
La economía costarricense muestra varios rasgos asociados a la llamada enfermedad holandesa −fuerte entrada de divisas, apreciación sostenida de la moneda y presiones sobre sectores exportadores tradicionales−, aunque economistas difieren sobre si el caso calza plenamente con la definición clásica o si más bien responde a un cambio estructural y a decisiones de política económica.
La enfermedad holandesa ocurre cuando una fuerte entrada de divisas aprecia la moneda de un país y termina debilitando sectores productivos locales.
El tipo de cambio en Costa Rica se ubica en niveles que no se observaban desde hace casi dos décadas. La apreciación sostenida del colón frente al dólar está asociada, principalmente, a un fuerte influjo de divisas que eleva la oferta por encima de la demanda.
Entre los factores que continúan apuntalando ese mayor ingreso de dólares destaca el dinamismo de las zonas francas, impulsado por la inversión extranjera directa y la producción de bienes exportables que mantiene una dinámica alta, según explicó Pablo González, gestor Jr. de Portafolios de Grupo Financiero Mercado de Valores.
De acuerdo con González, las divisas que ingresan al país para cubrir obligaciones en colones entran en una “espiral de aumento”: al traer los dólares se presiona el tipo de cambio a la baja y, en el periodo siguiente, se requieren más divisas para obtener la misma cantidad de dinero en moneda nacional, lo que refuerza la presión a la baja.
En este contexto, algunos economistas consideran que la economía del país podría estar experimentando un fenómeno económico similar a la llamada enfermedad holandesa, mientras que otros descartan que se trate de ese caso en sentido estricto.
La Nación consultó al Banco Central, a través de un correo enviado el pasado 23 de febrero a las 11:32 a. m., si el país está sufriendo de la enfermedad holandesa; sin embargo, al cierre de esta edición no se obtuvo respuesta.
¿Qué es la enfermedad holandesa?
El término se originó en Países Bajos cuando, tras el descubrimiento de gas natural en el mar del Norte a finales de los años cincuenta del siglo pasado y el inicio de su explotación en la década de 1960, se generó un ingreso extraordinario de divisas a ese país.
De acuerdo con un artículo elaborado por economistas del Banco Central de Chile, el hallazgo provocó una fuerte contracción de las exportaciones industriales como porcentaje del producto interno bruto (PIB) de Países Bajos, asociada a una abrupta apreciación real de la moneda local, en ese entonces, el florín holandés.
En ese contexto, el economista y exregulador general Dennis Meléndez, explicó que el tipo de cambio en el país europeo se determinaba por el mercado y que, en aquel entonces, lo que ocurrió fue que se multiplicó la oferta de dólares sin que la demanda creciera en la misma proporción, lo que ocasionó la apreciación del florín holandés.
“Consecuentemente, eso lo que hizo fue que todos los productores locales y todos los exportadores, sobre todo, se empezaron a arruinar, porque ellos tenían sus costos en florines y resulta que cada vez recibían una menor cantidad de florines por cada dólar que exportaban. Empezaron a quebrar y empezaron a cerrar los negocios como consecuencia de que el tipo de cambio estaba totalmente desalineado”, explicó Meléndez.
La enfermedad holandesa ocurre cuando una fuerte entrada de divisas aprecia la moneda y termina debilitando sectores productivos locales.
— Daniel Ortiz, director de Cefsa
Con el tiempo, la denominación de enfermedad holandesa se ha extendido a países que descubren recursos naturales −como petróleo u otros− y que enfrentan procesos de apreciación real de su moneda con efectos sobre sus exportaciones industriales.
Incluso, la literatura señala que la creciente entrada de capital, como inversión extranjera en economías emergentes, pueden generar efectos similares a los de un auge de recursos naturales, según el artículo del Banco Central de Chile.
Bajo ese marco conceptual, surge el debate sobre si la evolución reciente del tipo de cambio en Costa Rica responde o no a un fenómeno de características similares.
¿Costa Rica está padeciendo esta enfermedad?
Meléndez considera que en Costa Rica se están observando “apenas” etapas iniciales de la enfermedad holandesa, pues todavía muchas empresas continúan operando porque aún registran utilidades, aunque puede que se estén resignando a percibir cada vez menos.
Además, advierte que, conforme las empresas dejen de ser competitivas, empezarían a cerrar, lo que implicaría una reducción en la producción local y una caída en el empleo. En consecuencia, comenzaría a bajar el nivel de ingreso de la población, caerían los niveles de consumo y crecería la pobreza.
En una línea similar, Rodrigo Cubero, expresidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR), señaló que en el país sí existe una especie de enfermedad holandesa, en el sentido de que un sector exportador muy focalizado ha generado una entrada significativa de dólares al país.
