
Si usted fuera estudiante, ¿cómo le sonaría aprender en un lugar espacioso, iluminado, con asientos cómodos, cargado de tecnología y con un ambiente propicio para la interacción y el intercambio de ideas? Si tuviera que escoger entre esta opción y la tradicional biblioteca como lugar de estudio ¿cuál de estos dos espacios seleccionaría?
El lugar descrito en el párrafo anterior es una realidad en bibliotecas académicas alrededor del mundo y se le conoce como learning commons. El Tecnológico de Costa Rica (TEC) acaba de inaugurar uno de estos sitios, el primero en dicho centro de estudio.
La nueva biblioteca de learning commons del TEC, que abrió sus puertas la primera semana de diciembre, es la primera de Costa Rica y de Centroamérica. Cuenta con dos grandes salas acondicionadas con cómodos sillones y con máquinas dispensadoras de bocadillos y un balcón en el segundo piso para trabajar más en sintonía con el ambiente.
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Además, tiene 11 salas de trabajo y 24 cubículos para la lectura individual. Y, por supuesto, cuenta con una robusta infraestructura digital para utilizar todas las herramientas de tecnologías de información con fines académicos: es una biblioteca totalmente digital y no tiene una colección física.
El concepto de learning commons germinó en la década de 1990, en centros de estudio estadounidenses como la Universidad de Iowa y la Universidad del Sur de California. Con la revolución digital, las bibliotecas se enfrentaron a una encrucijada: tenían que dejar de ser un almacén de tomos para convertirse en espacios de transferencia de conocimiento.
La digitalización de obras y escritos liberó gran cantidad de espacio y la distribución de la planta física tuvo que modificarse. La cultura del silencio y el individualismo que limitaban la interacción irremediablemente moriría. Al combinar la disponibilidad de libros con tecnologías de información y espacios colaborativos, las bibliotecas dejarían de ser archivos para transformarse en centros de generación de conocimiento.
La clave está en diseñar un área que promueva la colaboración, tal como lo fueron los pequeños cafés europeos en la Era de las Luces que dio forma a la filosofía política del siglo XVIII, o a los movimientos artísticos a principios del siglo XX.
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Los campos que favorecen la discusión e intercambio de ideas generan transferencia de conocimientos, la actividad interdisciplinaria, la creatividad, y el desarrollo de habilidades para resolver problemas.
Las instalaciones de un learning commons es un factor fundamental para su éxito. Es indispensable que sean flexibles, adaptables, donde las mesas y sillas no estén “atornilladas” al piso.
Cuando las ideas comienzan a fluir, los integrantes de un grupo de trabajo necesitan moverse, acercarse, interactuar, y tener la posibilidad de escribir ideas brillantes que surgen en el momento.
La nueva biblioteca del TEC tomó en cuenta esas necesidades modulares, y cuenta con pantallas táctiles interactivas en las salas de reunión, computadoras portátiles para los usuarios y kioscos interactivos.“Este nuevo espacio (el learning commons del TEC) es considerado como un lugar para “hacer y aprender”, activo para la reunión social, para encontrar y acceder a la tecnología, para explorar y colaborar, con acceso a recursos digitales como libros, revistas, normas, protocolos, entre otros recursos digitales”, afirmó la máster Lidia Gómez Valverde, directora del Sistema de Bibliotecas del TEC.





