Por: David Vargas.   23 abril
Archivo de La Nación.
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Es raro ver a Mark Zuckerberg, la cabeza de la red social Facebook, sin su típico atuendo de jeans y camiseta gris y no hablando sobre las mejoras que espera implementar en su red. Es todavía más raro verlo vestido de saco y corbata en una comparecencia legislativa en el Congreso estadounidense dando explicaciones sobre cómo se usan los datos que Facebook guarda de sus usuarios en el contexto de una investigación sobre manipulación de votantes.

En marzo del 2018, Facebook estuvo en el centro de la polémica cuando una serie de reportajes publicados por el diario estadounidense New York Times y el diario británico The Guardian mostraron cómo la empresa Cambridge Analytica usó datos personales de aproximadamente 80 millones de personas en Facebook para construir perfiles psicográficos y enviar mensajes personalizados para influenciar su decisión de voto en las elecciones estadounidenses de noviembre del 2016.

La cantidad de datos personales, la forma en que se obtuvieron esos datos y el uso que se les dio provocó que el mismo Mark Zuckerberg tuviera que dar explicaciones ante un comité de congresistas sobre la obtención de esos datos. Tras el escándalo, muchos blogs de temática tecnológica comenzaron a criticar el descuido de Facebook para proteger esos datos, sugirieron una mundo sin Facebook y recomendaron a sus seguidores borrar la aplicación de sus teléfonos para evitar ser rastreados.

En el centro de esta tormenta surge la discusión sobre el manejo de datos que generan los usuarios al usar Facebook y otras redes sociales. ¿Qué expectativas puede tener el usuario sobre el manejo de esos datos?

María Estrada, profesora de Ingeniería en Computación e investigadora de la iniciativa GoTouch del Tecnológico de Costa Rica (TEC), explica que cada vez que un usuario ingresa a plataformas en línea y navega por sitios web deja una “huella digital”. Esta huella digital registra los sitios web que visitó, el dispositivo que utilizó para hacerlo, el sistema operativo que tiene, el tiempo que dedicó a navegar y la información que ingresó (términos de búsqueda, información de formularios, usuarios), para mencionar algunos.

Empresas como Facebook y Google guardan toda esa información y crean perfiles de usuarios. Esta información la usan para vender servicios publicitarios como Facebook Ads y Google AdWords. Los datos sobre el comportamiento de sus usuarios sirven para que anunciantes puedan dirigir la publicidad a públicos muy específicos.

Como usuario, usted puede notar que si ha estado buscando en línea información de productos de su interés (ropa, carros o boletos aéreos), de repente, comienzan a aparecer anuncios de esos mismos productos cuando usted navega por otros sitios web. La huella digital que queda al navegar por varios sitios y seguir ciertos vínculos es lo que permite que esto ocurra.

¿Esto ocurre sin mi consentimiento? No. Las políticas de uso de estos servicios (Facebook y Google, por ejemplo) indican que al utilizar las plataformas, la información que se recopile de usted será usada con estos fines. Cuando yo creo una cuenta en Facebook o una de GMail, acepto esos términos de uso.

Lo irregular en el caso de Cambridge Analytica es que se logró recopilar información detallada de 80 millones de usuarios por medio de una aplicación para Facebook llamada This is Your Digital Life. Al llenar este formulario, el usuario dio consentimiento para que se recolectara información de su perfil y de sus amigos en Facebook. Esto ocurre desde el 2014, cuando las políticas de uso de información de Facebook eran mucho más laxas.

Cambridge Analytica no es un caso de hackeo de información. Los datos no se obtuvieron de manera ilícita robando usuarios y contraseñas, según han señalado publicaciones en Vox. Se obtuvieron jugando con el consentimiento de los usuarios sin ser muy precisos en el uso posterior de esos datos.

"Jamás podemos ver esto como algo que es normal", enfatiza María Estrada. "Esto fue una catástrofe ética y de seguridad (de los datos). Yo puedo entender que exista una huella digital, pero de las cosas que yo he autorizado". La investigadora insiste en que no se debe permitir que se pierdan los derechos digitales de los usuarios.

Para Estrada, es importante que los usuarios se tomen el tiempo de leer los términos de uso para que estén enterados de los datos que se recopilan sobre ellos. Aceptar esos términos significa que se acepta que –por ejemplo– los tests de personalidad y otras dinámicas comunes en redes sociales puedan recopilar esa información.

La investigadora recalca que los usuarios deben hacer un uso responsable de las plataformas tecnológicas, estar claros en los términos de uso, aprender sobre las opciones de privacidad que ofrecen dispositivos y plataformas y, ante todo, hacer valer sus derechos digitales.