirecta y que los inmunizados “cubran” a quienes por algún motivo no fueron inmunizados o a quienes la vacuna no les funcionó, sí permite darse libertades, pero tampoco significa que las medidas de cuidado deban abandonarse.

“No es para tomarla a la ligera”, enfatizó De Camino.

“Es un fenómeno crítico. Ocurre, pero al llegar a cierto punto. Es decir, podemos estar muy, muy cerca de ese punto, que, mientras no lleguemos, no se dará esa protección indirecta”, añadió.

No hay fechas ni plazos exactos

Al no existir un número exacto de personas que deban tener algún grado de inmunidad para decir “a partir de aquí ya se llegó a la meta”, tampoco hay fechas exactas.

En este sentido es un indicador, por así decirlo, más frágil.

“Es importante revisar y calcular para tener una idea de qué suceder, pero hay rangos muy amplios”, dijo De Camino.

“Nuestros rangos van de cuatro meses en caso de tener el mismo ritmo de vacunación a más de un año, en caso de tener variantes más transmisibles, de que las vacunas por alguna razón pierdan su efectividad”, añadió.

Por esta razón, los entrevistados señalan que los costarricenses no podemos esperar que desaparezcan por completo medidas como el uso de mascarillas, que ya han comprobado ser aliadas en el control de la pandemia.

Los obstáculos para llegar a la meta

La inmunidad rebaño depende de factores muy dinámicos: de la población, del virus y sus variantes (actuales y futuras), y de las vacunas.

“Las personas fluyen, de un país a otro, esta enfermedad no es tan local”, puntualizó el matemático.

Para De Camino uno de los factores clave es que, por ahora, no se ha comprobado que las vacunas actuales “bloqueen” la infección. Son sumamente útiles para reducir hospitalizaciones y muertes, pero no hay evidencia de que lo sean para evitar o reducir las infecciones.

Esto hace que aún los vacunados puedan infectar a no vacunados y que estos enfermen y, al no estar inoculados, puedan complicarse.

A esto se le unen individuos que rechacen la vacuna, que, aunque en Costa Rica se estima un porcentaje bajo, también influye.

También está el factor de que hay quienes no pueden recibir la vacuna, como los menores de 12 años o quienes tienen ciertas enfermedades.

Otra variable es que la vacunación no ha sido aplicada de forma homogénea, ni por edades, ni por zonas geográficas, ni por movilidad.

Núñez, quien es doctor en informática, indica que el comportamiento del virus es muy diferente a otros.

“Cuando los virus en general se transmiten, la presión es diferente en otros virus. Es decir, no todos los virus se transmiten antes de tener síntomas, el SARS-CoV-2 sí, y esto hace que se transmita más fácil. Esto dificulta el proceso a inmunidad rebaño”, manifestó.

De Camino coincide: “Hay enfermedades en donde la persona no contagia porque se siente tan enferma que ni sale. En covid-19 hay un tiempo en donde las personas no tienen síntomas o son muy leves y sí contagian”.

Núñez insiste en que, por esto, debería llevarse el pulso de la epidemiología de la enfermedad, como vigilar las variantes del virus y su diseminación en el país, el dar seguimiento a focos de contagio y el realizar más pruebas diagnósticas.

Aunque la variante delta no ha demostrado ser ni más agresiva ni más letal, su alta transmisibilidad impide una llegada más rápida a la inmunidad rebaño.

Esa transmisibilidad no es la única. Reportajes de The Washington Post y The New York Times señalan que, información preliminar interna del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) dan pistas de por qué delta es más contagioso de lo creído y podría complicar el escenario de una inmunidad rebaño.

Esta información indicaría que las vacunas sí funcionan para evitar gravedad (y en muchos casos que la persona tenga síntomas del todo) y sí hay mucho menor riesgo de infectarse cuando se tiene el esquema completo. No obstante, la carga viral (número de copias del virus en un organismo) en quienes sí se infectan es igual a la de los no inoculados, por lo que se teme que eventualmente puedan contagiar igual que un no vacunado.

Esto no es así con las otras variantes, donde la carga viral de los vacunados que se infectan sí es menor.

Esta es una de las razones por las cuales CDC recomendó nuevamente el uso de mascarillas en sitios cerrados en los condados de alta y sustancial transmisión.

En un futuro, el panorama podría complicarse todavía más, al desarrollarse variantes capaces de escapar de la acción de las vacunas.

“Cuando nosotros colocamos medidas, la naturaleza va a buscar formas de saltárselas. Es su evolución”, señaló el informático.

Condición podría perderse

Esta inmunidad grupal puede llegar, pero esta situación no necesariamente es permanente: podría perderse.

Como el virus varía muchísimo pueden darse variantes más transmisibles o que escapen de la acción de las vacunas y que los individuos antes protegidos se vuelvan nuevamente susceptibles.

“Los virus tienen una capacidad adaptativa enorme y encuentran la forma de mantenerse”, resumió Núñez.

Otra es que, aún sin estos cambios, se desconoce cuánto tiempo se prolongará la efectividad de las vacunas actuales. El que esta inmunidad se vaya perdiendo poco a poco puede hacer que se pierda paulatinamente el estado de rebaño.

¿Qué hacer como población? Los entrevistados coinciden en que debemos vacunarnos en cuanto tengamos oportunidad y completar el esquema, pero, además, continuar con medidas como uso de mascarillas, y evitar lugares pequeños, faltos de ventilación y con poco flujo de aire.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.