Con grandes espectáculos de lanzamiento, teléfonos inteligentes como el Samsung Galaxy S8, el iPhone X, o el nuevo Google Pixel se presentan al público con diseños impecables y cada vez con mayores prestaciones.

Estos eventos anuales generan gran expectativa entre aficionados a los gadgets y periodistas del sector de tecnología. Los anuncios reverberan poderosamente en sitios web y las redes sociales y, una vez que se libera la noticia, se inicia la batalla entre bandos que defienden a muerte sus marcas y sistemas operativos favoritos.
Los nuevos aparatos tienen exquisitas líneas modernas en sus carcasas, materiales de alta calidad que los hacen ver muy deseables, y componentes electrónicos mejorados para vendernos la idea de que no existe otro dispositivo mejor en el mundo.
¿Qué sucede entonces con el que ya tenemos en el bolsillo? ¿Significa esto que en apenas un año mi teléfono ya es un viejo decrépito y acabado? Por supuesto que no es obligatorio comprar un dispositivo móvil cada año, pero está claro que tienen sus días contados desde el primer momento que se presiona el botón de encendido.
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La industria tecnológica es, ante todo, un negocio y debe generar una necesidad constante de adquirir nuevos productos para mantenerse a flote. De acuerdo con la firma de análisis de mercado Gartner, las ventas de teléfonos inteligentes en el 2016 fueron de 1,500 millones de unidades.
Para mantener ese paso en ventas, la vida útil de los componentes y los ciclos de actualización de sistemas operativos deben de estar sincronizados para permitir ese crecimiento.
Obsolescencia programada
Esa sincronía tiene nombre: obsolescencia programada. El concepto fue creado en 1920 por fabricantes de bombillos de la época en Europa, América y Asia acordaron limitar la vida útil del producto con tal de no limitar las ventas. Así consta en un documental realizado por Televisión Española en el 2012, titulado Comprar, tirar y comprar.
Marcas como la holandesa Philips, la alemana Osram y la estadounidense General Electric (entre otras) participaron del proyecto Phoebus, una iniciativa para modificar los materiales y el diseño de bombillos con el objetivo de que no superaran las 1,000 horas de funcionamiento.
En la década de los años treinta, tras la crisis financiera de Wall Street, en Estados Unidos se intentó instaurar por ley la obsolescencia programada como una medida para reactivar la economía: los consumidores serían obligados a comprar productos una vez que cumplieran su vida útil definida. Cualquiera que usara los productos más allá de su vida útil sería multado.
La ley no llegó a ver la luz del día, pero las tácticas de obsolescencia programada se siguen usando como un recurso para mantener el mercado en constante crecimiento.
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El documental español detalla dos casos recientes donde se muestra cómo dos productos están hechos para dejar de funcionar en un plazo máximo de cinco años: una impresora de inyección de tinta que tiene un chip que cuenta el número de impresiones y, al llegar al número máximo, deja de servir; el otro caso es del reproductor de música iPod de Apple, cuya batería no era reemplazable y estaba diseñada para durar más de dos años.
Este último fue el caso más notorio, pues dos realizadores audiovisuales de Nueva York crearon un video exponiendo el caso de las baterías del iPod, en el 2003. El video se hizo viral y muchos medios de comunicación informaron del caso. La firma estadounidense de abogados Girard Gibbs demandó a Apple, en nombre de un grupo de consumidores, por fraude, prácticas de negocios injustas y publicidad falsa. Las partes acordaron un arreglo extrajudicial.
¿Cómo logran las empresas tecnológicas vender productos nuevos que inspiren confianza por su calidad y, al mismo tiempo, no interferir en el crecimiento de las ventas?
Las actualizaciones de sistemas operativos y software para su funcionamiento se encargan de desfasar a los modelos más viejos. Lo más novedoso queda reservado para los productos más recientes, antojando así a los usuarios con dispositivos más viejos a comprar.
El nuevo iOS 11, con significativas mejoras en funcionalidad, deja por fuera a los modelos iPhone 5 (2012) y a los anteriores. Android Nougat garantiza compatibilidad absoluta por 18 meses.
Seguir usando un dispositivo viejo nos va haciendo la vida más difícil poco a poco. El dispositivo en sí no deja de funcionar… simplemente no es igual a cuando estaba nuevo.





