
Las mujeres que se jubilan bajo el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) reciben pensiones menores que las de los hombres.
A abril de 2025, las jubiladas obtenían un monto mensual promedio de ¢285.105, mientras que los hombres percibían ¢372.777, una diferencia de ¢87.672.
Esto significa que las mujeres reciben, en promedio, un 23,5% menos que los hombres, según datos de la Superintendencia de Pensiones (Supén) incluidos en el IV Informe de brechas de hombres y mujeres en el acceso y uso a los productos y/o servicios financieros en Costa Rica, elaborado por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu).
Sin embargo, las pensiones menores para las mujeres no se limitan al IVM. Los regímenes básicos del Poder Judicial y de Bomberos también muestran brechas en perjuicio de las mujeres, mientras que el Magisterio Nacional constituye la única excepción.
En el régimen del Poder Judicial, la pensión promedio de las mujeres alcanzaba ¢1.620.626, frente a ¢1.933.268 de los hombres, para una diferencia de ¢312.642, es decir, 16,2% menos.
Por su parte, el régimen de Bomberos registraba una marcada diferencia entre hombres y mujeres. La pensión promedio de ellas era de ¢355.941 a abril de 2025, mientras que la de los hombres alcanzaba ¢1.111.389, o sea, un 68% inferior.
Sin embargo, es importante destacar que este último es un régimen cerrado, es decir, no admite el ingreso de nuevos miembros y solo aplica para el personal que ingresó antes del 15 de julio de 1992. Los bomberos incorporados posteriormente cotizan para el IVM.
En contraste, el régimen del Magisterio Nacional mostraba un comportamiento distinto al de los anteriores, pues en él las mujeres recibían una pensión promedio de ¢541.716, un 6,4% superior a los ¢509.316 que percibían los hombres.
El estudio del Inamu expone que esta situación podría explicarse por la mayor permanencia y antigüedad laboral de las mujeres en un sector altamente feminizado. A abril de 2025, el Magisterio contaba con 5.199 mujeres jubiladas y 2.511 hombres pensionados.
Brechas que se acumulan durante la vida laboral
Las desigualdades estructurales del mercado laboral tienen un impacto directo en el acceso y el monto de las pensiones que reciben las mujeres en Costa Rica.
Roxana Morales, coordinadora del Observatorio Económico y Social de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA), indicó que las diferencias en las pensiones reflejan desigualdades que se acumulan a lo largo de la vida laboral.
Las mujeres suelen presentar menores niveles de participación laboral, salarios promedio más bajos, una menor presencia en puestos de alta remuneración y mayores interrupciones en su vida laboral debido a responsabilidades de cuido.
“Como los sistemas de pensiones están muy vinculados a los ingresos y a los años cotizados, estas brechas terminan trasladándose a la etapa de jubilación”, agregó Morales.
De hecho, se estima que, en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las diferencias de género en los ingresos acumulados a lo largo de la vida −derivadas de disparidades en el empleo, las horas trabajadas y el salario por hora− representan el 35% en promedio y constituyen la principal causa de la brecha de las pensiones.
Además, el estudio elaborado por el Inamu, con participación de otras entidades como la Superintendencia de Pensiones (Supén), señala que las mujeres tienen una mayor presencia en sectores de menor remuneración.
A ello se suma que la densidad de cotización de las mujeres es menor que la de los hombres por los periodos de maternidad y el cuido de hijos y adultos, resumió Rocío Aguilar, exsuperintendenta de Pensiones.
“Estas brechas limitan la capacidad de las mujeres para consolidar una pensión contributiva suficiente, aumentando su dependencia de regímenes no contributivos y su vulnerabilidad económica en la vejez”, señala el IV Informe de brechas de hombres y mujeres en el acceso y uso a los productos y/o servicios financieros en Costa Rica, 2025.
Llega la vejez, ¿y ahora?
Para muchas mujeres, las brechas laborales no solo se reflejan en pensiones más bajas, sino también en dificultades para acceder a una jubilación. Algunas de ellas quedan fuera del sistema de retiro al no lograr acumular las cotizaciones necesarias, tras dedicarse al cuido de hijos, adultos mayores u otros familiares.
Quienes sí acceden a una jubilación suelen recibir, en promedio, pensiones menores que las de los hombres debido a las desigualdades que enfrentaron durante su vida laboral. Esto puede traducirse en una mayor dependencia de familiares o de ayudas estatales para cubrir sus necesidades durante la vejez.
La pensión, además, no siempre representa el inicio de una etapa de descanso. Algunas adultas mayores continúan asumiendo responsabilidades de cuido dentro de sus hogares, ya sea de sus padres, sus parejas o incluso de sus nietos.
Además, la coordinadora del Observatorio Económico y Social de la Escuela de Economía de la UNA, Roxana Morales, recordó que las mujeres tienen una esperanza de vida superior a la de los hombres, por lo que necesitan financiar un periodo de retiro más prolongado.
“Cuando los ingresos por pensión son menores o inexistentes, el riesgo de pobreza y de dependencia económica en la vejez se incrementa significativamente”, agregó.
Ante este panorama, algunas mujeres se ven obligadas a extender su vida laboral, siempre que sus condiciones de salud y circunstancias personales se lo permitan. Otras pueden complementar sus ingresos con ahorros previsionales acumulados durante su etapa activa.
Necesidad de políticas públicas
El IV Informe de brechas de hombres y mujeres en el acceso y uso a los productos y/o servicios financieros en Costa Rica, 2025, recalcó que los datos reafirman la necesidad de políticas públicas interinstitucionales orientadas a garantizar la equidad de género en el sistema previsional costarricense.
Entre las medidas mencionadas destacan la promoción del trabajo formal para las mujeres, el diseño de mecanismos de compensación por tareas de cuido no remuneradas y la revisión de los factores actuariales desde un enfoque de justicia de género.
Para la OCDE, por su parte, los países que buscan reducir las brechas de género en el empleo y las pensiones deben priorizar en sus políticas públicas la mejora de la accesibilidad de la atención infantil, la promoción de la participación en sectores técnicos y de alta demanda, y el acceso equitativo a puestos de liderazgo.
Así lo indicó la organización en un comunicado de prensa emitido el 27 de noviembre del 2025, en el cual se resume el informe Panorama de las Pensiones de la OCDE.
