
En medio de una edición marcada por historias de superación, liderazgo y diversidad, el camino hacia la corona de Miss Universo Costa Rica 2026 se acerca a su momento decisivo.
A pocos días de la gala final, que se celebrará el próximo 5 de junio en el Centro de Convenciones de Costa Rica, la organización confirmó el panel de jueces que tendrá la responsabilidad de elegir a la próxima representante del país.
El grupo está integrado por el empresario Kurt Werner, el experto en certámenes Geury Rodríguez, la doctora Natalia Quesada y el missólogo Ramiro Barrio, así como las exreinas costarricenses Karina Ramos, Verónica González y Valeria Rees. Además, nuevamente estará presente Victoria Kjaer, Miss Universo 2024.
Más allá de la competencia estética, las aspirantes han convertido el certamen en una vitrina de experiencias personales ligadas al emprendimiento, la maternidad, la educación y el servicio social. Así lo demuestran Brenda Alfaro y Yoselyn Ureña, últimas candidatas en compartir su historia con La Nación.
Brenda Alfaro, madre y empresaria que busca su sueño
Brenda Alfaro es una empresaria de 32 años y madre de dos niñas, quien personifica la resiliencia y la determinación. Tras enfrentar la pérdida de su madre a los nueve años debido al cáncer, decidió transformar ese profundo dolor en un firme propósito de vida: ser una mamá presente y un ejemplo de superación para sus hijas.
—¿Cómo empezó con los certámenes?
—Sí, era un sueño de niña. Mi mamá siempre me decía “mi princesa”, porque siempre andaba vestida de princesa y ella decía que me veía así. Entonces, cuando me veía en el espejo, me veía como la princesa que veía mi mamá; eso me llenaba de mucho sentimiento.
”Se me presentó un certamen de Reina Intercontinental y después fui a Orlando a representar a Costa Rica. Solicité la visa y me la dieron; me fui a vivir allá y me hice mamá. Ahí los certámenes tuvieron una pausa porque ser madre era el sueño más grande de mi vida. Luego cambiaron los requisitos y ahora puedo participar en el Miss Universo”.
—¿Eso ha sido lo más difícil de su proceso, ver a poco a sus hijas?
—Yo soy mamá gallina; no puedo imaginarme dejándolas para hacer otra cosa porque estaban muy chiquitas y dependen de mamá por completo. Esa era mi prioridad; para mí era tan importante forjarlas a ellas y que mamá siempre esté ahí. Una de las razones por las cuales me hice empresaria y decidí emprender fue para tener tiempo de calidad.
“Luego, algunos de mis conocidos decían: ¿Y usted para cuándo? ¿Y Miss Universo para cuándo?. Este año, ya tenía mi negocio funcionando por más de un año y mis hijas ya estaban en la escuela; me senté con ellas y les dije: ‘Quiero dar un paso. Mamá tiene un sueño. Me gustaría que sean parte también, pero quiero saber si cuento con ustedes’. Y la respuesta fue: ‘Sí, mamá, amo que hagas eso’”.
—¿Cómo fue ese inicio de decir: ‘Voy a Miss Universo Costa Rica, pase lo que pase’?
—Siento que la mentalidad con la que se tengan las cosas influye muchísimo. Yo sé a lo que vine y sé el precio que tengo que pagar por esto. Esto va a durar el tiempo que tenga que durar y el propósito que Dios tenga para mí aquí.
—¿Cuál es su campo empresarial?
—Ahora mismo yo tengo una tienda de departamentos en La Fortuna de San Carlos, pero tengo una venta de autos en Estados Unidos y yo llevo eso también.
—¿Qué le comentan sus hijas?
—Mi hija, la mayor, decía algo como: ‘Mamá, ¡Todo el mundo te vio en televisión!’. Y yo: ‘¿En serio? ¿Y cómo te hace sentir eso?’. ‘Mamá, me encanta’. Y la pequeña dice que le guarde los vestidos, los más hermosos, para cuando ella sea Miss Universo también.
“Lo más importante para mí ha sido demostrarles a mis hijas que ellas son mi impulso para cumplir mis sueños, mi fortaleza y mi motivación”.
—En medio de todo esto, ¿cuál es su historia de vida?
—Mi mamá murió de cáncer cuando yo tenía nueve años, y ahí fue donde entendí que tenía que transformar el dolor en propósito. Ya no la tenía para todas las preguntas que le surgen a uno de niño y de adulto. Por eso, para mí era tan importante ser una mamá presente.
