Salud

Médico en Ciudad Neily: ‘Al estar colapsados los hospitales centrales, es muy difícil que nos acepten traslados’

Especialista en ginecoobstetricia Yeimin León asegura que, en muchas ocasiones, se limitan a recibir pacientes críticos, pero las siete horas de distancia con los centros médicos de San José, complican el panorama

Yeimin León es médico gineco obstetra del Hospital de Ciudad Neily, en la zona sur. Desde allí emprende una lucha diaria por atender pacientes con las limitaciones de un hospital periférico, en medio no solo de la pandemia, sino también de un colapso hospitalario causado por la misma.

Según afirmó, tratar casos de cáncer de cérvix o de ovarios, embarazos de alto riesgo, partos de mujeres con covid-19, se ha complicado. En las últimas semanas, esto se vuelve mucho más dificultoso, pues debe enfrenar las limitaciones de ser el único especialista en su rama en un centro médico pequeño, que históricamente ha dependido de los establecimientos de salud más grandes y especializados cuando se sobrepasa su capacidad.

“Nosotros siempre teníamos ese as bajo la manga, de que tenemos un tope hasta donde podemos llegar con ciertas patologías y a partir de ahí, tenemos la posibilidad de derivar. Las patologías de mayor complejidad se derivan a hospitales más grandes, con mayores equipos que pueden ver esos casos. El problema radica cuando tenemos tantos pacientes con covid-19, la paciente embarazada es especialmente diferenciada”, expresó León.

“Si se nos complicara una paciente y requiriera cuidados intensivos, nuestros recursos están en San José. No contamos con esos recursos y estamos a siete horas de distancia. Antes podíamos prever las complicaciones y derivar antes. Al estar colapsados los hospitales centrales, para ellos es muy difícil aceptar una paciente que no tenga esa complicación. Nos dicen ‘déjenla evolucionar’. ¿Pero cómo hago yo si ella se complica y está a seis horas o más? Quien se repercute es el paciente, y en las embarazadas son dos pacientes”, añadió.

A esto se le debe sumar el cansancio y estrés de los distintos trabajadores del hospital.

“Hay un burnout de todo el personal médico. No solo el trabajo, también las emociones. Hemos visto ambos padres de compañeros morir con diferencia de horas. Hemos visto compañeros, gente conocida, el pulpero, el de la soda, morir”, subrayó el especialista.

Las angustias comienzan a veces con solo detectar un caso positivo, aun cuando no esté grave, porque ya esto activa los protocolos de búsqueda de posibles contactos y de aislar a quienes resultaran portadores. “Tenemos un código covid cada 30 o 40 minutos”, detalló el especialista.

Traer bebés al mundo en plena pandemia

Las consultas de control prenatal, especialmente en embarazos de alto riesgo, no han dejado de darse durante toda la pandemia. Lo que sí se limitó es la llegada de acompañantes. León destacó que hay momentos en los que habría sido necesaria la compañía de alguien, como en casos de abortos espontáneos u óbitos, o en caso de diagnóstico de malformaciones.

La covid-19 también hizo más difícil la atención. Hasta el momento, se han realizado dos cesáreas programadas de mujeres que se sabía tenían el virus, y entre seis y ocho partos de quienes, sin saberlo, estaban infectadas y se han enterado después del parto. En muchos casos, llegan de emergencia en plena labor y no pueden hacerles las pruebas antes, porque la prioridad es atender el nacimiento.

“Han estado en contacto en el mismo cuarto con cuatro o cinco mamás con sus bebés y se les tuvo que aislar y hacer la prueba a todas. Por dicha ninguna de ellas se infectó. Hace poco tuvieron que cerrar una parte del servicio por una paciente que llegó en labor de parto y desconocía que tuviera covid. Al dar la prueba positiva, se tamizó a quienes estaban ahí y se clausuró temporalmente un área”, recordó.

Los casos más complejos se derivan a hospitales mayores, como el Escalante Pradilla.

Atender cáncer en medio de las limitaciones

Las consultas oncológicas tampoco se han paralizado. En Ginecología estos reúnen a los cáncer de cérvix o cuello de útero, útero, ovarios, vulva, entre otros. Estas consultas son trascendentales para ellas, pero en algunos casos se han tenido que aplazar porque la paciente estaba con orden sanitaria. Esto incrementa la posibilidad de avance de la enfermedad por lo que se buscan reprogramar cuánto antes.

Las cirugías oncológicas, quimioterapia o radioterapia sí son atendidas en San José. En este sentido, algunas pacientes han señalado trabas con restricción vehicular, porque aun con el comprobante de la cita, los oficiales de tránsito reclaman. Esto no solo sucede con los tumores, también con otras patologías.

“Al ser un lugar pequeño, la gente lo conoce a uno y se lo encuentran en la pulpería, en una soda y la gente se le acerca y le dice: ‘Doctor, yo ocupo que usted me vea, yo tenía cita hace seis meses y me la han ido corriendo y corriendo’. Eso es muy duro, pero tenemos alertas covid-19 todos los días y esto podría vulnerarlos a ellos al contagio”, relató el especialista.

Los procedimientos selectivos sí se han paralizado. Esto resulta también en detrimento de la calidad de vida de algunas personas. León puso como ejemplo la incontinencia urinaria, un mal que no pone en riesgo la vida de la persona, pero sí su bienestar y salud emocional. Estas personas, según describió, se deprimen y se aíslan.

El principal enemigo: la desinformación

Pese a todas estas condiciones, el especialista aseguró que el principal problema ha sido la desinformación.

“No existe una formación a nivel de escuela y colegio, ni siquiera de universidad de que las personas tengan cómo desmenuzar lo que les llega, cómo verificar la fuente. El paciente asimila lo que le llega a la mano y lo da por cierto. Esto es un gran problema”, aseveró León.

El especialista ha tenido que luchar contra esto incluso, en su propia familia. El chat de WhatsApp de su familia se llenó de mensajes donde decían que la vacuna no servía y que les colocaban un chip que los iba a controlar.

“Luchar contra mis padres fue algo difícil, que ellos lograran colocarse la vacuna. Hipertensos, mayores de 65 años. Mi mamá no quería ponerse la vacuna. Uno ve familiares, gente cercana grave o muriendo y que quizás se hubiesen librado. Es cansado. Es un gran peso. Mis tías decían: ‘Yeimin no lo va a admitir porque no le conviene, pero él sabe que eso no funciona’. Lo que decían no tiene lógica pero es lo que ellos escucha y creen”, manifestó.

El reflexionó además, que quienes llegan con estos pensamientos ni siquiera traen una fuente. Comienzan con “me han dicho”, “me han contado”, “lo leí en Internet”, “lo vi en YouTube”. León tiene su estrategia de escuchar, preguntar de dónde salieron las cosas y luego explicar lo sucedido.

“Lo malo es que hemos tenido unas cuantas ‘ovejas negras’ que se nos han descarriado, incluso en la profesión, me han traído videos de médicos no costarricenses. Y están tan ávidos de tener más gente y lo comunican a muchas personas. Cuando hay familias que creen esto, esa fuente que no es oficial, pero que refuerza la forma de pensar en esas personas. Ellos mismos se encargan de reproducirlo por 40 y llevarlo a todos sus conocidos”, contó el médico.

Su mensaje final para las personas es que se vacunen, pero que si tienen dudas busquen a un médico o a un profesional de salud para que aclare todas sus dudas. En todos los centros de salud hay personas que están dispuestas a responder todas las preguntas que tengan.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.