Irene Rodríguez. Hace 5 días
Estas son partículas del SARS-CoV-2, virus causante de la covid-19, aisladas de un paciente y puestas en un microscopio electrónico. Fotografía: NIAID
Estas son partículas del SARS-CoV-2, virus causante de la covid-19, aisladas de un paciente y puestas en un microscopio electrónico. Fotografía: NIAID

“Recuperarse de la covid-19 es solo la primera parte del camino. Morir no es la única consecuencia negativa”.

Las palabras de Tim Spector, investigador del King’s College de Londres, son fuertes, pero reflejan la realidad que se ve en los países que llevan más tiempo de convivir con el SARS-CoV-2, virus causante de la covid-19. En esos lugares, donde las primeras personas en recuperarse llevan más de cinco meses sin la enfermedad se empiezan a ver secuelas que no se esperaban.

Es un fenómeno que los británicos denominan como “long covid”, o “covid largo” o “de larga data”. No todas la personas presentan los mismos síntomas ni en la misma intensidad, pero estos incluyen somnolencia, insomnio o confusión y hasta problemas de ritmo cardíaco; convulsiones, demenciación acelerada, fallas renales, problemas circulatorios y pérdida de capacidad pulmonar.

“La mayoría de los datos sugieren que las personas se recuperan en dos semanas, más o menos. Pero cada vez más se pone en evidencia de que esta no es la situación para todas las personas que se infectan”, puntualizó Spector a la prensa inglesa.

Son manifestaciones poco frecuentes. En Reino Unido, Italia o España, países que estudian este fenómeno, se dice que se ven entre el 5% y el 10% de las personas infectadas, especialmente en quienes estuvieron graves en hospital. Sin embargo, también se han visto casos en personas que tuvieron síntomas muy leves e incluso en asintomáticas.

“La mayoría de los datos sugieren que las personas se recuperan en dos semanas, más o menos. Pero cada vez más se pone en evidencia de que esta no es la situación para todas las personas que se infectan”. Tim Spector, investigador en Londres

Rachel Pope, vive en Liverpool, Inglaterra, y se infectó en febrero. El 8 de junio ella relató que 13 semanas después de recuperada sigue con síntomas. Luego de una mejoría en la cuarta semana, para la quinta estuvo en el hospital con problemas de corazón.

“Es maravilloso no haber muerto, pero llevo sufriendo serios problemas de salud durante tres meses,” dice el testimonio de Pope en portal del Estudio de Síntomas Covid de Reino Unido.

Antes y después de covid-19
Christopher Zamora fue el primer costarricense que estuvo en el Ceaco. Tres meses y medio después de su recuperación de covid-19 aún lidia con problemas de salud. Fotografía: Cortesía Christopher Zamora.
Christopher Zamora fue el primer costarricense que estuvo en el Ceaco. Tres meses y medio después de su recuperación de covid-19 aún lidia con problemas de salud. Fotografía: Cortesía Christopher Zamora.

En Costa Rica, aún es pronto para ver estas consecuencias, indicó Álvaro Avilés, jefe de Infectología del Hospital México.

“Llevamos menos tiempo con el virus, al ver la curva de recuperados vemos que más del 90% es gente que no estuvo hospitalizada, y, además, la cantidad de internamientos no fue alta al principio, comenzó a subir en las últimas semanas, entonces no tenemos esos datos de fase de seguimiento.

“Aún es muy, muy pronto como para saber cómo se manifestarán en el país”, explicó el especialista.

Sin embargo, las primeras personas que tuvieron covid-19 y estuvieron en un hospital, reconocen que meses después de recuperados tienen síntomas que no se van.

Christopher Zamora experimentó los primeros síntomas el 22 de marzo y fue la primera persona en estar en el Centro Especial de Atención de Covid-19 (Ceaco), en La Uruca. Ingresó el 30 de marzo.

El 14 de abril lo enviaron a su casa, pero hoy, tres meses y medio después, no se siente el mismo de enero o febrero.

“Yo quedé con una cicatriz en el pulmón derecho. Tengo un cansancio terrible. Camino 300 metros y me siento como si hubiera sido una romería de 20 kilómetros. Se me olvidan muchísimo las cosas cuando yo tenía una memoria fotográfica”, relata este agente de ventas, de 44 años.

Letalidad baja al inicio, a largo plazo desconocida

Como señala Avilés, llevamos poco más de un semestre de convivir con un virus nuevo, hay más preguntas que respuestas en cuanto a sus manifestaciones y secuelas, por lo que no puede saberse cómo se irán a comportar los organismos de las personas en un año o más.

