
La salud mental ya es la principal preocupación de salud en el mundo. Así lo revela un estudio de la consultora Ipsos realizado en 30 países, donde el 45% de los encuestados la señaló como el mayor problema sanitario de su país, por encima del cáncer (41%) y la obesidad (25%).
¿Significa esto que ahora existen más casos de ansiedad, depresión u otros trastornos que antes? Para los especialistas, este resultado refleja una transformación en la forma en que entendemos el bienestar emocional.
“La percepción de la salud mental como un problema aumentó rápidamente durante la pandemia y la proporción de quienes la consideran un problema ha aumentado en 18 puntos desde 2018”, señala el estudio.
Lo que debe saber:
- La salud mental no es un estado permanente y requiere cuidado constante.
- Sentirse agotado, ansioso o desconectado no siempre significa tener un trastorno, pero sí merece atención.
- Buscar apoyo psicológico antes de una crisis puede prevenir problemas más complejos.
¿Qué más encontró el estudio?
La investigación evidencia que la preocupación por la salud mental ha crecido de forma sostenida durante los últimos años. Entre los principales resultados—además de los mencionados anteriormente—destacan:
- El 31% considera que el estrés es uno de los principales problemas de salud.
- El 59% asegura que durante el último año vivió momentos en los que el estrés fue tan intenso que sintió que no podía manejarlo.
- Aunque el 76% cree que la salud mental y la salud física son igual de importantes, solo el 38% considera que el sistema de salud les da el mismo nivel de atención.
¿Más casos o más conciencia sobre el tema?
Olga Ruiz, psicóloga del Centro Terapéutico Fátima, parte de la red médica MediSmart, explica que el aumento de la preocupación no significa únicamente que existan más problemas emocionales. También refleja una comprensión distinta de lo que significa tener salud mental.
“Durante mucho tiempo se pensó que la salud mental quería decir que la persona no tenía un trastorno o un padecimiento profundo. Hoy por hoy comprendemos que cuando hablamos de salud mental, estamos hablando de un proceso de bienestar”, aclara la especialista.
La especialista explica que este bienestar implica adaptarse a los cambios, afrontar las tensiones de la vida, mantener relaciones saludables y continuar desarrollándose incluso en momentos difíciles. Por eso, una persona puede no tener un diagnóstico psiquiátrico y aun así sentir que algo no está bien.
Redes sociales, inmediatez y la prisa por no sentir
Aunque hoy existe una mayor conciencia sobre la importancia de la salud mental, lo cierto es que también hay factores en la forma de vida actual que están pasando factura, como el ritmo acelerado con el que vivimos.
“Podemos ver en nuestra cotidianidad personas sobrecargadas emocionalmente, agotadas física y mentalmente, aisladas, como incapaces de disfrutar su vida y muy enfocados en el futuro”, detalló Ruiz.

Según Ruiz, estos son algunos de los factores que más influyen:
- Vivimos con un ritmo acelerado, que favorece la ansiedad, el estrés crónico, el agotamiento emocional y los problemas para dormir.
- Las largas jornadas laborales, la incertidumbre económica, el difícil equilibrio entre trabajo y vida personal y fenómenos como la violencia, las migraciones o los desastres naturales aumentan la carga emocional.
- La prisa por resolverlo todo de inmediato dificulta tolerar la frustración y convivir con el malestar.
- Las redes sociales aumentan la comparación constante, al exponer versiones idealizadas de la vida, el éxito o la belleza, lo que puede reforzar pensamientos como “no soy suficiente”.
- Las redes de apoyo también han cambiado. Hace algunas décadas era más común contar con familiares, vecinos o miembros de la comunidad como apoyo cotidiano. Hoy muchas personas viven rodeadas de gente, pero con pocas conexiones realmente significativas.
- El impacto alcanza a personas de todas las edades, desde niños y adolescentes hasta adultos y personas mayores.
Seis herramientas cotidianas para cuidar su bienestar
Uno de los errores más frecuentes, según la especialista, es esperar a tocar fondo para buscar ayuda. Muchas personas normalizan el agotamiento, la tristeza o la ansiedad durante meses, e incluso años, hasta que una crisis las obliga a consultar.
“La idea más bien es evitar llegar a ese punto. Trabajar desde antes”, enfatiza.
Para fortalecer la salud mental, Ruiz recomienda incorporar hábitos cotidianos que funcionen como factores de protección:
- Escuche y valide sus emociones: Tome una pausa para identificar qué siente y dónde lo siente en el cuerpo.
- Cultive vínculos significativos: No necesita una red gigante de amigos. Mantener una o dos relaciones cercanas y sanas donde pueda expresarse con confianza actúa como un gran protector emocional.
- Ponga el autocuidado de primero: Priorice comer a sus horas, tener un sueño reparador, mover el cuerpo y reservar espacios de esparcimiento.
- Practique la autocompasión: Trátese con la misma empatía y amabilidad con la que trataría a un buen amigo, evite juzgarse y exigirse de más.
- Aprenda a diferenciar lo urgente de lo prioritario: Apoyarse en ejercicios de respiración, mindfulness o técnicas de organización le ayudará a no abrumarse con la carga diaria.
- Consulte de manera preventiva: No espere a atravesar un colapso emocional o un momento de crisis para agendar una cita con un profesional en psicología. La atención temprana le dará herramientas para la vida.
“Las emociones contienen información importante sobre nuestras necesidades y cómo estamos experimentando las situaciones”, concluyó.
