Jorge Arturo Mora. 18 diciembre, 2018
Farruquito dio un espectáculo inolvidable en el Teatro Nacional, en su tercera visita al país. Fotografía: John Durán

Con la cartelera dancística en su último aliento, conviene repasar lo que el movimiento nos ha dicho este año a su propia manera.

Las puntas, los pies inquietos, las piezas de danza cruzadas con el teatro y hasta los palos de flamenco nos han expresado bastante durante este 2018. En conjunto con Marta Ávila, crítica de danza de La Nación, rebobinamos sobre los espectáculos que proyectan un visionado particular en el baile costarricense, tanto en lo producido en el país como con los espectáculos importados.

Paso a paso
Por décimo año consecutivo, se presentó el montaje de "El Cascanueces", esta vez en el Teatro Melico Salazar. Foto Jeffrey Zamora

En años recientes, la crítica Marta Ávila se ha preocupado por hablar de estancamientos en el área independientes, así como por marcar el camino que el ballet ha tenido en nuestro país.

Para este año, admite un ligero cambio en el paradigma, a pesar de que el sector aún resiente el cierre de espacios como Gráfica Génesis.

“He visto este año obras de gran calidad, obras importantes. Quisiera que hubiese más presencia, pero los grupos independientes se la están ingeniando para aparecer y hacer las cosas bien. Ojalá tuviéramos más presencia de grupos internacionales que puedan reforzar nuevas maneras de visualizar la danza para este sector”, señala Ávila.

'A dance Tribute to the art of Football', de Noruega, fue uno de los puntos altos de esta edición del Festival Internacional de las Artes. Fotografia: Graciela Solis

Cada año, buena parte del atractivo dancístico se debe al Festival Internacional de las Artes (FIA), que este año tuvo como país dedicado a Colombia. Dentro de la programación que se presentó este año, Ávila destaca a tres espectáculos: la obra colombiana La mirada del avestruz, el montaje danés Post No Bills y el show noruego A Dance Tribute to the Art of Football.

“No tenemos casi nada de danza de Europa y el FIA es casi nuestra única oportunidad de disfrutar este tipo de coreografías. Antes era más ventajoso en estos términos”, reflexiona Ávila. Dentro de la oferta internacional, Ávila también destacó la tercera venida del bailaor español Farruquito, quien presentó su show más íntimo en el país.

En su último año en el Teatro Nacional, el ballet de María Amalia Pendones "Alicia en el País de las Maravillas" fue bien recibido. Foto: Rafael Pacheco

Sobre los grupos independientes, Ávila visualiza una buena intención en estrenar repertorio. “Es un repertorio interesante por estrenar que puede quedarse un poco al lado, porque alquilar en un teatro como el Melico (Salazar) puede resultar muy difícil”.

En particular, Ávila señala que buena parte del repertorio rechazado para el Festival de Coreógrafos era de gran calidad. “Hay muy buenas producciones y el festival debe revisarse. Espectáculos buenos quedan por fuera cuando hay una baja en el público”, dice la crítica. Este año en el festival, el dúo de danza-teatro de Andy Gamboa y Fabio Pérez participó, después de haber estrenado Obituario de una noche estrellada en el Teatro de la Danza, dolorosa pieza que recuerda la trágica vida del pintor Vincent Van Gogh.

Fabio Pérez y Andy Gamboa estrenaron este año "Obituario de una noche estrellada", pieza de danza teatro en homenaje a Vincent Van Gogh. Fotografía: John Durán

Este año, casualmente, el Festival de Coreógrafos ofreció un premio diferente a sus ganadores. Andrés Martínez Brenes y Álvaro Murillo Fonseca obtuvieron una residencia artística en el Centro de Investigación Coreográfica y en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea en México, por la coreografía Me fui…, mientras que Gustavo Mena Carrera y Joshua Alfaro Cordero obtuvieron una residencia en La Rochellse, Francia, por la obra Los pelos en el alambre.

Por su parte, el Festival Nacional de Danza Contemporánea se presentó en agosto con mejor visualización por parte de Ávila, pues “veo más claro este festival en sus objetivos. El de Coreógrafos tiene una poca claridad con el asunto de los premios. No se trata solo de estrenar y repetir repertorio, debe haber un proceso de construcción y visibilización de artistas diferentes”.

