
Si usted llegase al primer poder de la República, ¿a quién escogería para que lo asesore? Considere que debe ser una persona de confianza, rigurosa en lo técnico y que acuerpe su línea de trabajo. Ahora tome la decisión y repítala cuatro veces más para formar su despacho.
No todos cumplirían la misma función; para eso existen distintos roles y escalas salariales. Pero sí estarían a su lado en las comisiones, le darían seguimiento a cada proyecto y velarían porque su gestión como diputado no pase desapercibida.
José Luis Salas, funcionario de Servicios Técnicos que también ha ejercido como asesor en distintas fracciones legislativas, explica que entre las principales funciones del puesto está la redacción de leyes con viabilidad política, técnica y legal. Deben ser simples de aplicar y atender el tema social o jurídico que se pretende resolver.
“Tiene que tener una lógica pragmática para que la ley se pueda realizar y ejecutar. Por eso hay una cantidad de leyes que no se ejecutan o artículos de leyes que no se pueden aplicar, porque son sumamente teóricas y no bajaron al nivel que tenían que bajar”, acota.
A esa labor se suma la elaboración de mociones, tanto para el trabajo en comisión como para las discusiones del plenario. Bajo el supuesto de que usted quiera obstaculizar la votación de algún proyecto, a ellos les tocaría generar decenas o centenares de documentos con ese propósito.
Los asesores también llevan las minutas de las reuniones, preparan dictámenes y redactan discursos. La tarea se extiende al control político, ya que deben investigar criterios especializados y jurisprudencia internacional para sustentar las propuestas e intervenciones de los diputados; por eso es habitual ver que alguien les susurre durante las audiencias.
En ese sentido, también deben construir consensos con los asesores de otras curules y bancadas. Y esas negociaciones políticas trascienden del plenario, pues siempre deben coordinar con el Poder Ejecutivo. “Hay que saber qué está pensando, qué quiere hacer, porque él es el ejecutor de la ley (...). Por eso dicen que el asesor debe haberse embarrado las botas”, añade Salas.
Claro, como no existe un reglamento o código que delimite con precisión las funciones de los asesores legislativos, sus tareas suelen depender de las necesidades y expectativas de cada diputado. Más allá de los requisitos de contratación, sus responsabilidades pueden abarcar desde aplanchar los trajes hasta idear un proyecto de ley.

El ajetreo de un despacho
Entre las cinco plazas fijas que cada diputado dispone para asesores, está la figura de jefe de despacho que, a juicio de Salas, debería tratarse de un puesto de coordinación y liderazgo.
Sin embargo, el exasesor Salas considera que, debido al reducido tamaño de los equipos de trabajo, en la práctica no se concibe como una jefatura intermediaria. “Se puede convertir en un eslabón sumamente complicado con el diputado si él quisiera estar en todo, porque entonces limita a la otra gente que está atrás” añade.
En otra categoría figuran los asesores de fracción, que suelen especializarse en los temas prioritarios del partido político. Cuanto más numerosa sea una bancada, mayor será su cantidad.
Para dimensionar: durante esta administración, Coalición Agenda Ciudadana (CAC) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) cuentan con un asesor de fracción cada uno, mientras que Pueblo Soberano dispone de 22 funcionarios en esas labores.
“Los asesores son el motor técnico, jurídico y político de la Asamblea Legislativa (...). Debemos garantizar y encargarnos de que el trabajo parlamentario sea apropiado”, agrega Salas, quien también ha laborado por más de 20 años en el engranaje legislativo.
Si tuviera que aconsejar a un nuevo diputado, le diría que escoja a los asesores según su agenda política; y si no tiene idea, recomendaría a un gestor comunitario, un abogado constitucional, un ingeniero, un economista y una persona encargada de coordinar la logística cotidiana del despacho.
Ya con la idea hecha, ¿a quién escogería si usted llega a Cuesta de Moras?

