Farándula

Así son los días de Kattya La Fea, la niña estrella de ‘Chungalandia’

En los años 70 el recordado Chungaleta no solo descubrió el talento histriónico de aquella chiquita, sino que le encajó el apodo por el cual la siguen reconociendo, medio siglo después. Publicista de profesión, se alejó del ambiente artístico y se casó con su amor de colegio.

¿Qué se habrá hecho Kattya La Fea?, me pregunté hace un par de semanas. Busqué en Internet por aquello de hallar algún artículo reciente, y nada. Calculo que han pasado más de 50 años desde que la intrépida y encantadora chiquilla se dio a conocer en el país como una de las estrellas del programa Chungalandia, uno de los primeros espacios infantiles que arribó a la entonces novel televisión nacional, en los años 70.

Sin mucha fe, pregunté en Facebook si alguien sabía cómo localizarla y al momento tenía el inbox repleto de gente que me envió desde su teléfono hasta el lugar donde tiene la oficina. Pero también hubo quiénes me preguntaron, extrañados, que de dónde había salido ese mote y por qué alguien andaría por la vida como “Kattya La Fea”.

A grandes rasgos, se trata de quien fue una niña estrella descubierta por Antonio Menéndez, conocido en la pantalla chica de antaño como “Chungaleta”, un español que se vino con sus bártulos a hacer televisión al país, cuando esta estaba en pañales en Costa Rica, y vaya que lo logró.

Fundador de Chungalandia, a principios de los años 70, Chungaleta visibilizó a varios talentos infantiles entre los que se estuvieron no solo ”Kattya La Fea”, sino otras niñas de entonces entre las que se contaba, por ejemplo, la gran cantante nacional Jenny Castillo, quien falleció en el 2020. También pasó por ahí Marcia Saborío, cuando tendría unos siete años y era igualita a su querido personaje Shirley Yajaira.

En cuánto Kattya atendió mi llamada, palabra que me transportó en el tiempo pues si bien es cierto han pasado más de cinco décadas, su timbre de voz es, definitivamente, evocativo para quienes la vimos en pantalla haciendo las delicias de la chiquillada de entonces.

Con 59 años, Kattya Abarca Guerrero accedió al primer momento a responder preguntas sobre cómo habiendo sido tan mediática, de un pronto a otro desapareció por más de 50 años, al menos para el ojo público.

Hoy, felizmente casada desde hace siete años con su novio de adolescencia, en una historia que se remonta a la época de colegio de ambos. No tuvo hijos aunque en su momento lo soñó, pero una situación de salud a sus 33 años la imposibilitó de convertirse en madre.

Sin embargo, tal cual lo proyectaba desde pequeña con sus presentaciones en televisión, ella es de ese tipo de personas que suele buscar siempre el lado luminoso de la vida y aceptó su realidad y también su soltería hasta pasados los 50 años, cuando en sus habituales conversaciones con Dios le pidió un compañero, un hombre bueno con el cual compartir el resto de sus días.

Sus plegarias serían escuchadas más pronto de lo que imaginó y también con la persona más impensable, una historia como de novela a la que ya llegaremos.

Abarca también reflexiona sobre las razones que la hicieron apartarse del medio artístico y, en cambio, cursar la profesión de publicista y fundar su propia empresa hace más de 30 años, aunque recuerda con nostalgia de la buena la forma en que se dio a conocer en el país, nada menos que como “Kattia La Fea”.

He de confesar que, a pesar de que nos separan cinco años de diferencia --yo tenía apenas uso de razón cuando ya ella era una estrella televisiva--, ahorita que me dispuse a localizarla se me quería salir del corazón de la emoción: ¡Era Kattya La Fea!

Volví a aquellas tardes talladas en sepia, en el INVU de Juan Viñas, cuando mi papá logró conseguir un tele en blanco y negro, posiblemente de segunda mano, pero ¡entraba Canal 4!

