Editorial

Editorial: Estas son las verdaderas ambiciones tras el éxito de la misión Artemis II

Jared Isaacman, actual administrador de la NASA, ha dicho que su objetivo es volver a la Luna y no dejar que nadie más se apodere de ella; ese nadie es China

La tripulación de Artemis II captura la Luna desde la nave Orion antes de dormir en el día 5 de la misión, cuando la gravedad lunar ya supera a la terrestre y anticipa el sobrevuelo previsto para este 6 de abril.
La tripulación de Artemis II captura la Luna desde la nave Orión antes de dormir en el día cinco de la misión, cuando la gravedad lunar ya supera a la terrestre. NASA
La histórica misión Artemis II permite ver la Luna desde un ángulo nunca antes presenciado. Astronautas describen diferencias que sorprenden a la ciencia.
La tripulación de la misión Artemis II, que orbita la Luna, está formada por cuatro astronautas: el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover (NASA), la especialista Christina Koch (NASA) y el especialista Jeremy Hansen (CSA, Agencia Espacial Canadiense). (HANDOUT/AFP)

Desde 1967, el derecho internacional establece que ningún Estado puede apropiarse de la Luna. El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre lo establece con claridad. Ninguna nación puede reclamarla como propia. Durante décadas, ese principio funcionó sin mayor fricción, porque la presencia humana en el satélite era esporádica, limitada y, sobre todo, reversible. Se llegaba y se regresaba. No había nada que disputar en términos prácticos.

Ese equilibrio está cambiando y el reciente éxito de la misión Artemis II lo ilustra con particular elocuencia. La misión no ha violado ninguna norma, pero no necesita hacerlo. Lo que está ocurriendo en la carrera espacial contemporánea no es una apropiación declarada, sino operativa. Una acumulación de presencia, infraestructura y control sobre recursos que, hasta hace poco, eran puramente hipotéticos.

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