
Al inicio, el ataque que lanzaron Estados Unidos e Israel contra Irán sería limitado. “Calculamos que serán unas cuatro semanas” de ataques, declaró el presidente de EE. UU., Donald Trump, al periódico británico Daily Mail apenas empezando marzo. “Es un país grande, llevará cuatro semanas, o menos”.
El conflicto que empezó el 28 de febrero ya supera los seis meses, está lejos de ser un enfrentamiento limitado entre tres países y su fin no se avizora.
Irán combate directamente contra Estados Unidos, mientras Israel mantiene operaciones contra fuerzas vinculadas con Teherán en Líbano y otros puntos de la región. En paralelo, los hutíes de Yemen volvieron a enfrentarse con Arabia Saudita y han avanzado hacia el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, una ruta marítima que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.
La situación se volvió especialmente delicada esta semana. Los hutíes, aliados de Irán, tomaron la ciudad portuaria de Moca y el viernes avanzaron sobre la isla de Perim, en pleno Bab el Mandeb, según reportes de The Guardian, Financial Times, Reuters y Associated Press. A estas alturas del viernes, AFP confirmaba que los hutíes aseguran tener control total del paso por esta ruta del mar Rojo, crucial para el comercio global.
El resultado es una guerra con varios frentes que se superponen. No todos los países que aparecen involucrados combaten del mismo lado ni tienen los mismos objetivos.
Irán: el centro de la confrontación
Irán es el principal adversario de Estados Unidos e Israel. La ofensiva inicial de febrero tuvo como objetivos las capacidades militares y nucleares iraníes.
El ayatolá Alí Jamenei murió durante los primeros ataques y el conflicto pasó después a una guerra de desgaste, con ataques iraníes contra objetivos estadounidenses y aliados de Washington en la región.
Una tregua alcanzada en junio redujo temporalmente los combates, pero no resolvió las diferencias centrales: el programa nuclear iraní, las sanciones, la presencia militar estadounidense en la región y el control del estrecho de Ormuz.
Los combates se reanudaron el 30 de agosto. En los últimos días, Irán atacó buques estadounidenses; a su vez, los norteamericanos destruyeron petroleros iraníes. El 9 de setiembre, The New York Times describió a un gobierno iraní cada vez más dispuesto a escalar ante la presión económica y militar. El Parlamento iraní advirtió que las respuestas serían “más rápidas, más fuertes y más dolorosas”.
El objetivo iraní no es únicamente resistir los ataques. Teherán intenta conservar capacidad de disuasión, mantener influencia regional y utilizar las rutas energéticas como una de sus principales cartas de negociación.

Estados Unidos: guerra, bloqueo y presión económica
El presidente Donald Trump convirtió la confrontación con Irán en una de las principales operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente en décadas.
Washington sostiene que busca impedir que Irán desarrolle armas nucleares, reducir su capacidad misilística y debilitar al régimen. En la práctica, la estrategia combina ataques militares, bloqueo de las exportaciones petroleras y presión sobre los socios comerciales de Teherán.
El Financial Times describió la nueva ofensiva económica estadounidense como una estrategia para convertir a Irán en un “paria económico”. La administración de Trump ha llamado a la operación Economic Outcast.
Pero Estados Unidos tiene un desafío que trasciende el vaivén político con Irán: mantener abiertas las rutas marítimas para evitar que el golpe económico se siga extendiendo.
La guerra ha obligado a Washington a dedicar importantes recursos militares a proteger buques que intentan atravesar Ormuz. El New York Times describe la situación como un estancamiento en el que el estrecho “no está completamente cerrado ni completamente abierto”.
En particular, este impasse preocupa al Partido Republicano de Trump, pues las consecuencias económicas se propagan por Estados Unidos —precio de la gasolina, costos de fertilizantes, gasto militar— y las elecciones de medio periodo no pintan bien para el oficialismo.

Israel: el aliado militar de Washington
Israel fue el otro protagonista de la ofensiva inicial contra Irán y considera que la República Islámica representa una amenaza existencial, especialmente por su programa nuclear y su arsenal de misiles.
El gobierno de Benjamín Netanyahu sostiene que la guerra redujo de manera importante las capacidades militares iraníes. En junio, Netanyahu afirmó que la campaña había alejado de Israel la amenaza de una “destrucción nuclear”.
Israel, por supuesto, se encontraba enfrascado desde 2023 en su ofensiva contra el grupo militante palestino Hamás, que recibe apoyo de Irán, y en el asedio a Gaza, que le ha valido acusaciones de genocidio.
Por ese motivo, Israel argumenta que debe combatir a otros satélites de Irán en la región, incluyendo a Hezbolá en Siria, en Cisjordania y en Líbano.
Justamente en Líbano, el Ejército israelí mantiene una ofensiva contra Hezbolá, que es la principal organización armada aliada de Teherán. El 10 de septiembre, Israel anunció la destrucción de una extensa red de túneles de Hezbolá en el sur del país y aseguró que consolidó una zona de seguridad.

