Editorial

Editorial: El crimen organizado en Costa Rica ya no vive solo de la droga

Junto al narcotráfico, la diversidad de actividades del crimen organizado plantea retos locales y globales de enorme magnitud. Los abordajes simplistas no funcionarán; Costa Rica debe articular una estrategia sólida, con adecuada inteligencia, coordinación y abordaje sistémico

Camión con licores de contrabando
Camión con un gran cargamento de licores, presuntamente de contrabando, detenido por la Policía de Fronteras en la carretera Interamericana Sur. Ministerio de Seguridad Pública
Camión con licores de contrabando
Camión con un gran cargamento de licores, presuntamente de contrabando, detenido por la Policía de Fronteras en la carretera Interamericana Sur. (Ministerio de Seguridad Pública/Ministerio de Seguridad Pública)

Cuando pensamos en crimen organizado, tendemos a pensar en narcotráfico. Se justifica. En buena parte del mundo, en particular nuestro hemisferio, la producción, venta, transporte y distribución de drogas son las principales actividades de las mayores bandas criminales. Sin embargo, la huella delictiva de estos grupos es mucho más amplia y compleja. Abarca múltiples rubros, demanda infinidad de servicios y se transforma fácilmente para aprovechar cuantas “oportunidades de negocios” surjan. Costa Rica, lo sabemos, no es una excepción.

Según un informe de su Observatorio del Comercio Ilícito (OBCI) de la Cámara de Comercio, que revelamos el 27 de abril, el contrabando –de cigarrillos, perfumes, medicamentos y otros productos– se ha transformado. Pasó de ser un asunto de “oportunidad”, o a cargo de grupos dedicados solo a ese fin, a convertirse en “una operación del crimen organizado”. El OBCI estima que, en 2022, sus diversas facetas alcanzaron un valor cercano al billón de colones, equivalentes al 2,6% del producto interno bruto (PIB). Son cálculos imprecisos y con casi cuatro años de antigüedad, pero es posible suponer que las magnitudes actuales son similares e, incluso, mayores.

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