Y en medio de varias “estrellitas” pequeñas, sobresalía “La Fea”, la Kattya, justo por la actuación en sus fononomímicas, en las que la chiquilla se partía, se desdoblaba en gestos, histrionismo y muecas a la hora de imitar a los cantantes de la época.

Kattya, hoy

Quienes éramos chiquitos de edad preescolar cuando apenas las televisoras arribaban a nuestras casas —o las de los vecinos—- empezamos desde muy pequeños a familiarizarnos con “Kattya La Fea”, uno de los tantos personajes que el español Antonio Menéndez descubrió en el país cuando montó Chungalandia.

El espacio no tardó en referenciarse como “Chungaleta” y fue así como aquel espectacular animador, venido de Cataluña, arrancó un programa de variedades en Canal 4. Adelantada a su era, la producción empezó a realizar audiencias y fue entonces cuando una niña casi en edad de prekínder, Kattya Abarca, apareció en escena.

Hoy, a sus casi 60 años Kattya La Fea rememora los qué y el por qué, pero sobre todo cómo fue que se ganó a una audiencia que hoy todavía la recuerda y la reconoce en la calle.

Las dos primeras preguntas que surgen al conversar con esa mujer guapísima, con una cabellera larga y bien cuidada, lejana al pelicorto que usaba en Chungalandia, son: 1) ¿Cómo fue que no siguió en ambiente artístico nacional?, y 2) ¿Cuánto la marcó Kattya La Fea, casi medio siglo después?

Antes de contestar estas preguntas vitales, hay que decir que Kattya Abarca, la segunda de un matrimonio de tres hijos, traía en el ADN el don de la comunicación.

Hija de un papá contador y de una ama de casa, fue la de en medio de una hermana mayor y un hermano menor; se precia con gran orgullo de haber crecido en Cristo Rey, una barriada josefina estigmatizada por “complicada”.

Pero Kattya y su familia, según nos cuenta hoy, jamás tuvieron problemas en esa comunidad: “Los pintillas ya sabían quiénes éramos del barrio y jugábamos de todo, quedó, bate, escondidas... de todo. Yo no te puedo decir nada malo de mi crianza en Cristo Rey, todo lo contrario, eso nos ayudó a muchos a ser empáticos, a entender que que no todos teníamos las mismas condiciones en el hogar, a ser dadivosos, a ser solidarios” narra Kattya, a quien muchos reconocen aún ahora, más de 50 años después y a un año, en marzo del 2022, de subir al sexto piso.

La ‘Fea’, un honor

Sin incursionar a fondo en cuanto al apodo que la hizo conocida, tras más de cinco décadas de su aparición en la entonces incipiente televisión nacional, es imposible no mencionar el mote que le endilgó Chungaleta en aquel momento.

Y es que, al día de hoy, un calificativo de ese tipo posiblemente generaría una tremenda protesta en redes sociales, cuidado y si no, hasta marchas en contra de... diay, del apodo.

“Para mí fue algo tan natural, yo hacía fonomímica y como parte de eso, muy chiquitica, desde los cinco o seis años, hacía muecas y cuanta cuestión tuviera que hacer como parte del show. Entonces Chungaleta (abre paréntesis para declararle su amor eterno, como a un segundo papá, al español Antonio Menéndez) empezó a bromear diciendo ‘¡Qué chiquilla más fea, las muecas que hace!’, todo entre cariño y risas. Yo desde entonces y todos en el entorno entendimos que jamás él usaba ese término en forma despectiva, era más en broma y nadie nunca se lo tomó a mal, de hecho, si no hubiera sido por ‘Kattya La Fea’, quién sabe si la gente me recordaría”.

Vida y milagros

A pesar de que ha pasado más de medio siglo del tiempo en el que aquella naciente producción de Chungalandia daba sus primeros pasos en la también artesanal televisión nacional, el nombre de Kattya La Fea divide generaciones.

