
La arrolladora victoria opositora en las elecciones de este domingo en Hungría, que puso fin al gobierno autocrático de Viktor Orbán, tiene una trascendencia múltiple.
Implicará el retorno a la democracia plena, la libertad sin amarras, la transparencia pública y el genuino Estado de derecho en el país. Es lo más importante para su pueblo. Fue lo que dio impulso a la masiva participación electoral desde el fin del comunismo, en 1989, y otorgó a Peter Magyar y su partido Tysza, de centroderecha, una mayoría de dos tercios en el parlamento.
Una vez que formen gobierno, para lo que existe un plazo máximo de 30 días, podrán comenzar a desmantelar el andamiaje de autoritarismo, manipulación política, erosión institucional, corrupción y clientelismo que Orbán logró construir durante cuatro periodos y 16 años en el poder.
Será una tarea laboriosa y difícil. Durante ese tiempo, el daño a las instituciones, normas y prácticas democráticas ha sido amplio y muy profundo. Sin embargo, la supermayoría legislativa alcanzada permitirá al nuevo gobierno desmantelar el tinglado constitucional y legal autocrático construido por Orbán, cuando su partido Fidesz también la tuvo.
El impacto geopolítico de este cambio también será enorme. Lo más relevante, a corto y mediano plazo, es que abrirá el camino para la reconciliación de Hungría con la Unión Europea (UE). De manera creciente, Orbán actuaba en ella como barrera a mayor cooperación con Ucrania y a la imposición de renovadas sanciones contra Rusia. Incluso, han existido justificadas denuncias de que él y sus diplomáticos filtraban a Rusia información confidencial sobre sus discusiones y decisiones.
Desde este lunes, Magyar anunció un cambio de política. Descartó la necesidad de renegociar un crédito de $90.000 millones otorgado por la UE al Estado ucraniano en diciembre, hoy bloqueado por Orbán. Se opuso a que el país invadido otorgue concesiones territoriales a Rusia como pago por la paz. Además, se definió como un socio “constructivo” de la UE, que mantiene congelados $35.000 millones en transferencias a Hungría por su deriva autoritaria y otras disputas. El eventual desembolso dará un necesario impulso a su estancada economía.
Con razón, puede decirse que Volodimir Zelenski, presidente ucraniano, ha sido el segundo gran triunfador en estas elecciones; Putin, el segundo gran perdedor.
El tercer gran golpe lo ha sufrido la variopinta amalgama de partidos, gobernantes, dirigentes políticos y organizaciones que, en Europa, Estados Unidos y América Latina, han adoptado diversos ímpetus populistas y autoritarios. Tienen múltiples diferencias, pero un designio común es utilizar los avances electorales como vía para desmantelar o, al menos, debilitar la infraestructura indispensable para el funcionamiento pleno de la democracia.
En 2014, Orbán fijó como una de sus metas “construir en Hungría un estado iliberal”. Puso en práctica un método: utilizar al máximo el poder concedido por los votos para imponer un proyecto político hegemónico, mediante pasos progresivos.
Reorganizar el mapa electoral para favorecer a su partido. Eliminar la independencia del Poder Judicial. Doblegar instituciones académicas. Capturar o ahogar medios de comunicación independientes. Colocar a sus aliados a la cabeza de instituciones. Perseguir a adversarios. Establecer redes de clientelismo. Favorecer la corrupción. Todas estas medidas formaron parte de su libreto, que ni siquiera la UE pudo evitar; apenas, atemperar. Pero, al menos, se mantuvo la libertad electoral.
Por lo anterior, Orbán se convirtió en el gran ícono de los sectores autocráticos y conservadores alrededor del mundo. El presidente Donald Trump le otorgó un apoyo casi incondicional. Incluso, pocos días antes de las elecciones, envió al vicepresidente J.D. Vance para que se sumara a su campaña, y se declaró “un gran fan de Viktor”. De nada sirvió. Más bien, es posible que haya ampliado la magnitud de su derrota, algo de lo que están tomando nota partidos europeos afines.
Renacer democrático en Hungría. Reforzamiento de la UE y su frente contra la agresión rusa a Ucrania. Golpe al corazón ideológico y operativo de los movimientos autocráticos en varias latitudes. Esta es la trilogía que hace tan importante el resultado y justifica que sea celebrado por todos los demócratas alrededor del mundo.
