Es más, si también nos garantizaban que “la plata alcanza cuando no se la roban” y que “el dinero alcanza cuando se administra bien”, ¿a cuál de esos factores hay que atribuir la falta de dinero? Porque lo único claro es que el jaguar dejó de enseñar los colmillos. La recaudación fiscal creció apenas un 0,6% en 2025 y, para este año, se esperan ¢228.000 millones menos, una caída del 3,5%.
La economía perderá impulso y, si no se toman medidas, la deuda pública podría llegar al 68,8% del PIB en 2031. Y los jóvenes no necesitan leer un informe para saber que el empleo está estancado, pues lo viven cada vez que envían un currículo y no reciben respuesta.
En ese triste escenario, por arte de magia apareció la necesidad de un nuevo plan fiscal. Incluye cambios en la facturación electrónica, sanciones contra la evasión, embargos administrativos sin protección judicial, regulación de exoneraciones y ajustes al impuesto sobre la renta. Incluso se analiza cobrar un IVA del 13% a la canasta básica.
El truco queda al descubierto. La “economía jaguar” fue un acto de ilusionismo político, con mucho rugido, luces y consignas. Caímos en la trampa.
Ahora nos toca aprender del verdadero instinto jaguar, cauteloso, observador y siempre alerta. No para vivir desconfiando de todo, sino para exigir pruebas, confrontar las palabras con los hechos y recordar que, en política, los milagros suelen venir acompañados de una factura. Y, señoras y señores, no olvidemos que la función no ha terminado. Los magos siguen en el escenario.
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Armando Mayorga es periodista.