
“Imagine que el esófago es como un tubo de pasta dental. Si aprieta el tubo desde arriba hacia abajo, el contenido avanza. El esófago hace algo parecido: sus músculos se contraen uno detrás de otro, formando una ‘ola’ que empuja la comida hasta el estómago”, así explica Natalia Hernández, terapeuta de lenguaje y parte de la red médica MediSmart, cómo ocurre el proceso normal de la deglución.
Cuando ese mecanismo falla, puede aparecer la disfagia, una dificultad para tragar que puede afectar la alimentación, la hidratación y la calidad de vida.
Esta condición puede relacionarse con problemas en los movimientos musculares, tensión, reflujo, accidentes cerebrovasculares u otras alteraciones. Su rehabilitación combina ejercicios, adaptación de alimentos y un trabajo conjunto entre varios especialistas.
Lo que debe saber:
- Los ejercicios ayudan a activar los músculos que participan en la deglución.
- La alimentación debe ajustarse según la dificultad de cada persona.
- La recuperación requiere terapia constante y avances progresivos.
Antes de empezar, se debe evaluar la dificultad
No todas las personas con disfagia tienen el mismo problema. Por eso, antes de iniciar el tratamiento, los especialistas deben evaluar qué tan afectada está la deglución.
Melissa Paniagua, nutricionista de la Clínica Renace, parte de la red médica MediSmart, explica que el paciente debe contar con una valoración previa.
“Nosotros vemos al paciente cuando ya viene de medicina, de gastroenterología o inclusive puede ser de terapia de lenguaje, con un diagnóstico para ver el nivel el grado de que tiene de disfagia”, detalló.
Con esa valoración se definen las texturas de alimentos y el tratamiento más seguro.
Ejercicios que ayudan a entrenar nuevamente la deglución
La terapia de lenguaje trabaja los músculos de la lengua, garganta, laringe y cara que participan en el proceso de tragar.
Hernández explica algunos ejercicios utilizados durante la rehabilitación:
1. Presionar la lengua contra el paladar
Consiste en colocar la lengua contra “el techo” de la boca y hacer presión. Después de unos segundos, intentar repetir el movimiento mientras traga.
El objetivo es mejorar la coordinación de los músculos que participan en la deglución.
2. Tensar el cuello
Este ejercicio busca activar la musculatura de la laringe, una zona clave durante la deglución.
Con la boca abierta, la persona hace el sonido “ji” mientras contrae los músculos desde la boca hasta el cuello. Se recomienda hacerlo frente a un espejo para observar el movimiento.
3. Fortalecer la masticación
Antes de tragar, el alimento debe estar bien preparado para formar el bolo alimenticio y avanzar con mayor facilidad.
Para trabajar esta fase, se pueden hacer ejercicios de masticación con ligas gruesas, similares a las que se usan durante una extracción de sangre. Esto ayuda a activar los músculos de la cara y mejorar la preparación del alimento antes de tragar.
4. Estimular el olfato y la producción de saliva
En algunos pacientes, especialmente quienes han utilizado sondas de alimentación, la terapia puede iniciar con estímulos antes de volver a comer.
Hernández explica que el olor de los alimentos ayuda a conectar el olfato con el gusto y favorece la producción de saliva, un paso importante para prepararse para tragar.
Además, se practica la deglución de saliva, ya que este movimiento ocurre muchas veces al día incluso cuando no estamos comiendo.
La comida también cambia durante la rehabilitación
En cuanto a los alimentos, deben adaptarse al grado de disfagia de cada paciente.
La nutricionista detalla:
- Disfagia leve: permite algunos alimentos blandos o preparaciones con pequeños trozos como pescado suave, huevo, carne tierna en salsa, vegetales cocinados, frutas blandas, arroz húmedo. Se evita los alimentos secos, duros, filosos, pegajosos o que se desmoronen.
- Disfagia moderada: requiere texturas más suaves, como purés con pequeños grumos, huevo revuelto, carne molida en salsa, pescado desmenuzado.
- Disfagia severa: necesita preparaciones homogéneas, sin grumos y de textura que se deslice fácil sin masticar.
Algunas preparaciones habituales pueden requerir cambios.
“Inclusive, por ejemplo, el gallo pinto hay que licuarlo.”
En ciertos casos también es necesario modificar la consistencia de los líquidos con espesantes para que sean más fáciles de controlar al tragar.
“La higiene oral también es importante. Los residuos de alimentos y bacterias presentes en la boca pueden aumentar las complicaciones si son aspirados hacia los pulmones”, agregó Paniagua.
Nutrición y terapia deben avanzar juntas
La disfagia puede hacer que algunas personas eliminen alimentos por miedo a atragantarse. Esto puede provocar pérdida de peso, disminución de masa muscular y deficiencias nutricionales.
Por eso, la nutrición debe acompañar el proceso de rehabilitación.
“Es muy importante llevarlo de la mano con la rehabilitación, porque si no, no logramos avanzar y el paciente pierde mucho peso, entra a un estado de desnutrición que inclusive lo puede llevar a algo que se llama la sarcopenia, que es la pérdida severa del músculo”, precisó Paniagua.
Recomendaciones para comer con mayor seguridad
Las especialistas recomiendan:
- Comer despacio y dar tiempo suficiente para tragar.
- Mantener una postura erguida (sentado) durante las comidas.
- Si la persona debe comer en cama, mantener una posición elevada cercana a los 45 grados.
- Utilizar los utensilios que usa/usaba en el día a día (cuchara, vaso, pajillas) de ser necesario se puede cambiar por cucharas plásticas.
- Consultar si aparecen tos, cambios en la voz o sensación de comida atorada.
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