Dentro de la oferta de festivales, también aparecieron eventos gratuitos de varios días para el público, como el Festival Paréntesis y el Festival CIDEA; además Danza Universitaria celebró sus 40 años de vida con un montaje de Gloriana Retana.

Ojo con las puntas
Integrantes de la emblemática compañía del Teatro Bolshói tuvieron una espectacular presentación en el Teatro Melico Salazar. Foto: Rafael Pacheco

Ávila ha insistido en años recientes sobre la efervescencia que ha tenido el ballet en Costa Rica. “Veo una progresión formada hacia la profesionalización. Hay un buen movimiento con el ballet. Antes rara vez una muchacha se paraba en puntas”, analiza la crítica.

Durante todo el año, el ballet internacional se ha vuelto a sentir con fuerza, aunque eventos como la tercera edición del Festival de Ballet de San José habían movido bastante al público desde comienzos del año.

Posiblemente, dos espectáculos internacionales fueron los que dieron más de qué hablar durante la mitad del año, como lo fueron las estrellas de la compañía Bolshói en Costa Rica, quienes presentaron un espectáculo de variedades sobre obras clásicas; el otro llamativo show fue la presentación del Ballet de Praga en el Teatro Nacional, compañía que intercaló un repertorio clásico con contemporáneo.

Con nuevo director artístico, el ballet de Praga tuvo buena acogida en el país. Fotografía: John Durán

Pero particularmente se podría hablar de un arranque con fuerza para el último trimestre del año, evento que pareció dar inicio con el montaje de El lago de los cisnes, primera producción de la recién nacida compañía Ballet Nacional de Costa Rica.

Posteriormente apareció el bombazo de espectáculos navideños: el décimo año de El Cascanueces, el tercer y último montaje consecutivo de Alicia en el país de las maravillas y el debut de Aladino en el show Villa Mágica condensaron el cóctel dancístico que bebió el país en los últimos meses.

“Me parece que esto le da una potencia importante a los bailarines. Pueden experimentar. Hay una visión por fortalecer el ballet y creo que continuará para el próximo año", finaliza la crítica.

Victoria Arrea, bailarina costarricense del Washington Ballet, debutó en un rol protagónico en nuestro país con "El lago de los cisnes". Fotos: Mayela López
Los favoritos de Marta Ávila

Sin un orden particular, estos son los cinco espectáculos preferidos por Marta Ávila presentados en el 2018.

Loop, de Vicky Cortés Ramos.

Foto: Cortesía

La sinopsis de la obra Loop es una frase del escritor Fernando Pessoa: “casi siempre la vida misma es una perpetua dispersión. Sin embargo, es hacia nosotros adonde tendemos, como hacia un centro en torno del cual describimos, cual planetas, eclipses absurdos y distantes”.

Esculpiendo el alma, de Nandayure Harley Bolaños.

Foto: cortesía

La escultura como arte visual y la danza como arte escénico mantienen una relación compleja que ha existido desde la génesis de ambas expresiones. Su coexistencia está plagada de simbiosis, retroalimentación, interacción y distanciamiento simultáneamente. Tal premisa da pie a Esculpiendo el alma.

Leben, de Danza Abend

Foto: Albert Marín.

Leben es una propuesta íntima que recorre diversas inquietudes y sentimientos del ser humano, observando experiencias que van desde nuestra relación con la comida, la eternidad y el recuerdo de quienes parten; el amor y el desamor, la codependencia y la forma en que cada quien afronta su soledad.

Trayectos en Chepe, de Recorridos en el edificio La Alhambra

Foto: cortesía

En Trayectos, más de 15 bailarines independientes intervinieron el espacio del edificio La Alhambra con sus obras coreográficas, apreciando la danza desde una mirada más íntima, inclusiva y no convencional.

Oda al diablo, de Kimberly Ulate

Foto: cortesía

“Es una resemantización del diablo y se refiere a una celebración de lo identitario, de lo popular, de la libre decisión y expresión, del derecho, el empoderamiento; es una exaltación a la belleza del ser humano sea como sea. Es un poema de motivaciones que poco a poco irán entretejiendo y contextualizando la obra ”, dijo Kimberly Ulate en su momento sobre Oda al diablo.