“Lo que sabemos hoy es mucho más de lo que sabíamos antes, pero todavía es más lo que nos falta por saber. Debemos dejarlo claro: desconocemos el comportamiento que tendrá en un tiempo”, advirtió.

Uno de los aspectos más característicos del virus es su baja letalidad. El porcentaje de personas que se infecta y fallece es cercano al 1%, pero esto no significa que sean pocas las muertes, y que, quienes sobreviven, tengan calidad de vida.

“Menos de un 1% de letalidad en una enfermedad tan contagiosa como esta, al final del día, puede cobrar muchas vidas, más que una enfermedad con una letalidad de un 20%, pero que no sea contagiosa”, advirtió Claire Steves, investigadora del King’s College.

No obstante, aclaró Steves, eso tampoco quiere decir que el 99% que sobrevive al primer embate lo hará a las consecuencias.

José Manuel Granados, quien enfermó a finales de marzo y estuvo tres semanas en cuidados intensivos recordó que en un inicio pensó que moriría. Al final, fue su hermana menor quien falleció el 10 de junio, luego de 70 días en cuidados intensivos.

“Mi hermana comenzó con síntomas y no creí que fuera eso. Nosotros habíamos ido a Estados Unidos a visitar a mi sobrina, a ella la internaron a los dos días de llegar, para mí eso fue un bombazo”, narró este vecino de Coronado.

En una nota en el periódico inglés The Guardian, el epidemiólogo Gideon Meyerowitz-Katz indicó “el sarampión mata solo al 0,2% de quienes enferma, pero dejó a algunas personas sordas, a otras con daño cerebral, a otras con problemas en su sistema inmunitario. La polio, es completamente asintomática para el 70% de sus pacientes, pero causa parálisis graves”.

“Por lo que vemos ahora es muy posible que algunas personas requieran largos períodos de rehabilitación”. Álvaro Avilés, infectólogo

Incluso, aun cuando el porcentaje de personas con covid-19 de larga data sea solo de un 5% a un 10%, al ser una enfermedad tan contagiosa esto significarían miles de personas.

Según Avilés, a mediano plazo se han observado fallas en diferentes órganos, pero a largo plazo aún se desconoce qué pasará.

“Por lo que vemos ahora es muy posible que algunas personas requieran largos períodos de rehabilitación”, manfiestó el infectólogo.

Blancos ‘tradicionales': pulmones y corazón

En criterio de Avilés, no debemos ver a la covid-19 como una enfermedad exclusivamente respiratoria, sino como una que puede afectar sistemas completos.

“No todos presentan los mismos síntomas, algunos presentan uno, otros más, no todos con la misma intensidad”, dijo.

Los daños a los sistemas respiratorio, cardiovascular y circulatorio son los que más se observan en quienes tienen “long covid”.

Los pulmones, pueden presentar fibrosis (cicatrices) que dificultan la respiración. En un estudio publicado en abril en la revista Lancet Infectious Diseases, se indicaba que aún es incierto si esos daños son irreversibles.

“Algunos pacientes podrían quedar con un agotamiento extremo y dificultad respiratoria por varios meses”, dijo Ema Swingwood, presidenta de la Asociación de los Terapeutas Respiratorios de Inglaterra al medio británico Mail Online.

¿A qué se debe? Aún no hay una respuesta certera. Una posibilidad es que la inflamación que el virus provoca en los pulmones forme estas cicatrices.

El corazón y el sistema circulatorio también pueden verse comprometidos.

“En algunas personas en Italia, España y, posteriormente en Estados Unidos, se han visto secuelas similares a las de un infarto o trastornos del ritmo cardíaco”, apuntó Avilés.

Además, el endotelio (células que recubren las venas y arterias) también se afecta y se dificulta la circulación sanguínea.

“Mi presión arterial se descontroló”, apunta Zamora. “Yo era hipertenso desde antes, tomaba dos pastillas al día. Al llegar al hospital más bien tuvieron que quitarme las pastillas porque me bajaba muchísimo la presión. Ahora después de esto solo tengo que tomar una, es muy raro”.

El punto crítico: el cerebro

El impacto del virus al cerebro y al sistema nervioso central se documenta cada vez más.

Delirio, males de memoria, confusión, desorientación, problemas en el equilibrio y el balance, y, en casos ailados, psicosis, son algunas de las secuelas.

“El delirio, ese estado de confusión que afecta nuestros pensamientos, recuerdos y acciones es más común de lo que creíamos, especialmente en los adultos mayores”, manifestó Steves en un texto del Estudio de Síntomas Covid.

