Antes de tener una marca, Priscilla Correa tenía una intuición: quería crear algo propio.
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Dejó su carrera como arquitecta y apostó por un sueño mayor: construir un espacio donde el tejido no fuera un negocio, sino comunidad, terapia, arte y lanas.
Liderar un negocio familiar es honrar una historia. Ariana y Johanna Selva lo hacen con visión y compromiso.