Líbano: el frente de Hezbolá
Hezbolá es uno de los aliados más importantes de Irán y durante años ha funcionado como una pieza central de la estrategia de disuasión de Teherán frente a Israel.
El grupo quedó severamente debilitado después de la guerra que siguió a los ataques de Hamás contra Israel en 2023 y la muerte de su histórico líder, Hassan Nasrallah, en 2024. Aun así, conserva capacidad militar y política.
En marzo de 2026 volvió a atacar Israel después de la muerte de Jamenei, desencadenando una nueva escalada. Desde entonces, Israel mantiene operaciones en el sur de Líbano.
Para el gobierno libanés, el problema es evitar que Hezbolá arrastre al país a una guerra regional indefinidamente y, al mismo tiempo, enfrentar la presencia militar israelí en su territorio. En su avanzada inicial, Israel llegó a desplazar a un millón de libaneses y destruyó casas, edificios, calles y puentes en todo el sur del país.
Yemen: los hutíes abren otro frente
Los hutíes, conocidos también como Ansar Allah, controlan Saná (la capital oficial) y buena parte del oeste del país. Desde 2014 libran una guerra contra el Gobierno yemení reconocido internacionalmente, respaldado militarmente por Arabia Saudita.
Irán los respalda y les proporciona apoyo militar y político, aunque los hutíes también tienen sus propios intereses y una agenda nacional. Un analista citado por Al Jazeera resumió la relación con Teherán así: los hutíes tienen una “enorme influencia” iraní encima, pero “no son solamente representantes de Irán”.
Durante la guerra de Gaza, los hutíes atacaron barcos comerciales en el mar Rojo que consideraban vinculados con Israel. Desde julio, el grupo declaró un bloqueo contra Arabia Saudita y comenzó a atacar barcos y objetivos dentro del reino.

Arabia Saudita: de evitar la guerra a combatir otra vez
Arabia Saudita es uno de los actores que más ha intentado evitar que la guerra regional se extienda.
Riad restableció relaciones diplomáticas con Irán en 2023, con mediación de China, y en los últimos años buscó reducir su participación directa en la guerra de Yemen.
Todo cambió después de febrero. Los ataques hutíes contra territorio saudita y sus instalaciones petroleras llevaron a Riad a reanudar los bombardeos contra posiciones rebeldes en Yemen.
El 8 de septiembre, decenas de misiles y drones hutíes golpearon el sur de Arabia Saudita y dejaron 73 personas heridas, según reportes recogidos por Reuters y AP.

Ahora Arabia Saudita necesita mantener sus exportaciones de petróleo mientras Irán amenaza Ormuz y los hutíes amenazan Bab el Mandeb.
The New York Times informó el 9 de setiembre que las exportaciones petroleras sauditas habían caído a su nivel más bajo en 13 años debido a las dificultades para utilizar las rutas marítimas habituales.
Bab el Mandeb: el nuevo punto de presión
El estrecho de Bab el Mandeb es la puerta meridional del mar Rojo. Conecta el océano Índico y el golfo de Adén con el mar Rojo y, a través del canal de Suez, con el Mediterráneo. Es una de las rutas comerciales más importantes del planeta.
Por Bab el Mandeb circulaba alrededor del 12% de los flujos mundiales de petróleo, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
Los hutíes tomaron Moca, un puerto situado al norte del estrecho, y el viernes avanzaron sobre Perim, una isla que se encuentra en el centro de Bab el Mandeb. The Guardian explica que el control de Perim aumenta la capacidad hutí para amenazar el tráfico marítimo.
Esta toma podría afectar de manera significativa el comercio marítimo y los mercados energéticos nuevamente, en una semana en la que el Brent llegó a acercarse a los $110 por barril tras los avances hutíes.
Andreas Krieg, especialista en seguridad del King’s College de Londres, advierte que “el mayor peligro no es necesariamente un cierre físico de Bab el Mandeb, sino una incertidumbre persistente”.

