
Alrededor de 864.000 hogares en Costa Rica mantienen al menos una deuda. De ese total, cerca de 200.000 cuentan con créditos hipotecarios, mientras que 776.000 tienen deudas no hipotecarias, como tarjetas de crédito, préstamos personales o financiamiento para la compra de vehículos.
Estas cifras provienen del estudio El sistema de intermediación financiera costarricense: evolución, desafíos y perspectivas 2014-2024, publicado por Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa) en conjunto con la Academia de Centroamérica, a partir de información de la Encuesta Financiera a Hogares 2022, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Ambos análisis muestran que la deuda por vivienda asciende en promedio a ¢25,19 millones; mientras que por compra de vehículo el promedio es de ¢8,2 millones.
Uno de los factores que podría explicar por qué en Costa Rica hay más hogares con deudas no hipotecarias es un cambio en las preferencias de algunos segmentos de la población, que estarían priorizando la adquisición de otros bienes o servicios —como vehículos, viajes o estudios superiores—, lo que ha reducido su apetito por el crédito hipotecario, según consideró la Cámara de Bancos e Instituciones Financieras.
A ello se podrían sumar otros elementos, como una oferta de desarrollos habitacionales con precios elevados, que no siempre responde a las necesidades de la mayoría de los hogares. Además limitaciones en la capacidad de pago para acceder a los créditos hipotecarios que se ofrecen en la actualidad, “tal es el caso de algunas familias unipersonales y monoparentales”, agregó la Cámara.
Datos desagregados
De acuerdo con datos presentados en diciembre pasado por Daniel Ortiz, socio director de Cefsa y coautor del informe, el saldo promedio de deuda por hogar en el país supera los ¢10,08 millones. No obstante, este monto varía de manera significativa según el tipo de crédito.
En el caso de las deudas hipotecarias, asociadas a vivienda y otros bienes inmuebles, el promedio de la obligación asciende a ¢26,38 millones por hogar. En contraste, en las deudas no hipotecarias el promedio se reduce a ¢4,48 millones.
Un análisis más desagregado revela diferencias relevantes en los saldos promedio de los créditos que mantienen los hogares en el país.
El saldo promedio de los préstamos para vivienda principal —en la que habita actualmente la familia— se ubica en ¢25,19 millones, mientras que el correspondiente a otros bienes inmuebles, es decir, propiedades distintas a la casa principal, alcanza los ¢26,3 millones.
Según la Encuesta Financiera a Hogares 2022, la deuda asociada a la vivienda principal concentra el mayor peso relativo dentro del total de las obligaciones analizadas, al representar el 46,1% del monto total, pese a que solo el 9,1% de los hogares mantiene este tipo de crédito, equivalente a unos 159.000 hogares. “Su importancia relativa equivale a que son créditos mucho más cuantiosos que los otros tipos”, añadió el INEC.
En cuanto a las deudas no hipotecarias, el crédito para la compra de vehículos es el que registra el saldo promedio más alto por hogar, con ¢8,2 millones.
De acuerdo con la VIII Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024 (Enigh), publicada por el INEC, el gasto promedio mensual por hogar destinado a la adquisición de vehículos aumentó de ¢29.486 a ¢47.979 entre 2018 y 2024, lo que equivale a un crecimiento del 62,7%. Con ello, este rubro fue el segundo más relevante dentro del gasto de los hogares en 2024, solo superado por los alimentos consumidos fuera del hogar.
Entre 2023 y 2024, según un reportaje de La Nación, las entidades financieras incrementaron el saldo del dinero prestado a personas para la compra de vehículos, al pasar de ¢623.382 millones a ¢787.711 millones, lo que representa un aumento interanual del 26,3%.
Además del crecimiento del gasto y del saldo del crédito prendario otorgado por las entidades financieras, la importación de vehículos también ha mostrado un incremento.
De acuerdo con datos del Servicio Nacional de Aduanas, hasta el 10 de diciembre del 2025 se importaron 91.405 vehículos automóviles para el transporte de personas, lo que representa un crecimiento de 3,92% frente a las 87.958 unidades de 2024.
La Encuesta Financiera a Hogares 2022 muestra que un 4,1% de los hogares mantiene un préstamo prendario, lo que equivale a cerca de 71.000 hogares en el país.
Otros créditos no hipotecarios
Por su parte, el saldo de los préstamos personales es de ¢6,7 millones, mientras que el de tarjetas de crédito es de ¢1,3 millones. Según el INEC, solo se consideran deudas de tarjetas de crédito cuando se deja un saldo pendiente después del último pago.
“Ha habido incluso una pequeña disminución en el saldo promedio por tarjetas. Si bien hay más tarjetas en circulación, las entidades financieras y probablemente las personas están siendo más prudentes en cuanto al uso de las tarjetas. De manera que entonces eso posiblemente uno podría verlo también como una señal positiva, no necesariamente estamos ante un número que nos debiera asustar”, comentó Danilo Montero, director general de la Oficina del Consumidor Financiero (OCF).
El estudio de Cefsa y la Academia de Centroamérica advierte que una familia que combine deudas en tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento vehicular puede destinar, en promedio, entre ¢450.000 y ¢500.000 mensuales al pago de estas obligaciones no hipotecarias.
“Si se considera que el ingreso promedio de los hogares ronda el millón de colones, este nivel de endeudamiento supera el umbral del 30% del ingreso destinado al servicio de la deuda, parámetro comúnmente utilizado por los bancos y las autoridades supervisoras para determinar una carga financiera sostenible”, señala el informe.
En general, según la Tercera Encuesta Nacional de Endeudamiento, elaborada por la Oficina del Consumidor Financiero, los costarricenses destinan, en promedio, un 34% de sus ingresos mensuales al pago de deudas.
Si bien es cierto el endeudamiento de los hogares ha venido subiendo, hay que aclarar que el endeudamiento no es malo per se, pues es el medio idóneo para alcanzar bienes necesarios para los hogares, siempre y cuando el deudor cuente con capacidad de pago. El problema se presenta cuando hablamos de sobreendeudamiento de los hogares, pues este supone que la deuda excede su capacidad de pago.
— Cámara de Bancos e Instituciones Financieras
