Salud

Adolescente, migrante y en adicción: ‘Las drogas me robaron la paz’

José, de 17 años, es uno de los cientos de menores adictos a las drogas que llegan cada año a los centros de rehabilitación financiados por el PANI

28/02/20224       Alajuelita. Centro de Restauración de Menores Genesis, centro de atención de menores con problemas de adicción. Foto: Rafael Pacheco Granados
Rafael Pacheco Granados

Las marcas en el cuerpo narran su historia. Heridas de bala y machetazos son las huellas de un pasado plagado de pobreza, maltrato familiar, violencia y drogas. José –nombre ficticio por razones de seguridad– tiene 17 años, es venezolano e intenta llegar a Estados Unidos para cumplir sus sueños en el mundo de la música.

El camino hacia el norte inició en Colombia, a ese país llegó con sus padres cuando apenas tenía cinco años. La familia buscaba una mejor vida, pero con los años se desintegró y José terminó en la indigencia a los 10. A los 16, cansado de malvivir en la calle y de vender y consumir drogas, decidió migrar. Inició una travesía desde el departamento de Caquetá, al sureste del país, con la misma idea que cargan miles de venezolanos: llegar a Estados Unidos, conseguir un empleo, ganar dinero y cumplir sus sueños, pero acabó en Costa Rica, internado en un centro para menores adictos a las drogas.

Luego de sobrevivir a la selva del Darién y atravesar Panamá, José cruzó hacia Costa Rica en noviembre del 2023, pero en Ciudad Neilly, Puntarenas, se quedó sin dinero, sin alimento y sin recursos para seguir adelante. De nuevo se enfrentaba a la vida callejera, pero en un país desconocido, sin nadie a quien acudir y con una adicción a cuestas.

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