Yo misma, cuando propuse el tema en reunión con mis compañeros --soy la mayor-- me sorprendí de cómo ninguno, ni uno que otro que anda en los 40, sabía quién era Kattya La Fea. Cuando les expliqué, en 40 segundos, fue inevitable la repregunta: “¿Pero qué, era muy fea? ¿Por qué le decían así?”.

Entonces correspondió contarles a estas nuevas generaciones, las que no tienen por qué entender cómo se manejaban antes los decires, que Chungaleta le puso ese apodo a Kattya, la chiquita de cinco años que fue a hacer el casting y quien lo dejó boquiabierto, en su fonomímica a la hora de interpretar a diferentes cantantes, siendo una niñita a la que le ganaba la euforia y quizá exageraba parte de sus turnos.

En televisión en vivo, después de que la pequeña niña se robara los aplausos de la gradería, Chungaleta anunció: “Chiquilla más linda, pero cuando hace sus personajes se transforma, solo muecas, vamos a decirle Kattya La Fea”, espetó a entre risas frente a las cámaras en aquellos ya lejanos anaqueles de la memoria y que, la Kattya de hoy, rememora, a pura felicidad.

“Nunca, nunca me sentí agraviada por el mote que me persigue felizmente y hace tantos años, el de Kattya La Fea. Yo desde pequeñita, me contaban mis papás, siempre andaba haciendo que cantaba y así, era muy extrovertida y muy expresiva, hacía mucha mueca para parecerme a los artistas que imitaba... la gente piensa que me inicié en Chungalandia pero en realidad ya desde los cuatro años aparecía en un programa que se llamaba Telekínder y luego Vicky Pochola, otro espacio de variedades que se transmitía por entonces” rememora Kattya, quien al salir de la escuela y empezar con el colegio, tomó una decisión.

“Yo no sé si sentirme la primera estrella infantil de la televisión del país, porque en ese momento coincidimos con Jenny Castillo, que en paz descanse, o Jenny Solano y otra gente súper talentosa... lo que sí te digo es que Chungaleta me marcó de un agradecimiento de por vida; al día de hoy en la calle mucha gente me reconoce, gente te dice cosas bonitas y entonces yo vivo muy agradecida por eso”.

Sin embargo, a pesar de que pudo decantarse por la vida artística, pues hacía teatro y había estudiado danza, Kattya también era muy buena estudiante y su papá, don Edwin Abarca, la instó a que se formara profesionalmente. Hoy agradece sobremanera haber acatado el consejo, pues si bien es cierto admira a quienes se dedican a actuar, siente que al estudiar publicidad y dedicarse a esa disciplina incluso fundando su propia empresa, cumplió con su verdadera vocación.

— ¿Cómo describirías tu vida actualmente?

— Estoy muy contenta... estoy casada desde hace siete años con mi novio de cuando tenía once años.... es una historia muy linda, éramos chiquillos, luego la vida nos fue separando ... él desde la adolescencia decía que nos íbamos casar... luego pasaron muchos años, yo siempre quise tener hijos pero cuando tenía 33 años tuve una situación de salud, una endometriosis y que prácticamente me impidió tener hijos. Me dediqué mucho a mi empresa, soy supremamente creyente, creo que tengo una buena vida, disfruto mucho a mi mamita que ahí está de lo más bien, con 87 años... Lo de mi esposo fue muy bonito, él se había ido para México, pasaron las décadas, como te dije yo a los 50 le pedí a Dios un compañero de vida, un hombre bueno...

— ¿Y cómo fue ese reencuentro?

— De esas cosas de la vida, por ese tiempo falleció mi papá y la sorpresa fue encontrarme al exnovio de chiquillos ahí, en el funeral. Dos meses después nos estábamos casando y ya tenemos siete años juntos, somos una pareja muy feliz. Pero la historia va más allá, porque la mamá de Marco Vinicio, mi esposo, cuenta que cuando estaba pequeñito y me veía en televisión, le decía a la abuela “¡Vea, vea, cuando esté grande yo me voy a casar con esa chiquita!”

