Editorial

Editorial: ‘Ticos con corona’: la cruel insensibilidad de Marta Esquivel

Basta un mínimo de sentido humano para ponerse en el lugar de quienes, por la falta de diagnósticos o tratamientos, y sin ingresos que les permitan pagar la atención que la CCSS no les provee, hacen valer su derecho a la salud por vías judiciales

Imágenes del plenario de la Asamblea Legislativa durante la sesión solemne del 1 de mayo de 2026.
Imágenes del plenario de la Asamblea Legislativa durante la sesión solemne del 1 de mayo de 2026. Asamblea Legislativa
Imágenes del plenario de la Asamblea Legislativa durante la sesión solemne del 1 de mayo de 2026.
Marta Esquivel sabe perfectamente que todos los costarricenses podemos acudir a la Sala Constitucional, de la que fue magistrada suplente. No es un privilegio, sino un derecho. (Asamblea Legislativa/La Nación)

En abril pasado, la Sala Constitucional declaró con lugar un recurso de amparo presentado por una sancarleña de 63 años, a quien la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) le había programado una cita de valoración para 2047. Su padecimiento es una forma de osteoartrosis de rodilla que, además de causarle intenso dolor, obstaculiza severamente su movilidad.

Si la señora hubiera dispuesto de recursos económicos, seguramente habría acudido a un ortopedista privado. Sin embargo, carecía de ellos, como millones de costarricenses que dependen exclusivamente de la Caja para proteger su salud. Y cuando la institución vulnera ese derecho de una manera tan evidente, debido a problemas de gestión, su única salida, para no quedar postrados o morir, es el amparo.

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