
La zona del país donde las cosechas de arroz se han visto más afectada es la región Chorotega, en Guanacaste, que, por cierto, proyecciones científicas prevén que será una zona árida para el año 2080.
Un proyecto de investigación ha avanzado desde el año pasado para llegar a dar con una variable de arroz que sea tolerante a las sequías, para así mermar los efectos negativos de las condiciones de aridez que atentan contra su crecimiento en cualquier parte del país. La iniciativa se ha desarrollado de manera conjunta entre el Tecnológico de Costa Rica (TEC), la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional (UNA).
Por parte del TEC, un grupo de estudiantes de Ingeniería en Biotecnología participó como asistentes. El trabajo se titula Selección in vitro de líneas promisorias mutantes de arroz CR 5272 resistentes a sequía y salinidad.
El proyecto ha consistido, principalmente, en simular las condiciones de sequía, tras recolectar muestras del arroz CR 5272, obtenidas en Guanacaste. Esa emulación del escenario real incluyó condiciones controladas de temperatura, luz, estímulos y desarrollo.
“La simulación de la sequía era bastante exacta gracias a eso”, le explicó al medio Hoy en el TEC la doctora Ana Abdelnour, coordinadora del proyecto en el TEC.
Por su parte, Rafael Orozco, coordinador de la UNA, comentó sobre algunas de las principales dificultades con las que tuvieron que lidiar en medio del proceso. Entre estas, se presentó la necesidad de conocer el ciclo del cultivo con exactitud. Esto permitió aplicar la sequía en etapas claves de desarrollo del cultivo, por ejemplo, la etapa de floración, para así conocer su impacto de cierto nivel de sequía en la producción.
También fue necesario regular la fecha de siembra en el verano para evitar la presencia de lluvia natural, determinar el porcentaje de sequía aplicado, así como evitar el ingreso de agua en la parcela en la cual se simula el “estrés hídrico”, entre otras.
Regularmente los productores toman medidas como usar sistemas de riego, variar las fechas de siembra, cosechar variedades tolerantes o, incluso, no sembrar.
Como objetivo, este proyecto espera seguir avanzando en el descubrimiento y desarrollo de líneas avanzadas de mutantes de arroz con tolerancia a la sequía, las cuales serían de gran utilidad para el sector productivo arrocero.
Orozco asegura: “Es evidente que este tipo de trabajo requiere el desarrollo de una agricultura inteligente que nos ayude a emplear todas las herramientas disponibles para enfrentar este fenómeno”.
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El proyecto continúa
Hasta el 31 de diciembre el proyecto estuvo financiado por el CONARE. A partir de este año y hasta el 31 de diciembre del 2019 la iniciativa seguirá vigente gracias a un proyecto regional de cooperación internacional denominado ARCAL (Acuerdo Regional de Cooperación para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe). Los investigadores involucrados prevén la necesidad de obtener financiamiento privado para poder continuar.
El avance del proyecto es a largo plazo, tomando en cuenta que la liberación de nuevas variedades puede extenderse hasta por 11 años, considerando, en parte, los requerimientos solicitados por la Oficina Nacional de Semillas. Por otra parte, una nueva variedad puede durar vigente un quinquenio años en el mercado. “Este tipo de actividades de mejora genética son lentas y su costo es alto”, asegura Orozco.
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