El dólar barato y el golpe silencioso a los servicios
Las empresas de servicios que exportan suelen facturar en dólares, pero pagan su estructura en colones. Cuando el colón se aprecia, su costo en dólares sube de inmediato
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Rodrigo Castro Ventura
Desde mediados de 2022, el dólar viene perdiendo valor en Costa Rica. Para algunos actores, eso ha sido un alivio; para otros, un golpe que no suele verse en las estadísticas de corto plazo. (Shutterstock/Imagen)
El tipo de cambio no es un dato de pantalla: es un precio que define qué actividades pueden competir y cuáles quedan rezagadas. Desde mediados de 2022, el colón se ha apreciado de forma marcada frente al dólar, pasando de niveles cercanos a ¢690 a un entorno alrededor de ¢500. Para algunos actores, eso ha sido un alivio; para otros, un golpe que no suele verse en las estadísticas de corto plazo.
Las empresas de servicios que exportan –agencias, consultoras, productoras, firmas de tecnología y proveedores vinculados al turismo– suelen facturar en dólares, pero pagan su estructura en colones. Cuando el colón se aprecia, su costo en dólares sube de inmediato. Una planilla mensual de ¢500 millones equivalía a cerca de $725.000 con un tipo de cambio de ¢690, pero con ¢500, el mismo gasto se acerca a $1 millón. No hubo aumentos salariales ni expansión: solo cambió el valor relativo de la moneda.
Como muchas de estas compañías son tomadoras de precios, no pueden trasladar ese aumento a sus clientes. La consecuencia deja de ser “menos rentabilidad” y se convierte en pérdida operativa. Y es irreal esperar recortes de 30% o 35% sin afectar la operación: esos ajustes salen de recortar talento, herramientas, capacidad de respuesta y calidad, o de congelar inversión y crecimiento.
Por eso, el daño es silencioso. No siempre hay despidos masivos: hay vacantes que no se llenan, proyectos que se pierden, inversiones que se postergan y empleo que nunca llega a crearse. En paralelo, encuestas empresariales ya colocan el tipo de cambio entre los principales factores que deterioran la competitividad, junto con cargas sociales y déficit de recurso humano.
Costa Rica no debe renunciar a la estabilidad macroeconómica, pero sí necesita un debate más honesto sobre sus efectos diferenciados y sobre instrumentos para administrar el riesgo cambiario: coberturas más accesibles para pymes, mejores prácticas contractuales (incluidas cláusulas de ajuste) y criterios de intervención más transparentes.
La estabilidad es un activo; el reto es que no se convierta, sin quererlo, en un freno para la economía de servicios que sostiene empleo y encadenamientos en todo el territorio.
Rodrigo Castro Ventura es experto en marketing y comunicación estratégica.