La “novela” siguió cuando coincidieron en el Colegio Los Ángeles. En cuanto la vio, Marco les dijo a sus amigos: “Uy vean, con esa carajilla me voy a casar yo”. Lo que no imaginaban era que aquella decisión se iba a cristalizar hasta cuatro décadas más tarde. Las vueltas de la vida.

— ¿Cómo te marcó tu relación con Chungaleta? Se percibía una química muy linda entre ustedes, era una relación como paternal pero a la vez, divertida.

— Ahhh, para mí Chungaleta fue como un segundo padre. Antonio Menéndez, que así se llamaba, era español, catalán, como que allá no le fue muy bien y se vino para Costa Rica. Él tenía un don especial con los niños y rápido se armó el programa en Canal 4 (todavía muchos recordamos la consabida frase cada vez que presentaba a un participante ‘¿Va a bailar, cantar o recitar?’).

Él murió joven, fumaba muchísimo, andaba por ahí de los 50 años. Cuando falleció el hijo tuvo un detalle lindísimo conmigo: me llevó un carné que yo no sabía ni que existía, como una ficha con una foto que me hicieron cuando entré al programa. Yo muy conmovida con semejante recuerdo y me dice el hijo ‘Dale vuelta, mirá lo que escribió mi papá el día que hiciste la prueba’. Y efectivamente, había escrito: “Fonomímica estupenda. Promete”.

Según le ha contado siempre su mamá, doña Lilliam Guerrero, desde antes de los cuatro años Kattia le decía que iba a ser artista y a viajar por el mundo. “A los cinco años ya yo sabía cómo se hacían los bebés, por dónde salían, era muy precoz, como nadie me decía yo me puse a investigar... de hecho me pusieron en el kínder y empezando el curso me pasaron a primer grado, porque las maestras decían que yo no podía estar ahí, estaba de escuela, por eso siempre fui la menor del grupo”.

Kattya estudió publicidad con énfasis en marketing. Una vez que se graduó empezó a trabajar en una agencia transnacional como directora creativa; desde joven fue muy emprendedora y tenía claro que quería tener su propia empresa y hace más de 30 años fundó su propia agencia publicitaria, The People Beat que se ubica en La Uruca. Aunque ella y su esposo viven en Coronado, también tienen un apartamentito anexo a la empresa, de manera que pernoctan ahí cuando el trabajo lo requiere o en estos tiempos de restricción vehicular, esto les facilita la logística y la vida.

En realidad, Kattya lleva una vida bastante organizada, se da sus gustos a la hora de cocinar y comer, disfruta mucho la naturaleza, se cuida pero tampoco es la adalid del ejercicio y emana alegría y tranquilidad. Tiene una “vibra” hermosa, tal cual coinciden quienes la conocen, y el fotoperiodista John Durán y yo en pocas horas descubrimos que Kattya La Fea, de fea solo tiene el apodo que con tanto cariño atesora.

Así son sus días... “Soy muy disciplinada, me levanto, hago el café, desayuno con mi esposo, todos los días hablo una hora con mi papá Dios, escucho el mensaje del día, a las 9 me siento a trabajar hasta la noche, paro para hacer el almuerzo porque me encanta cocinar, siempre estoy haciendo algo. Llevo cursos sobre Jesús, sobre cómo servir, espiritualidad, siempre siempre estoy llevando cursos, adoro aprender, amo el cine, el contacto con la naturaleza, adoro pasear aunque hora la pandemia nos cortó todo, me gusta hacer ejercicio pero no me obsesiono ni con eso ni con las medidas ni con el peso, ni con la arruga”, dice entre risas, aunque admite que sí trata de cuidar la alimentación y, tal cual fue desde muy pequeña, sigue siendo una lectora voraz.

Yuri Lorena Jiménez

Yuri Lorena Jiménez

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.