—¿Qué mensaje desea llevar?
—Para mí es una plataforma para que las mujeres como yo, como mamás o que incluso crecieron sin sus papás, entiendan que no hay limitantes; la única limitante está dentro de nosotros.
“Quiero impulsar a las mujeres madres a que no dejen de soñar, que no vean a su hijo como un impedimento para hacer las cosas, sino que eso las motive a sacar su mejor versión”.
Yoselyn Ureña, la miss con vocación de maestra
Yoselyn Ureña, de 28 años, combina el orgullo de sus raíces agricultoras con una profunda vocación por la enseñanza. Proveniente de una familia trabajadora dedicada a la producción de café en una finca en Pérez Zeledón, construyó su vida en torno al servicio como docente.
—¿Cómo inició en los certámenes?
—Tenía como 20 años; no puedo decir que fue un sueño de niña, la verdad es que no, lo veía muy lejano para mí. Había un casting, me llegó un mensaje, le conté a una de mis mejores amigas y ella fue la persona que me impulsó.
—¿Por qué hasta ahora participar en el Miss Universo Costa Rica?
—Para mí es el certamen más importante; se necesita muchísima preparación. Antes de llegar acá pasé por dos o tres certámenes en los que aprendí muchísimo, me sirvieron de escuela realmente. Yo veo el Miss Universo Costa Rica como la graduación de los certámenes de belleza.
—¿Cómo es su vida fuera de los certámenes?
Es bastante diferente y muy alejada de todo lo que se ve en los certámenes de belleza. Soy docente y mi vida gira en las aulas cuando estoy ahí; también vengo de una familia agricultora. Me encanta estar en mi pueblo y con mi familia. Me encanta cuando producimos café.
“Yo tengo una historia curiosa y es que soy de Cartago y también de Pérez Zeledón, entonces mi familia está allá. Tenemos una finca en Pérez Zeledón donde producimos café, ese es mi lugar feliz. Creo que es el lugar al que siempre quiero volver porque ahí está mi familia.
—¿Antes del certamen ejercía como docente?
—Puse en pausa mi carrera como docente hace poquito. Es todo un proceso bastante difícil porque usted puede dejar un trabajo, pero dejar una familia que viene con niños es muy difícil. Cuando sus decisiones no solamente lo afectan a usted, sino que afectan la vida de muchísimas otras personas, es muy difícil; hace poquito me tuve que despedir de mis niños y eso es una parte muy fuerte para mí.
—¿Fue difícil tomar la decisión?
—Sí, mi carrera como docente ha pasado por muchísimas cosas. Hubo un momento de la vida en el que, por una situación que viví en una institución, pensé que no iba a volver a ser docente. Pasé por un momento muy traumático donde viví violencia física y psicológica en una institución, y esa vez no me pude despedir de mis niños.
“Me dije a mí misma que no iba a volver a ser docente, pero Dios todo lo hace bien hecho y, de un momento a otro, llegó otra oportunidad a mi vida. El lugar en el que yo estaba trabajando realmente me mostró que no solamente es una profesión, sino que yo tengo una vocación”.
—¿Cuál es su historia de vida?
—Yo crecí en una familia de gente trabajadora y me siento muy orgullosa siempre de decir de dónde vengo. Crecí entre cafetales, por eso la parte del café, de producir y de representar a las personas agricultoras y caficultoras, siempre está muy presente en mí.
“Recuerdo una infancia muy feliz, tal vez con muchas limitaciones, sí, pero con una familia amorosa, muy unida y con muchas bendiciones. Crecí siendo muy reservada, jamás pensé estar en un certamen de belleza. Me encantaban, pero lo veía muy lejano”.
—¿Cuál es el mensaje que desea llevar?
—Siempre me gusta dejar en las personas que luchen por sus sueños, pero también creo que es importante recordar que estamos acá en este mundo para servir. En mi familia creemos que “el que no vive para servir, no sirve para vivir.
“A las niñas que, como yo, crecieron en un pueblito pensando que tal vez sus sueños eran demasiado lejanos, les diría que se atrevan a soñar en grande. Nunca olviden de dónde vienen, mantengan siempre su humildad, su esencia y pongan todo en manos de Dios, porque es el que hace todas las cosas posibles”.