Desde su perspectiva, el fuerte influjo de divisas asociado al éxito del régimen de zonas francas presiona a la baja el tipo de cambio y afecta la competitividad de otros sectores exportadores, así como del turismo y de las actividades que compiten con importaciones.
El comportamiento cambiario ya ha empezado a generar alertas en algunos sectores productivos del país.

Recientemente, la Cámara de Productores y Exportadores de Melón y Sandía de Costa Rica (Caproexmes CR) envió una carta al presidente del Banco Central, Róger Madrigal, en la que se lee que, por el precio del dólar, están “al borde” del cierre de la actividad de producción y exportación de melón y sandía a Estados Unidos, países miembros de la Unión Europea y otros mercados.
El sector exportador es uno de los más afectados por el comportamiento actual del tipo de cambio, debido a que recibe ingresos en dólares, pero una parte importante de sus gastos está en moneda nacional. Ante esto, se ven obligados a destinar más divisas para cumplir con sus compromisos.
No obstante, otras voces adoptan una posición más reservada.
Daniel Ortiz, economista y director de la firma Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), indicó que la economía costarricense no presenta la enfermedad holandesa en su sentido clásico, aunque sí muestra algunos síntomas parciales que ameritan atención.
En el país, el ingreso sostenido de dólares −proveniente de la inversión extranjera directa, las exportaciones de zonas francas, el turismo y el financiamiento externo− impulsa una apreciación persistente del colón frente a la moneda extranjera. Esto, según Ortiz, contribuye a reducir la inflación, pero empieza a afectar la competitividad de sectores orientados al mercado local, exportadores tradicionales y parte del turismo.
“Más que una enfermedad lo que vemos es una economía cada vez más dual, donde el sector vinculado al exterior crece con mayor dinamismo que la economía doméstica. También sectores domésticos se ven afectados en términos de crecimiento y de gente empleada”, dijo Ortiz.
En la misma línea, Roxana Morales, coordinadora del Observatorio Económico y Social de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA), sostuvo que hasta ahora no puede afirmarse que Costa Rica padezca la enfermedad holandesa en sentido estricto.
“En el caso costarricense, el mayor dinamismo exportador no proviene de un recurso natural extractivo, sino de sectores de alto valor agregado, como los servicios empresariales y, particularmente, la industria de dispositivos médicos y equipo de precisión”, comentó.
El avance de este sector generó que, entre 2019 y 2025, su peso en las exportaciones del país pasaran del 32% al 48%.
“Evidencia una creciente concentración del crecimiento exportador en una actividad específica. Este comportamiento ha contribuido al ingreso sostenido de divisas y, por tanto, a la apreciación del colón”, agregó Morales.
Ese flujo de dólares se prevé que continúe para pagos de planillas e inversión extranjera. Por ejemplo, un grupo de 68 empresas de zona franca se comprometieron a invertir en el país $2.439 millones al 2033. La mayoría de esos recursos serán de compañías de dispositivos médicos.
Por otra parte, hay quienes niegan rotundamente que el país atraviesa dicha enfermedad.
Fernando Naranjo, economista y exministro de Hacienda, explicó que la evolución del tipo de cambio en el país está lejos de ser una enfermedad holandesa. “Aquí lo que tenemos es endeudamiento público para mantener artificialmente bajo un tipo de cambio y favorecer una inflación cercana a cero”, señaló.
Para José Luis Arce, director de la firma FCS Capital, hablar de enfermedad holandesa “es un error y peca de simplista”. A su parecer, a diferencia de lo que pasó en Países Bajos en la década de los 60, lo que ha ocurrido en Costa Rica es un cambio estructural más profundo y menos repentino.
“Es el resultado de la apertura comercial iniciada en los 90 y de la reducción de las vulnerabilidades macroeconómicas asociada con reformas financieras y a la autoridad monetaria. No se trata de un fenómeno repentino sino un proceso”, agregó.
Tipo de cambio en mínimos históricos
Desde el 11 de diciembre del 2025, el tipo de cambio se mantiene por debajo de los ¢500 e incluso ha alcanzado mínimos históricos en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex).
En la sesión del viernes 27 de febrero, el promedio ponderado del precio del dólar en Monex disminuyó ¢0,83 respecto a la jornada previa y cerró en ¢470,19, el nivel más bajo desde el inicio de la serie histórica del Banco Central, el 6 de diciembre del 2007.
A finales de noviembre pasado, líderes de cámaras empresariales indicaron a este medio que el nivel del tipo de cambio complicaba hacerle frente a los gastos, pues prácticamente todos están en moneda local; afectaba la competitividad de compañías, reducía capacidad de inversión, limitaba actividad productiva y obligaba a muchas a recortar personal.
