Columnistas

Nocaut a la transparencia

El contrato con la empresa de Christian Bulgarelli revela una historia de abuso con fondos evidentemente públicos, aunque un tecnicismo diga lo contrario

La descripción de cómo se llevó a cabo la controvertida contratación de $300.000 a la empresa de Christian Bulgarelli, según las declaraciones de la exministra de Comunicación Patricia Navarro, revela un desapego hacia la transparencia. Sin embargo, hay una larga historia de abuso detrás de la mera cifra.

El Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) obtiene sus fondos de países con diversa situación económica, incluidas naciones empobrecidas, tales como Costa Rica, y aquellas afectadas por regímenes autoritarios, como Nicaragua y Cuba. Aunque los costarricenses contribuimos al BCIE con aproximadamente $300 millones de capital, sumados en pagos escalonados, el Banco cuenta con 15 países socios, entre otros España, Taiwán y Corea.

Cuando el BCIE asigna $1 millón para ser gastado a discreción del gobierno de turno, los verdaderos donantes, por citar unos pocos, somos los costarricenses, nicaragüenses y salvadoreños. La procedencia de estos fondos debería, por tanto, alentar un uso escrupuloso y erradicar la creencia en que no están sujetos a la rendición de cuentas.

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