“La gran pregunta es si las personas con este coronavirus desarrollan delirio porque el virus tiene un efecto grande en el cuerpo y en el sistema inmunitario, como se ve en otro tipo de infecciones, o si es algo más específico de la relación de este virus y el cerebro”, agregó.

Un análisis publicado en la revista Brain Communications presentó dos hipótesis por las cuales el virus podría ingresar al sistema nervioso central.

1- La barrera sangre-cerebro. Esta es la primera línea de defensa contra la infección viral. Sus células forman estructuras microvasculares que se convirten en una línea divisoria, pero esta es muy permeable. Esto podría verse comprometido en una infección con SARS-CoV-2, pues, por ejemplo, al causar inflamación, la línea se vuelve más permeable y se facilita el paso del virus.

2- El virus puede infectar directamente neuronas periféricas o neuronas olfatorias sensoriales y luego usar a los axones (partes de las neuronas encargadas del transporte de comunicaciones entre células) para ganar acceso al sistema nervioso central.

Sin embargo, en algunos casos, como el de José Manuel Granados, estas afecciones desaparecen con los meses.

“Yo recuerdo que al salir del hospital me dieron el teléfono, no me acordaba de cómo se ponían los videos. Yo llevo rato aprendiendo guitarra y no entendía las partituras”, relató.

“Ahora no estoy al 100%, pero ya me acuerdo de más cosas de las que me acordaba antes, ¡hasta me acuerdo de cosas que no debería! (ríe). Ya manejo, ando trabajando, ya puedo hacer una caminata normal”, agregó.

Invitados inesperados: riñones y piel

Los últimos estudios hablan también de afectaciones a riñones y piel. En el caso de estos primeros órganos, se ha visto que se complican en quienes ya tenían una falla renal, y en quienes no la tenían, la posibilidad de desarrollar una es mayor.

Por ejemplo, 14 de los fallecidos con covid-19 en Costa Rica hasta este viernes tenían una falla renal crónica o aguda.

“Son muchas las variables que entran en juego, son varios factores que una vez que la enfermedad lleva tiempo en la persona van poniendo presión a los riñones”, expresó Avilés.

La piel, por su parte, ya se ha visto como una parte del cuerpo afectada desde el inicio, pero no fue sino hasta hace poco que comenzó a estudiarse más a fondo.

Se han visto brotes, piel que se cae o se “desescama”, pérdida de cabello.

“Muchas infecciones virales afectan la piel, por lo que no es sorprendente que se se vean brotes o sarpullido en covid-19. Es importante que las personas sepan que, en algunos casos, un brote puede ser el primero o el único síntoma de la enfermedad, o puede ser uno que los acompañe por mucho tiempo después de recuperarse”, dijo en un comunicado del King’s College la investigadora y dermatóloga Veronique Bataille.

El juego de las emociones
José Granados estuvo internado en UCI . Ahora está recuperado y en buen estado de salud, ya camina, maneja y trabaja en mecánica; solo el sentido del gusto no lo ha recuperado del todo. Es vecino de Coronado. Foto: Alonso Tenorio
José Granados estuvo internado en UCI . Ahora está recuperado y en buen estado de salud, ya camina, maneja y trabaja en mecánica; solo el sentido del gusto no lo ha recuperado del todo. Es vecino de Coronado. Foto: Alonso Tenorio

Las emociones en época de pandemia se afectan, y pueden tener secuelas para quienes sobrevivieron a la enfermedad.

“Hay cuadros de depresión, de ansiedad, también hay mucho estigma social sobre las personas, hay linchamiento, todo esto afecta la salud mental.

“Una salud mental debilitada también debilita al sistema inmunitario, y a esto se le une el que tenemos enfermedades sociales como el egoísmo, que pueden complicar las emociones de quien tiene o ha tenido covid-19. Esto también suma en la balanza”, expresó Avilés.

Para Granados, la buena actitud y el cuidar de su propia de salud mental lo están llevando a recuperarse más pronto: “tenemos que cuidar y chinear las emociones también, si no, la recuperación física va más lenta, sí se puede, tal vez no a como uno estaba antes de esto, pero sí se mejora mucho ¡no le digo que yo hasta panza tengo otra vez!”, concluyó.

Este domingo, el país alcanzó 18.187 contagios con un registro de apenas 4.531 personas recuperadas.

Hay 346 personas hospitalizadas a raíz de esta enfermedad, 94 de ellas en cuidados intensivos.

El número de víctimas mortales llegó a 154.