
Hay personas que empiezan a evitar ciertos alimentos porque sienten que la comida se les queda pegada en la garganta o que podrían ahogarse. Poco a poco dejan de comer carne, reducen los líquidos y hasta evitan comer en espacios públicos. Si este escenario le suena parecido, preste atención, porque detrás de estas señales puede estar la disfagia, una dificultad para tragar que muchas veces pasa desapercibida.
Aunque algunas personas lo interpretan como una molestia pasajera o como algo propio de la edad, la disfagia puede afectar la seguridad al alimentarse y tener consecuencias en la nutrición, la masa muscular y la calidad de vida si no se identifica y trata a tiempo.
Lo que debe saber:
- Sentir que la comida “no baja” puede ser una señal de disfagia.
- El miedo a atragantarse puede hacer que una persona deje de comer alimentos clave.
- La disfagia no solo ocurre en adultos mayores: también puede aparecer después de un evento cerebrovascular.
¿Qué es la disfagia?
La disfagia es una dificultad para tragar que puede afectar desde la saliva hasta los alimentos.
Natalia Hernández, terapeuta de lenguaje, parte de la red médica MediSmart, explica que no se trata únicamente de “sentir algo raro” al comer.
“La disfagia es un síntoma que se va a relacionar con la dificultad que tienen las personas para poder tragar las secreciones, tanto puede ser la saliva, la mucosa, así como los alimentos. Esta dificultad puede darse tanto en alimentos sólidos como los semisólidos o hasta incluso los líquidos.”
El proceso de tragar involucra diferentes músculos y etapas, por lo que la dificultad puede aparecer en distintas partes del recorrido del alimentos.
Hay dos tipos de disfagia:
- Disfagia orofaríngea: afecta paso de los alimentos de boca a garganta
- Disfagia esofágica: afecta paso de los alimentos del cuello al pecho.
Según Hernández, puede estar relacionada con problemas en los movimientos de contracción muscular, tensión, reflujo o alteraciones que dificultan el paso adecuado del alimento.
Señales de alerta de disfagia
La frase que más escuchan los especialistas es: “siento que algo se me quedó pegado”, pero no es la única señal.
Las personas con disfagia pueden presentar:
- Dificultad para pasar alimentos o líquidos por la garganta.
- Dolor o ardor al tragar.
- Tos durante o después de comer.
- Cambios en la voz luego de ingerir alimentos.
- Sensación de que el alimento no avanza correctamente.
- Reflujo o acidez estomacal.
Melissa Paniagua, nutricionista de la Clínica Renace, parte de la red médica Medismart, explicó que la tos puede aparecer porque el alimento o el líquido no está siguiendo el camino adecuado y existe riesgo de que llegue a la vía respiratoria.



No es un problema exclusivo de adultos mayores
La disfagia suele relacionarse con el envejecimiento por cambios en la fuerza y coordinación de los músculos involucrados en la deglución.
Sin embargo, puede presentarse a cualquier edad.
Hernández explica que también es frecuente en personas que han tenido un evento cerebrovascular, ya que este puede afectar la capacidad de controlar los movimientos necesarios para tragar.
Además, puede observarse en pacientes con demencia u otras condiciones neurológicas.
Cuando el miedo a comer cambia la alimentación y cómo afecta la salud
Uno de los aspectos menos conocidos de la disfagia es que sus consecuencias no se quedan únicamente en la garganta. Muchas personas empiezan a modificar su dieta por miedo a asfixiarse.
“Los pacientes cuando tienen disfagia empiezan a tener mucha selectividad en algunos alimentos por temor a que broncoaspiren o se asfixien”, explicó la nutricionista.
Esto puede provocar que eliminen alimentos con alto valor nutricional, como algunas carnes o vegetales ricos en minerales.
Con el tiempo, esa restricción puede llevar a;
- Pérdida de peso y desnutrición: reducen las porciones
- Pérdida de músculo: evitan la proteína
- Deshidratación: el uso de espesantes les resulta poco agradables.
- Deficiencias nutricionales: eliminan carnes, frutas o vegetales y eso disminuye el hierro, calcio, vitaminas y fibra.
- Mayor riesgo de broncoaspiración: los líquidos podrían causar una neumonía o asfixia.
- Estreñimiento: al evitar las fibras y el líquido.
- Aislamiento: evitan las actividades sociales, lo que poco a poco podría llevar a una tristeza profunda.

Alimentos que pueden dar pistas
En adultos mayores, algunos alimentos suelen generar más dificultad para tragar y pueden ser una señal para buscar ayuda.
Entre ellos están:
- Pan seco o muy tostado.
- Nueces.
- Coco.
- Granola.
- Arroz muy suelto o “boronoso”.
- Carne mechada.
- Pollo mechado.
- Preparaciones que mezclan líquidos con trozos sólidos, como algunas sopas.
“Los músculos del esófago no los impulsan, puede ser por inflamación, estrechamiento del esófago, esofagitis eosinofílica, enfermedades neurológicas, masas, u obstrucciones”, precisó.
¿Cuándo debería consultar?
La recomendación es no esperar a que la dificultad empeore o a que la persona deje de comer varios alimentos.
El abordaje depende de la causa. En algunos casos, explicaron las especialistas el primer profesional que identifica el problema puede ser un médico general o un neurólogo, especialmente después de un evento cerebrovascular.
Cuando la dificultad está relacionada con el esófago, puede intervenir un gastroenterólogo.
También pueden participar otros especialistas, como otorrinolaringólogos o alergólogos, especialmente cuando existe inflamación del esófago asociada con alergias.
La disfagia requiere un trabajo conjunto entre diferentes áreas, incluyendo terapia de lenguaje y nutrición. Detectarla a tiempo permite iniciar rehabilitación y evitar complicaciones.
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