Los países del Golfo atrapados, quieran o no
Emiratos Árabes Unidos mantiene una estrecha relación estratégica con Estados Unidos e Israel, aunque en los últimos años redujo su participación militar directa en Yemen. Abu Dabi ha condenado los ataques iraníes contra países vecinos y ha intentado mantener su imagen de centro financiero y comercial seguro.
Kuwait y Baréin albergan importantes instalaciones militares estadounidenses y han sido alcanzados por ataques iraníes durante la guerra. Kuwait calificó los ataques contra su territorio como una “amenaza directa para su seguridad y estabilidad”.
Catar mantiene una relación particularmente delicada: es aliado militar de Estados Unidos, pero también conserva canales de comunicación con Irán y ha participado en esfuerzos diplomáticos.
Omán ocupa una posición distinta. Históricamente ha mantenido una política de mediación y relaciones abiertas con Teherán y Washington. Ahora intenta negociar condiciones para reabrir el tráfico por Ormuz.
El viernes, ministros de Exteriores de los países del Consejo de Cooperación del Golfo y el canciller iraní tenían previsto reunirse en Omán para discutir un posible acuerdo temporal que garantice el paso de barcos comerciales por Ormuz.

Irak desea salir del asunto
Irak es formalmente un aliado de Estados Unidos, pero también mantiene una relación profunda con Irán.
El país alberga milicias chiitas respaldadas por Teherán, algunas de las cuales forman parte de la llamada Resistencia Islámica en Irak. El Gobierno de Bagdad enfrenta ahora presiones de Washington para desarmarlas.
Reuters informó esta semana que algunas de esas organizaciones se resisten al desarme y exigen, entre otras cosas, la salida de las fuerzas estadounidenses.

Jordania: aliado en posición vulnerable
Jordania procura mantenerse fuera de la guerra, pero su ubicación geográfica la convierte en un territorio estratégica. El país alberga fuerzas estadounidenses y su espacio aéreo es utilizado por las operaciones regionales de EE. UU.
Justo el 8 de setiembre, Irán lanzó misiles contra una base estadounidense en Jordania. El Ejército jordano dijo que interceptó 18 de los 20 proyectiles y que no hubo víctimas.
Siria: debilitado pero estratégico
Siria perdió parte del peso que tuvo durante la etapa anterior de la guerra regional, pero continúa siendo relevante por su ubicación entre Irán, Irak, Líbano, Israel y el Mediterráneo.
Israel mantiene presencia militar y zonas de seguridad en territorio sirio (Altos del Golán y otros); la influencia iraní en el país se redujo considerablemente después de años de operaciones israelíes y del cambio político en Damasco.
¿Y Hamás?
Hamás no es el actor central de esta guerra contra Irán, pero el grupo palestino está en el origen de buena parte de la dinámica regional que llevó hasta aquí.
Su ataque contra Israel del 7 de octubre de 2023 desencadenó la guerra de Gaza y la posterior estrategia iraní de activar distintos frentes contra Israel. Eso incluyó a Hezbolá en Líbano y a los hutíes en Yemen.

En resumen, ¿quién está con quién?
La forma más sencilla de entender el mapa es esta:
- Irán: combate directamente contra Estados Unidos e Israel y utiliza su influencia sobre grupos armados regionales.
- Estados Unidos: respalda a Israel, combate directamente a Irán y protege sus intereses militares y comerciales en el Golfo.
- Israel: combate a Irán y a organizaciones aliadas de Teherán, especialmente Hezbolá.
- Hutíes de Yemen: aliados de Irán, pero con una agenda propia; combaten al Gobierno yemení respaldado por Arabia Saudita y amenazan el tráfico marítimo.
- Arabia Saudita: aliada de Estados Unidos y enfrentada nuevamente con los hutíes.
- Hezbolá: organización libanesa aliada de Irán y enfrentada militarmente con Israel.
- Irak: Gobierno aliado de Washington, pero con poderosas milicias vinculadas a Teherán.
- Jordania: aliado de Estados Unidos que intenta evitar convertirse en frente de guerra.
- Emiratos, Catar, Kuwait, Baréin y Omán: países del Golfo con distintas relaciones con Washington y Teherán, que buscan proteger sus territorios y economías.
- Hamás: debilitado por la guerra con Israel, pero fundamental para entender el origen de la actual arquitectura del conflicto.
- Turquía intenta preservar margen diplomático y evitar una expansión de la guerra hacia sus fronteras. Es miembro de la OTAN, pero mantiene vínculos económicos con Irán y no comparte todos los objetivos de Israel y Estados Unidos.
- Pakistán ha ganado relevancia como posible mediador y, al mismo tiempo, como socio militar de Arabia Saudita. La relación puede adquirir mayor importancia si el conflicto con los hutíes escala.

