
Este 2025 será un año histórico para el fútbol costarricense. Ojalá lo termine siendo por una clasificación mundialista más, algo que, en todo caso, se debería convertir en costumbre para la Selección Masculina, sobre todo ahora que la ventana se ensanchó a 48 países. Pero el 2025 ya es inédito por la necesaria y oportuna intervención de los organismos de control del fútbol ante situaciones que ocurren fuera de la cancha y cuyo impacto trasciende nuestras fronteras.
Tal y como se ha reseñado previamente, cuatro equipos perdieron la licencia profesional. Todavía falta que los sancionados agoten algunos recursos en órganos dentro y fuera de este deporte (ya sea el Tribunal del Icoder o la justicia ordinaria), pero, en la práctica, ya los campeonatos de Primera y Segunda División se iniciaron sin la participación de esos cuatro clubes.
En todos los casos, el Comité de Licencias de la Federación Costarricense de Fútbol dio por comprobadas anomalías financieras y administrativas que incumplen los requisitos mínimos. Sin embargo, una de estas noticias sobresale por las particularidades alrededor del club: Limón Black Star perdió su licencia justo días antes de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyera a ese equipo en la lista de organizaciones y personas sospechosas de colaborar con narcotráfico y lavado de dinero.
Ya la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) había levantado indicios al mencionar, a propósito del proceso de extradición del exmagistrado Celso Gamboa, que un equipo profesional de Limón se estaba utilizando para legitimar capitales, sin detallar su nombre (no hay ninguno otro del cantón Central de la provincia). Por su parte, un reportaje de La Nación del 1.° de julio también detalló que la Fiscalía de Costa Rica investiga a un hijo de Edwin López Vega, conocido como Pecho de Rata (también preso y con solicitud de extradición) por presunto lavado de dinero. El hijo de este sospechoso, y a su vez investigado, jugó con el equipo limonense durante dos años, hasta abril pasado. Ya eran muy grandes las luces de alarma.
La Fedefútbol actuó a través de sus órganos especializados y determinó que Limón Black Star no puede pertenecer al balompié profesional. La pérdida de la licencia no se debe a las presuntas actividades relacionadas con narcotráfico, algo que, en todo caso, la Federación está imposibilitada de investigar. El Comité de Licencias comprobó otro tipo de presuntas irregularidades para quitarle el derecho de participación; aquí, el mérito consiste, precisamente, en actuar a tiempo sin esperar a que alguien más lo hiciera, incluso adelantándose unos días (una coincidencia, por supuesto) al anuncio que hizo el Departamento del Tesoro sobre Limón Black Star.
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El cantón de Limón es cuna de muy destacados atletas, incluyendo jugadores de fútbol. El deporte es un vehículo indispensable en una zona permeada por la violencia de grupos organizados, los cuales suelen seducir a los jóvenes con ofertas que deslumbran ante la falta de otras oportunidades. Limón debe tener su equipo profesional, para alegría de sus entusiastas aficionados, pero también para incubar un vivero de liga menor donde niños, niñas y adolescentes practiquen deporte y aprendan sobre valores.
Sin embargo, en Limón y en cualquier otra parte del país, los equipos deben estar libres de cuestionamientos tan graves como los que se le señalan al Black Star. En teoría, este club debe descender a tercera o cuarta división, una vez que se agoten todos los recursos; ahora corresponde a los dirigentes de la liga aficionada determinar qué tipo de filtros pueden aplicar y si una institución con tales antecedentes puede tener cabida.
Limón Black Star nació luego de la salida de Limón FC, que desapareció por deudas con la Caja Costarricense de Seguro Social. En su momento, a los órganos de control del fútbol les faltó malicia o herramientas jurídicas para evitar que les hicieran semejante gol: un equipo que no honró sus compromisos con la seguridad social de repente daba toda la impresión de resucitar con nuevo nombre. Quitaron a Celso Gamboa como presidente, pero el exmagistrado tampoco se preocupó mucho por ocultar la relación con el club y se exhibía públicamente con sus camisas.
El riesgo de que algo así vuelva a ocurrir existe, en particular por la relativa facilidad de comprar franquicias en Segunda División. Bastaría con cambiar de nombre otra vez y elegir a los testaferros de turno, para burla de los aficionados y de todo el deporte nacional.
Afortunadamente, la actual Fedefútbol ha dado todas las muestras de estar comprometida con la limpieza y transparencia de esta actividad, por encima hasta de intereses políticos o personales. Este es un momento clave para estar a la altura, por las graves amenazas que acechan al deporte favorito de los costarricenses.