Las democracias atraviesan un momento crítico. Aunque en América Latina se han registrado avances en comparación con el panorama político de hace cuatro décadas, los últimos diez años revelan un deterioro que pone en riesgo los pilares fundamentales del Estado de derecho.
Así lo advirtió Kevin Casas, secretario general del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (International IDEA), en entrevista con La Nación.
De acuerdo con Casas, el mayor logro histórico de la región—la construcción de un sistema electoral capaz de garantizar comicios libres y transparentes—enfrenta hoy una vulnerabilidad inédita. “La integridad electoral está bajo asedio en muchos países”, afirmó el experto.
A este escenario se suma una incapacidad de los sistemas políticos, asfixiados por altos niveles de polarización, para construir acuerdos.
La nueva ruta del autoritarismo: ataques a los contrapesos
Para el vocero de International IDEA, la erosión democrática en el mundo contemporáneo no suele ocurrir mediante golpes de Estado tradicionales, sino a través de gobiernos electos en las urnas que desarman progresivamente los contrapesos institucionales.
Casas identificó una serie de indicadores clave que señalan cuándo una democracia entra en una deriva autoritaria:
- Ataques a la prensa independiente y a la libertad de expresión.
- Presión e injerencia sobre el Poder Judicial y las autoridades electorales.
- Restricción del espacio para la sociedad civil organizada.
- Surgimiento de líderes que se autoerigen como “intérpretes únicos” de la voluntad popular.
“Yo creo que en muchos casos en América Latina estamos viendo diferentes versiones de estos ataques a los mecanismos de control del poder”, advirtió.
El descontento como detonante
Ante estas amenazas, indicó que una forma crucial de proteger la democracia es asegurarse de que las instituciones respondan a las demandas sociales, “porque ahí en la insatisfacción social que se genera a partir de la falta de respuesta de las demandas sociales es donde abrevan los discursos con vocación autoritaria”.
Aunado a esto, destacó la importancia de reconocer los primeros síntomas de erosión y reaccionar muy rápidamente, mediante la movilización ciudadana, nombrando lo que está pasando y exigiendo a quienes juraron defender la democracia “que sean fieles a ese juramento”.
“Yo creo que hay un campo verdaderamente muy fértil para reformar las instituciones del Estado, pero eso debe hacerse mediante acuerdos políticos, que son muy difíciles de hacer si consistentemente los actores políticos se insultan unos a otros”, añadió.
Los riesgos en Costa Rica
Costa Rica no está al margen de los retos que enfrentan las democracias en el resto del mundo, pese a las bases sólidas y los valores que históricamente han distinguido al país.
Casas hizo especial énfasis en el conflicto “inédito” entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, manifestado en intentos de recortes presupuestarios y cuestionamientos a la Sala Constitucional. A su juicio, estas acciones sugieren una voluntad de control político sobre un poder que históricamente ha destacado por su independencia.
“Me preocupa mucho, en particular, los niveles de polarización que estamos viendo, y me preocupan porque precisamente la alta polarización tiende a ser una receta para la parálisis política”, explicó.
El analista alertó sobre la dificultad de construir los grandes acuerdos que necesita el país, como en lo relativo a la amenaza del crimen organizado o el funcionamiento de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), cuando el adversario político es visto como un enemigo.
“Yo creo que es muy importante, en el caso de Costa Rica, que empecemos a bajar los decibeles del debate político, porque si no con la polarización imperante no vamos a ser capaces de resolver ningún problema importante para el país”, destacó.
Asimismo, llamó la atención sobre la introducción en el debate político, “de manera muy ligera y muy casual”, de manifestaciones como preguntarle a la gente si tiene miedo a una dictadura o de que ocurrió un golpe de Estado, a raíz de una resolución de la Sala Constitucional.
Señaló que estas nociones “eran impensables en Costa Rica” y “sugieren que estamos empezando a jugar con cosas que no tienen repuesto”.
El riesgo de la mano dura y las medidas de excepción
Al abordar la tentación de emular modelos autoritarios altamente populares para combatir la criminalidad, como el régimen de excepción implementado por el presidente Nayib Bukele en El Salvador, Casas fue contundente.
“Si la estrategia de seguridad ha tenido éxito, hay que tener claro que el precio de eso ha sido la dictadura. La gente que dice que deberíamos emular ese ejemplo tiene que estar clara de que el precio es la dictadura”, aseveró.
Casas destacó el rol que tienen las crisis como situaciones que facilitan los ataques a la democracia. “Y hay que tener mucho cuidado y particularmente cuando las crisis llevan a la adopción de legislación y poderes de emergencia”, subrayó.
Debilitamiento del multilateralismo: un riesgo a la seguridad de Costa Rica
El secretario general de International IDEA también explicó la relación que existe entre el debilitamiento de las instituciones democráticas a nivel interno y el deterioro del multilateralismo y del derecho internacional.
En un mundo caracterizado por el resurgimiento de bloques geopolíticos y el debilitamiento de los organismos multilaterales, las naciones pequeñas sufren las mayores consecuencias.
No obstante, para Costa Rica —un país que abolió el ejército en 1948 y cuya seguridad nacional depende exclusivamente del derecho internacional, los tratados bilaterales y la diplomacia— sumarse o ser cómplice del debilitamiento del multilateralismo representa una inconsistencia estratégica.
“Ser comparsa de esfuerzos internacionales para debilitar el multilateralismo me parece una locura doble en el caso de Costa Rica. Es la única herramienta que tenemos de protección de la seguridad nacional”, concluyó Casas.
Mencinó que debilitar el apego a algunos de los valores que han dirigido la política exterior de Costa Rica “formar parte de una alianza militar como el Escudo de las Américas (...) es una cosa que a mí me cuesta mucho trabajo entender”.
